viernes, 22 de mayo de 2015


SAN ROMERO DE AMÉRICA, MÁRTIR DE LA JUSTICIA
Un beato con aire de santo
Por Juan Borea Odría

La Iglesia beatificó a Mons. Óscar Romero como mártir de la fe en la ciudad de San Salvador el 24 de Mayo de 2015. Mons. Romero nació en 1917 y murió asesinado en San Salvador en 1980.

Su vocación sacerdotal se inició muy temprano. En 1931, a los 13 años ingresó al seminario menor de su departamento, concluyó sus estudios en Roma y fue ordenado en esta misma ciudad el año 1942. Al año siguiente volvió a su país e inició su labor como párroco de Anamorós, después párroco de la Catedral de Nuestra Señora de la Paz, en la ciudad de San Miguel. Sucesivamente fue nombrado como secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES, 1968), obispo Auxiliar de San Salvador (1970) y obispo de la diócesis de Santiago de María (1974. Reconocido por su vida sencilla, trabajo laborioso y la atención a los pobres y niños, aunque conservador y contrario a las nuevas orientaciones del Concilio Vaticano II.

En 1997 el Papa Pablo VI lo nombró Arzobispo de San Salvador. Su país vivía un ambiente de convulsión social y política. Había una confrontación entre los movimientos populares reclamando sus derechos y el gobierno militar reprimiendo para controlar la situación; y, al lado parte de la Iglesia salvadoreña solidarizándose con las causas de los grupos sociales que consideraban justas. Como consecuencia, esa Iglesia era condenada como política, subversiva, comunista y sufría detenciones, expulsiones de sacerdotes, muertes de laicos de las comunidades cristianas.

En esas circunstancias, Mons. Romero salió al encuentro de las poblaciones y las comunidades cristianas como pastor a conocer la verdad de los hechos; constata los hechos de violencia directamente en el lugar, recoge testimonios e informaciones; luego denuncia esos actos ante la opinión pública, detallando cada caso. Los reclamos justos de los pobladores, la represión y muerte de que son objetos y particularmente los asesinatos de sacerdotes y laicos fueron cambiando su visión sobre su país. Sus biógrafos afirman que el asesinato el padre jesuita Rutilio Grande García de la parroquia de Aguilares, junto con el catequista Manuel Solórzano (70) y Nelson Rutilio Lemus (16), fue el momento de su conversión. En él comprendió la injusticia que vivía su país, que la pastoral de esa Iglesia era evangélica y la causa de la persecución que sufre. Más tarde dirá:

“Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres. De nuevo son los pobres lo que nos hacen comprender lo que realmente ha ocurrido. Y por ello la Iglesia ha entendido la persecución desde los pobres. La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres” (Lovaina, 02, febrero, 1980).

Desde aquél momento intensificó su labor pastoral implicándose con la vida de su país. Su opción por los pobres se hizo clara, la denuncia de la injusticia y la violencia, el anuncio del amor liberador de Jesucristo y la convocatoria a la paz, la reconstrucción del país y la creación de un sistema verdaderamente democrático se hicieron frecuentes. También creó el "Comité Permanente para velar por la situación de los derechos humanos". Esa labor, a él mismo lo convirtió en una persona controversial tanto para la sociedad salvadoreña como para su propia Iglesia: “Para unos soy el causante de todos los males, como un monstruo de maldad; para otros, gracias a Dios para el pueblo sencillo, soy sobre todo el pastor” (Abril, 1978).

Monseñor Romero fue consciente que su compromiso evangélico podría costarle la vida, además ya había recibido amenazas de muerte. Su presentimiento lo escribió en su cuaderno de Ejercicios Espirituales: “Mi disposición debe ser dar mi vida por Dios. Cualquiera que sea el fin de mi vida, las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Él asistió a los mártires y, si es necesario, lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero lo más valioso del momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para Él”. Aun así, continuó con su compromiso sacerdotal.

Fueron célebres sus homilías dominicales. En la última homilía (Domingo de Ramos, 23 de marzo de 1980) hizo un llamado a las bases de la Guardia Nacional, de la policía y de los cuarteles para que no obedezcan la orden de matar, que concluyó así: “En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”. Esa homilía fue su sentencia de muerte. Al día siguiente, el 24 de marzo de 1980, un franco tirador le disparó directo al corazón, mientras celebraba una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia en San Salvador.

Aún muerto su vida siguió siendo controversial. Unos lo declararon mártir como Mons. Pedro Casaldáliga y otros lo condenaron. El proceso de su beatificación duró 53 años. Gracias al Papa Francisco su causa se agilizó y el 3 de febrero de 2015 fue reconocido como mártir «por odio a la fe» por decreto promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos. Muchos coinciden, entre ellos el P. Gustavo Gutiérrez, que "Monseñor Romero es mártir de la Iglesia Católica por odio a la fe en virtud a su postura clara, vertical, de defensa del ser humano por el Evangelio". (Mons. José Luis Lacunza, cardenal de Panamá).

La beatificación de Mons. Romero es una bendición también para América Latina y el Caribe y para los miembros de la Iglesia peruana que se solidarizaron por la causa de los pobres, buscaron la justicia para lograr la paz y que alienta el camino de los que transitan por la misma senda del Evangelio.

domingo, 10 de mayo de 2015

 
JESÚS, PAN DE VIDA
"Permanezcan en mi amor"
Por el P. Clemente Sobrado
 

San Juan  15,  9 - 17:

“Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegra sea plena. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.”

Reflexión

Queridos amigos: Llegamos a este sexto y último domingo de Pascua, pues el próximo domingo celebraremos ya la fiesta de la Ascensión. Estos dos últimos domingo, el quinto y el sexto, se completan mutuamente. El pasado domingo el problema era la vida, vivir la vida de Jesús permaneciendo unidos en Él como los sarmientos al tronco de la vid. Hoy el tema es el amor. Vida y amor, los dos elementos fundamentales. Y el paralelo es también el mismo.

