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domingo, 5 de junio de 2016


JESÚS RESUCITA AL HIJO DE UNA VIUDA
Un gran Profeta ha surgido entre nosotros
Por el P. Julio César Rioja,



Lucas: 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Reflexión

Dos viudas y sus dos hijos, al parecer únicos, se nos presentan en la primera lectura de los Reyes y en el Evangelio de este domingo. Uno ha muerto, el otro está en peligro, Elías y Jesús, “se los entregan a sus madres”, están vivos. Ambas podrían decir con el Salmo de hoy: “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa, cambiaste mi luto en danzas”. El Dios de Elías y el Dios de Jesús, es el Dios de la vida, que vence a la muerte.

Jesús va de camino con sus discípulos y mucho gentío, a la entrada de Naín se cruzan con otra comitiva, unos entran y otros salen: “sacaban a enterrar a un muerto”. Se encuentran la muerte y la Vida, el Maestro muestra su cercanía a los más pequeños una vez más, a los débiles, a esta mujer que es viuda y encima ha perdido a su único hijo, acoge su pena y sufrimiento: “Le dio lástima y le dijo: No llores”. ¿Con qué autoridad se puede decir a una madre que no llore?, las dos comitivas están expectantes: “Se acercó al ataúd, lo tocó, los que lo llevaban se pararon, y dijo: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar”. Triunfa la vida y se acaba el llanto.

Cuantas madres clamando al cielo en los campos de refugiados, en las playas de Grecia, en Palestina, en cualquier país africano, con sus hijos muriendo de hambre en su regazo. Cuantas madres coraje fregando escaleras para sacar a sus hijos adelante, llorando a escondidas el maltrato o la incertidumbre, de no saber si su hijo ronda el consumo… Pero estamos acostumbrados y nos suele gustar más el funeral que el muerto, escondemos el dolor, nos compadecemos, pero no nos paramos. Hay que parar y aunque no sepamos qué decir, ante el misterio del dolor, muchas veces lo mejor es el silencio, mirar, abrazar, acoger, denunciar, presentar a Dios en la oración con las manos vacías a las criaturas que él creo, sintiendo la impotencia de lo poco que podemos hacer.

Lo que ocurre después en el texto, es que: “Todos sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”. Quedaron desconcertados, pero más allá de ver él poder de Jesús sobre la muerte, aprendieron que hay que luchar contra todo mal, secar las lágrimas, poner el hombro. Con la certeza, de que en medio de nosotros, está el que es “capaz de sacar nuestras vidas del abismo” y dar sentido con su sufrimiento al nuestro. No en vano Lucas (6,21), en el capítulo anterior, nos dice: “Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis” y parece que no es cuestión de esperar a llegar a la Casa del Padre.

“Dios ha visitado a su pueblo” y es necesario confiar y creer en esa lectura del Apocalipsis que solemos leer en los funerales: “Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. Y el que estaba sentado en el trono dijo: Todo lo hago nuevo”. Y es que Dios, no quiere que nadie llore o que viva en el desconsuelo y la desolación.

Celebramos ayer sábado, la Fiesta del Corazón de María, ella también perdió a su único hijo, una espada atravesó su corazón de Madre. Cuando le entregaron a su hijo al pie de la cruz, al contrario que las dos viudas de la liturgia de hoy, estaba muerto, pero aprendió a fiarse a contramano, fue capaz de creer en la resurrección. Pedimos que nos enseñe a mirar a Jesús, a mirar la vida, los acontecimientos, las informaciones… que en ocasiones sólo nos hablan de muerte, con la esperanza puesta en Dios.

sábado, 16 de abril de 2016


YO LES DOY LA VIDA ETERNA
"Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen"
Por el P. Clemente Sobrado



San Juan 10,  27 al 30:

Dijo Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, yo les doy la vida eterna: no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno. ”

Reflexión

Queridos amigos, hoy celebramos el Cuarto Domingo de Pascua, conocido también como el Domingo del Buen Pastor, ya que todos los años leemos en este día parte de la parábola del Buen Pastor que Juan describe en el Capítulo 10 de su Evangelio.

Hoy no son sino cuatro versículos, pero llenos de vida y de esperanza para todos nosotros. Hasta me atrevería a decir que aquí a Jesús se le pasó la mano. Así son las generosidades del corazón de Dios.