El Pasado domingo Jesús era la vida y nosotros llamados a vivir de su vida. Hoy Jesús es el amor y nosotros estamos llamados a vivir de su amor.

Por tanto, el Evangelio de hoy es sumamente rico y esperanzador. Primero, nos dice que nos ama a nosotros como el Padre le ama a Él. ¿Os lo imagináis?

En segundo lugar, nos manda que vivamos alegres, pero participando de su propia alegría. Jesús no quiere seguidores tristes y que viven todo el día amargados, por eso nos da una serie de razones para poder estar alegres y vivir de la alegría, pero de una alegría plena. De la buena.

La primera razón para la alegría: saber que El nos ama. La segunda: que somos sus amigos. La tercera: que Él mismo nos ha elegido, somos elegidos de Él. Y cuarta: que nosotros estamos llamados a amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado.

Como os dais cuenta, Él va siempre por delante: Él es la vida. El Padre le ama y Él nos ama. Él nos hace amigos suyos. Él nos elige y Él nos regala el amor con que nosotros tenemos que amarnos. ¿Nos parece un mensaje maravilloso? Por eso Juan puede escribir: “Dios nos amó primero.” Aquí tendríamos que decir, ¿hay alguien que dé más? Se trata de un Evangelio que debiéramos leer todos los días al levantarnos. Así nuestros días, aún en medio de sus dificultades, estarían llenos de luz y de esperanza.

viernes, 8 de mayo de 2015

MADRE: MANANTIAL DE CARIÑO


Manantial de cariño
mar inmenso de alivio
pedacito del cielo en mi sentir
Has sido madresita
tu existencia bendita
para eL niño que aun soy para ti

Lo que pueda decirte madre
siempre poco será
mas soy parte de tu sinceridad
Hoy con ella en mi alma Madre
hoy te kiero decir
que has hecho lo mejor de mi vivir

Amo, amo tu felicidad
amo tu mirada buena
tu ternura y tu bondad
Amo tu cansancio al caminar
y esa huellas que en tu rostro
nacieron de tanto amar
TE AMO MAMA

Amo, amo tu felicidad
amo tu mirada buena
tu ternura y tu bondad
Amo tu cansancio al caminar
y esa huellas que en tu rostro
nacieron d tanto amar
TE AMO MAMA
Amo, amo tu felicidad
amo tu mirada buena
tu ternura y tu bondad.
Amo tu cansancio al caminar
y esa huellas que en tu rostro
nacieron de tanto amar
TE AMO MAMA

domingo, 19 de abril de 2015

 
APARICIÓN DE JESÚS A SUS DISCÍPULOS
“La paz con vosotros.”
Por el P. Clemente Sobrado
 
Lucas  24,  35 - 48:

Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros.” Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: “¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.” Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: “¿Tenéis aquí algo de comer?” Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: “Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí."“ Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: “Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su Nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.”

Reflexión

Queridos amigos: Las apariciones pascuales son una pedagogía de la fe en el resucitado. Una pedagogía del crecimiento y madurez de la fe. Hay en nuestro interior toda una serie de resistencias a creer en el Jesús resucitado que está vivo en medio de nosotros. Y hay toda una insistencia de Jesús en quebrar nuestras resistencias y clarificar nuestra fe hasta convertirnos en sus verdaderos testigos. Si os fijáis en el texto de Lucas, nos encontramos con tres actitudes que ponen de manifiesto las actitudes de los discípulos: “llenos de miedo por la sorpresa”, “creen ver un fantasma” y “no acaban de creer por la alegría”. ¿Cuál es el resorte principal de Jesús para avivar la fe de los suyos? Lo primero que les pide es “que miren sus manos”, que “toquen sus manos”, “que palpen sus manos”.

No les dice: “miren mi cara”, “vean mi rostro”. Jesús quiere que “contemplen y palpen sus manos”. Es que las manos son, de alguna manera, las que mejor nos identifican a cada uno de nosotros. Todos cuidamos muy bien la piel de nuestro rostro; sin embargo, donde mejor se nos conoce es en nuestras manos porque son ellas las que mejor expresan la verdad de nuestro corazón, de nuestro amor. Las manos encallecidas del obrero, las manos que se abren para estrechar las manos del amigo, las manos que acarician, las manos que se juntan para orar a Dios.

Mirar las manos de Jesús, es contemplar la verdad del amor con que Dios nos ama. Manos heridas de dolor y de amor, crucificadas por los demás. Mirar nuestras manos es tomar conciencia de qué hacemos por el mundo, qué hacemos por los hermanos, qué hacemos por cambiar las cosas. Es recordar el pan que hemos compartido. ¿No podíamos también nosotros hoy contemplar las manos del resucitado y también nuestras manos?

domingo, 12 de abril de 2015

 
PENTECOSTÉS
A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”
Por el P. Clemente Sobrado
 
San Juan  20,  19 -31:

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros.” Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.” Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.” Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor.” Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.” Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: “La paz con vosotros.” Luego dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.” Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío.” Dícele Jesús: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.”

Reflexión

Queridos amigos: Hoy vamos a ver a Jesús formando la primera comunidad pascual. La Pasión los dispersó y ahora sólo los une el miedo. Viven como prófugos escondidos porque no saben lo que pueda pasar con ellos.

Pero ahí está de nuevo vivo Jesús que se pone en medio de ellos porque Él es el centro de la comunidad. De nuevo vuelve a ser el centro del grupo. Lo primero que hace es reconciliarlos con Él. Es lógico que estuviesen avergonzados de haberle fallado, por eso el primer saludo es reconciliación: “Paz a vosotros.” En segundo lugar, se identifica y les muestra su autenticidad. No es un fantasma, es el mismo de siempre, aunque de manera diferente. Ahora está resucitado y por eso les enseña las manos con las heridas de los clavos, signo de su muerte.

En un tercer lugar, los resucita espiritualmente también a ellos. Les regala su vida de resucitado dándoles su propio espíritu. “Recibid el Espíritu Santo.” En cuarto lugar, les encomienda continuar su propia misión: “Como el Padre me ha enviado, también os envío yo.” Comenzando por ser testigos del amor en el perdón: “A quienes perdonéis.”

Cuatro pasos esenciales que todos debiéramos tener en cuenta a la hora de querer revitalizar nuestras comunidades. Comunidades de discípulos, Jesús no quiere comunidades con las puertas cerradas, sino con todas las puertas abiertas. Abiertas al amor y abiertas al anuncio del Evangelio. Comunidades conscientes de sus debilidades y, por eso, comunidades donde el perdón será cada día el camino de la reconstrucción de la comunidad eclesial herida constantemente por el pecado. Por eso también llamamos a este segundo Domingo, el “Domingo de la Misericordia Divina” a la que yo añadiría y también humana.

domingo, 5 de abril de 2015


DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN
HA RESUCITADO EL SEÑOR !
¡La muerte ha dejado de ser muerte y se ha convertido en vida!
Por el P. Clemente Sobrado

San Juan  20,  1 - 9:

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.” Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Reflexión

Queridos amigos: ¡Ha resucitado! ¡Hemos resucitado! ¡La muerte ha dejado de ser muerte y se ha convertido en vida! Me váis a permitir que os relate lo que Javier Jafo, en su Homilía el domingo de Pascua, nos cuenta. Es algo que tuvo lugar en una prisión de la policía secreta de Moscú durante los duros días de la guerra fría y la represión religiosa de la ex-Unión Soviética.

La Señora Arsenjeff escuchó cómo una compañera de celda le decía al oído: “¡Mañana es Pascua de Resurrección!”, y pensó en el inmenso gozo de ese día del que ella parecía excluida. Mientras caminaba por la galería, se rompió el duro silencio con un grito: “¡Cristo ha resucitado!” Era su compañera de celda, cuyos ojos brillaban de alegría en medio de su tristeza. Se hizo un silencio que se mascaba. De pronto, de cada una de las celdas fue saliendo, una respuesta tras otra: “¡Verdaderamente ha resucitado!” Los vigilantes quedaron sorprendidos y aturdidos y se llevaron a rastras a la mujer del rostro pálido. A los cuatro días, la mujer volvió a su celda, pálida y demacrada: había pasado la Pascua en una fría y oscura celda de castigo. Al ver a su compañera, le susurró al oído: “Ya ves, me he atrevido a gritar el mensaje de Pascua y he podido hacerlo. Todo lo demás carece de importancia.”

Amigos, y nosotros, ¿seremos capaces de gritar hoy desde el fondo de nuestro corazón: ¡Hoy es Pascua! ¡Jesús ha resucitado! ¡Nosotros hemos resucitado! Ya no hay muerte, la vida ha triunfado? ¡Qué maravilloso sería que hoy nos asomásemos todos a la ventana o cogiésemos el teléfono y llamásemos a todo el mundo gritándoles: ¡Hermano, Jesús ha resucitado y nosotros con Él! Cuando hoy nos digamos unos a otros: “Felices Pascuas” que sea el anuncio gozoso de que Jesús está vivo y ha vencido a la muerte. Miguel Humberto, Nando y este hermano vuestro, desde aquí os decimos: “Es verdad, está vivo, ha resucitado.” Hoy sí podemos cantarle a Jesús.

jueves, 2 de abril de 2015


EL AYUNO QUE AGRADA AL SEÑOR EN LA FIESTA MÁS IMPORTANTE DE FE
UNA REFLEXIÓN POR JUEVES SANTO
Por Juan Borea Odría


Hemos iniciado la Semana Santa con el Domingo de Ramos, en que recordamos la entrada de Jesús a Jerusalén. Para prepararnos a esta fiesta, fundamental en nuestra vida de fe, hemos tenido presente el ayuno. Pero ¿cuál es el ayuno que agrada a Dios? No necesariamente el de la mortificación, sino el de la solidaridad y la justicia. Sí, a veces hay que renunciar a algo que nos agrada, pero el valor no es la renuncia en sí, sino aquello que conseguimos renunciando. Dejar de consumir algo para darle al que le hace falta, dar de nuestro tiempo para servir al hermano, arriesgar nuestra tranquilidad e incluso nuestra vida por causa de la justicia: ese es el verdadero valor del ayuno.

En el inicio de la Semana Santa compartimos con nuestra comunidad educativa lo que nos dice el libro de Isaías en su capítulo 58. Isaías se dirige al pueblo judío del siglo VII antes de Cristo, pero su mensaje tiene la actualidad de la inspiración de la Palabra de Dios.

Este es el ayuno que yo amo —oráculo del Señor—:
soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo,
dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos;
Compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo;
cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.

Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar;
delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: "¡Aquí estoy!"

Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna;
si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria,
tu luz se a
lzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía

domingo, 29 de marzo de 2015


DOMINGO DE RAMOS
LA PASIÓN DEL SEÑOR
“Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”
Por el P. José Antonio Pagola

San Marcos 15, 1 - 38 (lectura abreviada)


Y los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: “¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo levantas en tres días, ¡sálvate a ti mismo bajando de la cruz!” Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban entre ellos junto con los escribas diciendo: “A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. ¡El Cristo, el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.” También le injuriaban los que con él estaban crucificados. Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: “Eloí, Eloí, ¿lema sabactaní?”, - que quiere decir - “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”
Al oír esto algunos de los presentes decían: “Mira, llama a Elías.” Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber, diciendo: “Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarle.” Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró. Y el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo. Al ver el centurión, que estaba frente a Él, que había expirado de esa manera, dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.”