Lo primero que destaca es “que mis ovejas me escuchan mi voz”. Ese es el primer paso abrirnos a Dios. Esa fue también la base de la espiritualidad del Antiguo Testamento: “Escucha. Israel.” Algo fundamental hoy que tanto se habla del silencio de Dios. El Dios de nuestra fe es un Dios que habla porque sólo se puede escuchar al que habla no al mudo.

En segundo lugar, nosotros no somos unos desconocidos de Dios. “Yo las conozco” nos dice Jesús. ¿Sabías tú que Dios te conoce por tu propio nombre y apellido?

Para en un tercer momento plantearnos nuestra verdadera actitud para con Él: “Y ellas me siguen.” El seguimiento es la gran invitación que hace Jesús. “Tú sígueme.”

Pero todo eso tiene un final: tendremos vida. “Yo les doy la vida eterna.”

El Papa Francisco nos comenta: “Esta es una gran responsabilidad y debemos pedir al Señor la gracia de la generosidad y el valor y la paciencia para salir, para salir a anunciar el Evangelio. Ah, esto es difícil. Es más fácil quedarse en casa, con esa única oveja. Es más fácil con esa oveja, peinarla, acariciarla... pero nosotros sacerdotes, también vosotros cristianos, todos: el Señor nos quiere pastores, no peinadores de ovejas; ¡pastores!”

Y añade: “Al final un obispo no es obispo para sí mismo, es para el pueblo; y un sacerdote no es sacerdote para sí mismo, es para el pueblo: al servicio de, para hacer crecer, para pastorear al pueblo, precisamente al rebaño, ¿no? Para defenderlo de los lobos. ¡Es bello pensar esto! Cuando en este camino el obispo hace eso es una bella relación con el pueblo, como el obispo Pablo hizo con su pueblo, ¿no? Y cuando el sacerdote tiene esa bella relación con el pueblo, nos da un amor: viene un amor entre ellos, un verdadero amor, y la Iglesia se vuelve unida”.

Queridos amigos, ¿no os parece un lindo mensaje para todos nosotros? ¿No sentís que la Palabra de Dios es hoy todo un mundo de esperanzas e ilusiones?

domingo, 20 de marzo de 2016

DOMINGO DE RAMOS


DOMINGO DE RAMOS
LA PASIÓN DE JESÚS
"Ciertamente este hombre era justo"
Por el P. Clemente Sobrado


San Lucas en el Capítulo 23, versículos del 1 al 49 (Hacemos una lectura abreviada)

Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.” Se repartieron sus vestidos, echando a suertes. Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: “A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.” También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!” Había encima de él una inscripción: “Este es el Rey de los judíos.” Uno de los malhechores colgados le insultaba: “¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!” Pero el otro le respondió diciendo: “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.” Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.”Jesús le dijo: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.” Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” y, dicho esto, expiró. Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: “Ciertamente este hombre era justo.”

Reflexión


La historia de la Pasión que leemos hoy como introducción a la Semana Santa es una historia donde solo hablan los hombres porque Jesús guarda silencio. Sólo alguna que otra palabra. Donde más habla es en la cruz, esas que llamamos las siete palabras. Lucas pone en boca de Jesús tres palabras: La del perdón, la de la promesa al buen ladrón y la entrega de su espíritu en manos del Padre, pero Lucas tiene un detalle: la muerte de Jesús está sellada con la confesión de fe del Centurión Romano, un pagano que reconoce a Dios en la Cruz.

Las tres Palabra citadas por Lucas son realmente divinas y humanas. Divinas porque sólo Dios puede olvidarse de sí mismo y de sus sufrimientos para seguir pensando en el hombre. Sólo Dios puede morir perdonando, que es el mejor oficio de Dios. Y sólo Dios es capaz de abrir a la esperanza de la salvación a un facineroso que muere a su lado. Morir regalando esperanza. Y sólo Él es dueño de la muerte. Por eso sólo Él es capaz de vencer a la muerte entregando voluntariamente su espíritu en las manos del Padre.

A la vez, son palabras profundamente humanas. Revelan la gran sensibilidad de Jesús hacia el dolor de los demás. Revelan que se puede morir olvidándose de su muerte para dedicar sus últimos momentos a quienes están necesitados de perdón y de esperanza. Por eso mismo, la Semana Santa no podemos vivirla sin sentirnos solidarios con los demás. La Semana Santa es un diálogo con Dios y con los hombres, un compromiso con Dios y con los hombres. Porque es la gran semana del amor. Un amor capaz de ganar nada menos que el corazón de un pagano, el Centurión Romano.