Reflexión

Jesús contó con la posibilidad de un final violento. No era un ingenuo, sabía a qué se exponía si seguía insistiendo en el proyecto del reino de Dios. Era imposible buscas con tanta radicalidad una vida digna para los «pobres» y los «pecadores», sin provocar la reacción de aquellos a los que no interesaba cambio alguno.

Ciertamente, Jesús no es un suicida. No busca la crucifixión. Nunca quiso el sufrimiento ni para los demás ni para él. Toda su vida se había dedicado a combatirlo allí donde lo encontraba: en la enfermedad, en las injusticias, en el pecado o en la desesperanza. Por eso no corre ahora tras la muerte, pero tampoco se echa atrás.

Seguirá acogiendo a pecadores y excluidos aunque su actuación irrite en el templo. Si terminan condenándolo, morirá también él como un delincuente y excluido, pero su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no excluye a nadie de su perdón.

Seguirá anunciando el amor de Dios a los últimos, identificándose con los más pobres y despreciados del imperio, por mucho que moleste en los ambientes cercanos al gobernador romano. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá también él como un despreciable esclavo, pero su muerte sellará para siempre su fidelidad al Dios defensor de las víctimas

Lleno del amor de Dios, seguirá ofreciendo «salvación» a quienes sufren el mal y la enfermedad: dará «acogida» a quienes son excluidos por la sociedad y la religión; regalará el «perdón» gratuito de Dios a pecadores y gentes perdidas, incapaces de volver a su amistad. Ésta actitud salvadora que inspira su vida entera, inspirará también su muerte.

Por eso a los cristianos nos atrae tanto la cruz. Besamos el rostro del Crucificado, levantamos los ojos hacia él, escuchamos sus últimas palabras... porque en su crucifixión vemos el servicio último de Jesús al proyecto del Padre, y el gesto supremo de Dios entregando a su Hijo por amor a la humanidad entera.

Es indigno convertir la semana santa en folclore o reclamo turístico. Para los seguidores de Jesús celebrar la pasión y muerte del Señor es agradecimiento emocionado, adoración gozosa al amor «increíble» de Dios y llamada a vivir como Jesús solidarizándonos con los crucificados.

P. José Antonio Pagola

domingo, 22 de marzo de 2015


QUINTO DOMINGO DE CUARESMA
SI EL GRADO DE TRIGO MUERE, DARÁ MUCHO FRUTO
Atraídos por el Crucificado
Por el P. José Antonio Pagola

San Juan 12, 20-33

"En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la Fiesta, había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará. Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora, Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo. La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí."

Reflexión

Un grupo de «griegos», probablemente paganos, se acercan a los discípulos con una petición admirable: «Queremos ver a Jesús». Cuando se lo comunican, Jesús responde con un discurso vibrante en el que resume el sentido profundo de su vida. Ha llegado la hora. Todos, judíos y griegos, podrán captar muy pronto el misterio que se encierra en su vida y en su muerte: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

Cuando Jesús sea alzado a una cruz y aparezca crucificado sobre el Gólgota, todos podrán conocer el amor insondable de Dios, se darán cuenta de que Dios es amor y solo amor para todo ser humano. Se sentirán atraídos por el Crucificado. En él descubrirán la manifestación suprema del Misterio de Dios.

Para ello se necesita, desde luego, algo más que haber oído hablar de la doctrina de la redención. Algo más que asistir a algún acto religioso de la Semana Santa. Hemos de centrar nuestra mirada interior en Jesús y dejarnos conmover, al descubrir en esa crucifixión el gesto final de una vida entregada día a día por un mundo más humano para todos. Un mundo que encuentre su salvación en Dios.

Pero, probablemente a Jesús empezamos a conocerlo de verdad cuando, atraídos por su entrega total al Padre y su pasión por una vida más feliz para todos sus hijos, escuchamos aunque sea débilmente su llamada: «El que quiera servirme que me siga, y donde esté yo, allí estará también mi servidor».

Todo arranca de un deseo de «servir» a Jesús, de colaborar en su tarea, de vivir solo para su proyecto, de seguir sus pasos para manifestar, de múltiples maneras y con gestos casi siempre pobres, cómo nos ama Dios a todos. Entonces empezamos a convertirnos en sus seguidores.

Esto significa compartir su vida y su destino: «donde esté yo, allí estará mi servidor». Esto es ser cristiano: estar donde estaba Jesús, ocuparnos de lo que se ocupaba él, tener las metas que él tenía, estar en la cruz como estuvo él, estar un día a la derecha del Padre donde está él.

¿Cómo sería una Iglesia «atraída» por el Crucificado, impulsada por el deseo de «servirle» solo a él y ocupada en las cosas en que se ocupaba él? ¿Cómo sería una Iglesia que atrajera a la gente hacia Jesús."

miércoles, 18 de marzo de 2015

 
EN UN MAR DE INDIFERENCIA, UNA ISLA DE MISERICORDIA
“Fortalezcan sus corazones”
Por Juan Borea Odría

Los cristianos, en el camino de esta vida, vamos acercándonos a la celebración del gran acontecimiento de nuestra salvación: La Semana Santa 2015. En ella conmemoraremos y volveremos a experimentar ese amor misericordioso de Dios Padre expresado en su Hijo Jesús: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su hijo único, para que todo el que crea en él no perezca sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él.” (Jn 3,16-17).

Por este motivo, como Iglesia estamos viviendo ya este tiempo de Cuaresma, 40 días de renovación de nuestro fe, desde el miércoles de Ceniza hasta el sábado anterior al domingo de Ramos. Cuaresma es un tiempo de gracia, es decir, un don que Dios Padre nos ofrece para renovar nuestra comunión con Él, el prójimo y la naturaleza. Comunión que implica revisar nuestra vida de fe. ¿Estamos viviendo según los consejos de su Hijo Jesús? Seguro que habrá motivos para agradecerle, pedirle perdón y convertirnos a su amor.

Para esta Cuaresma, el Papa Francisco, en su carta “Fortalezcan sus corazones”, nos invita a fijarnos en la “Globalización de la indiferencia” y afrontarla como cristianos. Y para que sea posible debemos renovar nuestra vida de fe como Iglesia, comunidades y parroquias y cada uno como creyentes. Nos dice: “cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia”.

Invitamos pues a la familia marista para que cada uno vivamos intensamente este tiempo de Cuaresma y Semana Santa tanto en la familia como en el colegio. Acoger el amor de Dios Padre, vivir la reconciliación, renovar nuestra fraternidad y retomar el camino con esperanza.

domingo, 15 de marzo de 2015


CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
VINO LA LUZ AL MUNDO
Pero el que obra la verdad, va a la luz
Por el P. Clemente Sobrado

San Juan  3,  14 - 21:

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.”

Reflexión

Queridos amigos: El Evangelio de hoy es como una especie de oasis en medio de las arenas del desierto de la Cuaresma. Un Evangelio que nos habla de ambiente y clima de muerte, pero a la vez, nos habla de vida y de amor.

Nos recuerda el ambiente de muerte que el Pueblo de Dios sufrió en el desierto, pero también nos habla de ese que está levantado y clavado en los palos de la Cruz que no solo nos cura de las mordeduras de muerte que cada día hieren nuestra carne, sino que habla y anuncia la vida verdadera, la vida eterna.

Este Evangelio nos habla no de ese Dios que tantas veces han querido meternos en la cabeza, un Dios que castiga y está a la espera de que le fallemos para enviarnos a la caldera del diablo. Nos habla de un Dios que nos ama tanto que es capaz de hacerse él mismo hombre como nosotros y entregarnos a su hijo único. Un Dios que no quiere que se pierda ni uno solo, sino que todos nos salvemos.

No es el Dios que amenaza, sino el Dios que nos abre al gozo y a la alegría de la esperanza. Tenemos que reconocer que nosotros vivimos demasiado del pesimismo e incluso vivimos con demasiado temor a Dios. Vivimos una especie de esquizofrenia espiritual donde todo es pecado, que no logra la paz y la alegría del perdón. Andamos siempre revolviendo el pasado. Dudamos que Dios nos haya perdonado y nos volvemos a confesar una y mil veces lo que hicimos de niños o de jóvenes.

El cristiano es el que ha descubierto el amor y la vida, el que ha descubierto que Dios le ama tanto o más que a sí mismo, y ha descubierto que más que amenazado de muerte está amenazado de vida.

Nos han metido en la cabeza un cristianismo de castigo y de muerte, cuando el Evangelio es el gran anuncio del amor, de la vida y de la esperanza. No hagamos antipático el Evangelio y la fe. No hagamos antipático el ser cristiano. Al contrario, presentemos nuestra fe como una invitación al amor y a la vida.

domingo, 8 de marzo de 2015

 
TERCER DOMINGO DE CUARESMA
JESÚS ECHA A LOS MERCADERES
"No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.”
Por el P. Clemente Sobrado
San Juan  2, 13 - 25:

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: “Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.” Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará. Los judíos entonces le replicaron diciéndole: “¿Qué señal nos muestras para obrar así?” Jesús les respondió: “Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.” Los judíos le contestaron: “Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?” Pero Él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús. Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre.

Reflexión

Queridos amigos: Juan nos presenta al comienzo de la Vida Pública de Jesús, lo que será la estructura de su Evangelio, nos propone los tres cambios sustanciales que el Evangelio quiere introducir. Tres cambios radicales en aquella estructura religiosa de entonces. Las Bodas de Caná: como anuncio de una nueva alianza, pues la antigua ya no tiene vida, le faltael el vino de la fiesta, el cambio del Templo por un Templo nuevo que será el mismo Jesús a partir de su Muerte y Resurrección, y el cambio de la Ley esclavizante por la nueva ley del amor y como consecuencia el cambio de la nueva imagen de Dios.

Hace falta mucho atrevimiento y valentía para afrontar cambios tan radicales. Juan nos habla hoy del cambio del Templo en una actitud poco común en el comportamiento de Jesús. Se trata de cambiar lo viejo que ya no tiene vida y no sirve, por algo nuevo que da vida. Cambiar no significa destruir el pasado, significa renovar y transformar el pasado ya inútil por algo nuevo que devuelva la vida al pueblo.

Hablar de la destrucción del Templo era atentar contra el centro mismo de la religiosidad de Israel y, por tanto, dejarlo sin un elemento que fundamentaba su identidad junto con la antigua alianza y la ley mosaica. Jesús no es de los que se dedica a conservar lo antiguo, aunque ya sea inservible y esté carcomido ya por la herrumbre del tiempo. Para el cambio hace falta mucho coraje y mucha valentía e incluso es consciente de que tendrá que pagar su atrevimiento con su propia muerte.

domingo, 1 de marzo de 2015

 
SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
NO CONFUNDIR A NADIE CON JESÚS
 “Este es mi Hijo amado, escuchadle.”
Por el P. Clemente Sobrado
Marcos  9,  2 - 10:

Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: “Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”; pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: “Este es mi Hijo amado, escuchadle.” Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de “resucitar de entre los muertos.”

Reflexión

Amigos, este domingo aparece lleno de luz y también de alegría y esperanza. Ya no estamos en las arenas del desierto, estamos en la cima de un monte. Ya no estamos ante un Jesús hundido en la experiencia humana del pecado de los hombres, estamos ante un Jesús cuya humanidad de transfigura por la luz interior que alumbra dentro de Él.

En el desierto lo vemos solo, en lucha consigo mismo y en la oscuridad de los caminos que el Padre le pone por delante. Hoy lo vemos acompañado, primero por tres de sus discípulos más cercanos y luego por las dos grandes figuras del Antiguo Testamento: Moisés y Elías.

Si la tentación del desierto puede ser un símbolo de la humillación de Jesús en la Cruz, donde la misma tentación se repite, hoy lo vemos en las luces de la Pascua, iluminado, transformado, victorioso sobre las oscuridades de la muerte.

En nuestro caminar hacia la Pascua, no solo nos hemos de ver a nosotros como los débiles ante la tentación o los hundidos en el pecado de la infidelidad a los planes de Dios.

La Transfiguración es una llamada a vernos nosotros en nuestra Transfiguración llevada a cabo en nosotros por el Espíritu que nos hace hombres nuevos. Se trata de ese cambio interior que se opera en nosotros por la gracia del Resucitado y por la presencia del Espíritu que nos renueva y nos hace hombres nuevos.

Un cambio, por otra parte, que no queda en nosotros sino que tiene que ser percibido por los demás y tiene que ser como una invitación a que los demás se sientan atraídos por Jesús.

Es aquí dónde cada uno de nosotros nos convertimos en fuente de luz y fuente de alegría para los demás, cuyo mejor ejemplo lo encontramos en el mismo San Pablo. Él es el mejor ejemplo de la Transfiguración que el Espíritu puede llevar a cabo en cada uno de nosotros.

domingo, 15 de febrero de 2015


LA CURACIÓN DEL LEPROSO
En el corazón de Dios caben todos
Por el P. José Antonio Pagola
 
 
San Marcos  1,  40 - 45:

Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: “Si quieres, puedes limpiarme.” Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: “Quiero; queda limpio.” Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: “Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.” Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.

Reflexión

De forma inesperada, un leproso «se acerca a Jesús». Según la ley, no puede entrar en contacto con nadie. Es un «impuro» y ha de vivir aislado. Tampoco puede entrar en el templo. ¿Cómo va a acoger Dios en su presencia a un ser tan repugnante? Su destino es vivir excluido. Así lo establece la ley.

A pesar de todo, este leproso desesperado se atreve a desafiar todas las normas. Sabe que está obrando mal. Por eso se pone de rodillas. No se arriesga a hablar con Jesús de frente. Desde el suelo, le hace esta súplica: «Si quieres, puedes limpiarme». Sabe que Jesús lo puede curar, pero ¿querrá limpiarlo?, ¿se atreverá a sacarlo de la exclusión a la que está sometido en nombre de Dios?

Sorprende la emoción que le produce a Jesús la cercanía del leproso. No se horroriza, ni se echa atrás. Ante la situación de aquél pobre hombre, «se conmueve hasta las entrañas». La ternura lo desborda. ¿Cómo no va a querer limpiarlo él, que sólo vive movido por la compasión de Dios hacia sus hijos e hijas más indefensos y despreciados?

Sin dudarlo, «extiende la mano» hacia aquél hombre y «toca» su piel despreciada por los puros. Sabe que está prohibido por la ley y que, con este gesto, está reafirmando la transgresión iniciada por el leproso. Sólo lo mueve la compasión: «Quiero: queda limpio».

Esto es lo que quiere el Dios encarnado en Jesús: limpiar el mundo de exclusiones que van contra su compasión de Padre. No es Dios quien excluye, sino nuestras leyes e instituciones. No es Dios quien margina, sino nosotros. En adelante, todos han de tener claro que a nadie se ha de excluir en nombre de Jesús.

Seguirle a él significa no horrorizarnos ante ningún impuro, ni impura. No retirar a ningún «excluido» nuestra acogida. Para Jesús, lo primero es la persona que sufre y no la norma. Poner siempre por delante la norma es la mejor manera de ir perdiendo la sensibilidad de Jesús ante los despreciados y rechazados. La mejor manera de vivir sin compasión.

En pocos lugares es más reconocible el Espíritu de Jesús que en esas personas que ofrecen apoyo y amistad gratuita a prostitutas indefensas, que acompañan a psicóticos olvidados por todos, que defienden a homosexuales que no pueden vivir dignamente su condición… Ellos nos recuerdan que en el corazón de Dios caben todos

domingo, 1 de febrero de 2015


JESÚS EXPULSA A UN ESPÍRITU
La enseñanza de Jesús es liberadora
Por el P. Clemente Sobrado

San Marcos  1,  21 - 28:

Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar.Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar:“¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.”Jesús, entonces, le conminó diciendo: “Cállate y sal de él.”Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.”Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

Reflexión

Queridos amigos: El Evangelio de hoy nos sitúa ante las primeras impresiones que la gente tiene acerca de Jesús. Y resulta curioso que la primera reacción haya sido de reconocer la superioridad de la enseñanza de Jesús por encima de los escribas, los especialistas de la ley. Lo primero que reconocen en Él es “la autoridad con la que enseña”. “Este modo de enseñar es nuevo”, aquí hay algo distinto a lo que los escribas dicen que no hacen sino hablar comentando la ley de Moisés y los Profetas. Pero aquí hay algo más, hay una novedad, Jesús no es un comentarista. Jesús habla de lo que sabe, de lo que Dios le inspira y de lo que el Espíritu Santo despierta en su corazón.

La enseñanza de los letrados esclaviza. La enseñanza de Jesús es liberadora, es una invitación al amor y a la libertad y el respeto a la persona.

Un Evangelio de suma actualidad, precisamente hoy que la autoridad ha perdido fuerza y sentido porque hoy ya no creemos tanto en la autoridad que nace del puesto que uno ocupa o del poder que tiene, sino que creemos en la autoridad de la persona misma, de la verdad y autenticidad de la persona y en la medida en que esta autoridad es una llamada al respeto de los demás, a la libertad de los demás y a la promoción y desarrollo de los demás. Es decir, hoy creemos a la autoridad no del que manda sino del que pone su vida en actitud de servicio a los demás.

Una autoridad capaz de sacar de nuestros corazones esos malos espíritus que nos esclavizan. La autoridad que brota de la dignidad misma de la persona que manda. Más que mandar, la verdadera autoridad sirve a los demás. Más que sentirse superior, la verdadera autoridad es la que siente superiores a los demás. Una verdadera autoridad no se impone por el miedo, sino por el amor. Hoy tenemos más miedo a la autoridad que un verdadero amor y cariño.

Por eso pienso que el Evangelio de hoy es una llamada de atención para todos, para los que enseñan y mandan y para los que escuchan y obedecen.

Fuente: La Iglesia que camina

domingo, 25 de enero de 2015

 

LA CONVERSIÓN DE PABLO
"El Dios de nuestros padres te ha destinado para que conozcas su voluntad"
Por el P. Clemente Sobrado
 
 

Hechos de los Apóstoles  22, 3 -16:

“Hermanos y padres, escuchad la defensa que ahora hago ante vosotros.” Al oír que les hablaba en lengua hebrea guardaron más profundo silencio. Y dijo: “Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios, como lo estáis todos vosotros el día de hoy. Yo perseguí a muerte a este Camino, encadenando y arrojando a la cárcel a hombres y mujeres, como puede atestiguármelo el Sumo Sacerdote y todo el Consejo de ancianos. De ellos recibí también cartas para los hermanos de Damasco y me puse en camino con intención de traer también encadenados a Jerusalén a todos los que allí había, para que fueran castigados. “Pero yendo de camino, estando ya cerca de Damasco, hacia el mediodía, me envolvió de repente una gran luz venida del cielo; caí al suelo y oí una voz que me decía: "Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?" Yo respondí: "¿Quién eres, Señor?" Y él me dijo: "Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues." Los que estaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Yo dije: "¿Señor, qué quieres que haga?" Y el Señor me respondió: "Levántate y vete a Damasco; allí se te dirá todo lo que está tienes que hacer." Como yo no veía, a causa del resplandor de aquella luz, conducido de la mano por mis compañeros llegué a Damasco.

“Un tal Ananías, hombre piadoso según la Ley, bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí, vino a verme, y presentándose ante mí me dijo: "Saulo, hermano, recobra la vista." Y en aquel momento le pude ver. Él me dijo: "El Dios de nuestros padres te ha destinado para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz de sus labios, pues le has de ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre."

Reflexión

Este año la fiesta de la Conversión de San Pablo cae en Domingo. ¿Será una casualidad o será un signo de la importancia que Pablo ha tenido y sigue teniendo en la Iglesia? El Papa Benedicto XVI con motivo del Año Paulino: dijo una frase bien significativa: “Pablo quiere hablar con nosotros, hoy.” Además destaca tres dimensiones fundamentales en la vida de Pablo: En primer lugar, su centralidad en el Cristo y su valentía en proclamar el Evangelio. En segundo lugar, su “experiencia de la unidad de la Iglesia con Jesucristo. Finalmente, en tercer lugar, su conciencia de que el sufrimiento va unido a la evangelización.

Yo quisiera que hoy destacásemos algunos de estos aspectos leídos desde hoy, desde nuestra realidad.

En Pablo todo comienza con un encuentro con Jesús resucitado que se convierte en el nervio y centro de toda su vida. En segundo lugar, la vida de Pablo no fue nada fácil precisamente por la novedad del Evangelio que anunciaba y predicaba, de modo que debió experimentar el rechazo tanto de los de fuera como de los de dentro, incluso de sus propias comunidades. Finalmente, el sentido de unidad y pluralismo de la teología de Pablo. La teología de Pablo no es una teología abstracta, sino que va haciendo teología desde las realidades concretas de sus comunidades. Se diría que Pablo es el teólogo de la vida, el teólogo de una teología viva. Por eso resulta tan fascinante su figura incluso hoy.
 
Fuente: La Iglesia que camina

domingo, 18 de enero de 2015

 
DISCÍPULOS DE JUAN CONOCEN A JESÚS
«Éste es el Cordero de Dios.»
Por el P. Clemente Sobrado
 
Juan  1,  35 - 42:

Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: “He ahí el Cordero de Dios.” Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: “¿Qué buscáis?” Ellos le respondieron: “Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?” Les respondió: “Venid y lo veréis.” Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Serían las cuatro de la tarde. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: “Hemos encontrado al Mesías” - que quiere decir, Cristo. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas” - que quiere decir, "Pedro."

Reflexión

Queridos amigos: Un Evangelio, el de hoy, que yo titularía la pastoral capilar o pastoral de contacto o, si alguno prefiere, lo podemos llamar la “pastoral en cadena”.

Alguien tiene que dar el primer paso para que los demás se pongan en camino. Alguien tiene que ser el primero en ver para que los demás se den cuenta.

Primero, es Juan quien reconoce a Jesús. Y Juan lo comparte con sus dos discípulos, estos siguen a Jesús. Y luego es Andrés que va y se lo comunica a su hermano Simón y lo lleva a Jesús. Como veis toda una cadena. Una cadena que comenzó en una simple frase de Juan y que llega luego de una larga cadena de seguidores hasta nosotros.

Si recordáis en la Vigila Pascual es el sacerdote el que primero enciende el Cirio pascual. Luego en ese Cirio encienden sus velas los que acompañan a los sacerdotes o ministros, para luego encenderse todas las velas de la Comunidad que participa.

Con frecuencia todos nos sentimos impotentes para anunciar el Evangelio a los hombres. Es curioso, todos comenzamos por nuestras dudas y hasta nuestros miedos. ¿Y qué hago yo solo frente a tantos que esperan el Evangelio? Y nos olvidamos que alguien tiene que ser el primero. Luego, una vez que se enciende la chispa en ti, comienza a alumbrar a los demás. Si Juan no lo hubiera visto y reconocido primero, los dos discípulos ni se hubiesen enterado y no hubiera pasado nada aquel día.

Pero bastó que Juan lo reconociese y lo anunciase para que comenzase esa cadena de seguidores de Jesús. Hoy no podemos pensar en una pastoral de masas. Hoy tenemos que pensar en una pastoral capilar, de contacto personal. Pero alguien tiene que dar el primer paso. Por ejemplo, tú pudieras ser el primer eslabón de esa cadena. ¿No crees?

domingo, 11 de enero de 2015

 
EL BAUTISMO DE JESÚS
“Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.”
Por el P. Clemente Sobrado
 
 
San Marcos  1, 6 - 11:

Juan llevaba un vestido de piel de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: “Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo.” Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a Él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.”

Reflexión

 “¿De qué te sirve creer en Dios si luego no lo usas?” Marcos comienza el relato del Bautismo de Jesús presentando el exterior de Juan el Bautista: vestido de piel de camello y se alimentaba de langostas y miel silvestre y bautizaba solo con agua. A su vez, nos describe la experiencia interior de Juan: “Viene otro que es más fuerte y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias.” Juan siente que su bautismo es muy inferior al de Jesús que “bautizará con Espíritu Santo”.

De Jesús se nos dice que viene de Galilea, que pide ser bautizado, pero luego nos presenta la interioridad de Jesús: la presencia del Espíritu y la proclamación del Padre confesándolo como su “Hijo amado, en quien tiene sus complacencias”.

El hombre no es solo exterioridad, sino también interioridad. El Bautismo de Jesús es una invitación a entrar dentro de nosotros mismos. A vernos por dentro, a experimentarnos desde el alma y no solo experimentarnos desde nuestro exterior: desde lo que hacemos, desde lo que buscamos, desde lo que los demás quieren de nosotros.

Nos hemos olvidado de lo que llevamos dentro. Nos hemos olvidado que nuestra mayor riqueza no está en la corteza de nuestra piel, sino allá dentro donde estamos habitados por el Espíritu Santo. Nos hemos olvidado que nuestro mayor gozo no es tanto sentir que los demás nos aman, sino sentirnos interiormente amados por Dios, como sus hijos amados, sus predilectos.

Mirémonos cada uno y nos daremos cuenta de que por dentro caminamos como vacíos, como una nuez que por dentro no tiene nada. Como si toda nuestra existencia fuese un simple vivir siempre en la superficie de nosotros mismos. ¿Será por eso que nos falta la verdadera alegría y necesitamos de mucho ruido para sentir que estamos vivos? Y dejo la frase del Papa Francisco: “Y ahora os dejo una tarea para hacer en casa. Cuando hoy volváis a casa, id a buscar bien cuál es la fe­cha de vuestro Bautismo, y esto para festejado, para dar gracias al Señor por este don.” ¿Lo haréis?
 
Fuente: La Iglesia que camina

domingo, 4 de enero de 2015

 
EPIFANÍA DEL SEÑOR
"¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?"
Por el P. Clemente Sobrado
San Mateo  2, 1 - 12:

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.” Al oírlo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.” Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: “Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.” Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

Reflexión

Queridos amigos: Hoy celebramos la Fiesta de la Epifanía o de los Santos Reyes, una de esas fiestas que suele estar llena de toda una serie de adornos externos que, con frecuencia, nos hacen perder el verdadero sentido de lo que celebramos. Por ejemplo, los camellos, los tres Magos y toda una tropa de gente que los acompaña. Esto es parte de la fiesta, pero no son ellos la fiesta. La verdadera fiesta es la manifestación de Dios a la humanidad y lo más maravilloso es que Dios se manifiesta a los de que vienen de lejos, antes que a los de cerca. Con esto, Dios rompe la cárcel donde lo tenía aprisionado y como en propiedad privada la religión de la Ley. Era el Dios del pueblo, pero de sólo ese pueblo, no de los demás pueblos. Resulta que la Epifanía es la revelación de Dios a los demás pueblos, manifestando así su universalidad. Desde entonces ya no podemos decir “mi Dios”, “nuestro Dios”, sino el Dios de todos.

Uno de los gestos que suele pasar como desapercibido es lo que nos dice el Evangelio de Mateo: “Cayendo de rodillas, le adoraron.” Hacemos hincapié en los dones de oro, incienso y mirra, pero se nos cuela eso de “postrándose le adoraron”. “Cayendo de rodillas, le adoraron.” La adoración como la auténtica actitud del hombre frente a Dios.

A Dios le rezamos mucho, pero le adoramos poco. A Dios le pedimos muchas cosas, pero le adoramos poco. Dos gestos que ponen de manifiesto la auténtica relación entre el hombre y Dios: “ponernos de rodillas delante de Él” y “adorarlo”. Y lo más estupendo: adorar a Dios contemplando tan solo un niño como cualquier otro niño del barrio. Un niño nacido en la pobreza de un pesebre.

La adoración significa admiración, rendimiento, pasmo frente al misterio. Un misterio que solo podremos aceptar de rodillas. Es posible que este sea para muchos de nosotros el problema de nuestra fe. Nos ponemos de rodillas, pero adoramos poco. Guardamos poco silencio en el corazón para contemplar el misterio. Los Magos no hablan, no dicen palabra, adoran en el silencio.
 
Fuente: La Iglesia que camina
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