Recomendamos ver el testimonio del actor JIM CAVIEZEL que interpreta a Jesucristo en la pelicula LA PASIÓN.

https://www.youtube.com/watch?v=qYXypTug4ys

Fuentes
La Iglesia que camina
Medita en Paz
Youtube

domingo, 13 de marzo de 2016


QUINTO DOMINGO DE CUARESMA
LA MUJER ADULTERA
“Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.”
Por el P. Clemente Sobrado


San Juan  8, 1 al 11:

Jesús se retiró al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a las adúlteras. ¿Tú qué dices?” Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.” E inclinándose de nuevo, seguía escribiendo en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se fueron escabullendo uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?” Ella respondió: “Nadie, Señor.” Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.”

Reflexión

El pasado domingo era el hijo que se largó de casa y quiso vivir su propia vida a su aire y estilo, hasta que la vida misma lo hundió como persona y le hizo soñar de nuevo en el calor del hogar. Hoy el Evangelio nos presenta una escena terriblemente dolorosa, por una parte, y, por otra, tremendamente humana, tierna y divina. Una mujer sorprendida en adulterio. Una escena con tres tipos de personajes.

Una mujer sorprendida en pecado y con la muerte pendiente sobre su cabeza. Unos escribas y fariseos acusándola y, con las manos llenas de piedras, dispuestos a apedrearla. Además, un Jesús sereno y tranquilo, dispuesto siempre a defender al débil que ha caído y dispuesto siempre a levantarle. Allí, el padre recibe entre besos y abrazos al hijo que vuelve a casa, aquí Jesús dispuesto siempre al perdón y devolver a la vida a la que los hombres están dispuestos a apedrear.

Tendríamos que entrar en el corazón de cada uno de estos tres personajes. Al margen de lo que puedan ver los ojos, será necesario meternos dentro de cada uno de ellos.

Una mujer hundida en la vergüenza, temblando de miedo ante la dureza y la incomprensión humana. Unos hombres siempre dispuestos a escandalizarse de los pecados de los demás, siempre dispuestos a juzgar y condenar a los otros. Además, un Jesús, siempre dispuesto a amar, a perdonar, a salvar, a tender sus manos para levantar al que ha caído.

Misterio del corazón humano, del tuyo y del mío. Misterio de debilidad. Misterio de dureza para con los demás. Y misterio del corazón de Dios que solo sabe amar y perdonar o, como escribe el Papa Francisco: “La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo.” “El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueve e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza.” Sin el testimonio del perdón, sin embargo, queda solo una vida infecunda y estéril, como si se viviese en un desierto desolado. Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón. Es el tiempo de retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos. El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza. (Bula 10)

domingo, 6 de marzo de 2016



CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
LA PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO
"Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo."
Por el P. Clemente Sobrado


San Lucas en el Capítulo 15 versículos del 1 al 3 y del 11 al 32:

Los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este acoge a los pecadores y come con ellos.”

Jesús les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde." Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.

Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su estómago con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.

Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partió hacia su padre. “Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.

El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo."

Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta.

“Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, e intentaba persuadirlo.

Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha malgastado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!"

“Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”

Reflexión

Queridos amigos: En este Cuarto Domingo de Cuaresma leemos la parábola del hijo pródigo. En este capítulo de Lucas hay tres parábolas de la misericordia. El hijo que se va, la oveja perdida y la moneda perdida. En estas “parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo lo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón”. Así se expresa el Papa Francisco. Prefiero llamarla “la Parábola del corazón del Padre Dios”. Claro, sin prescindir del hijo menor que se largó de casa, ni del hermano mayor, que trabajaba y estaba en casa, pero que nunca descubrió ni su amor filial ni su amor fraterno.

Ambos hijos pertenecen al mismo cuadro que quiere revelar al corazón de Dios. El corazón de Dios para con aquellos que prefieren su libertad a estar con el Padre y el corazón de Dios que trata de convencer a los de casa de que lo fundamental es el amor y no la obediencia a la ley ni comerse un cabrito con los amigos.

Es para leerla desde la propia vida y que cada uno nos situemos en el lugar que nos corresponde: de hijo menor, de hijo mayor o de Padre.

No sé en cuál de ellos os situaréis cada uno de vosotros. Mi ilusión sería poder tener el corazón del Padre, capaz de amar a los que se van y regresan oliendo a chanchos, y capaz de amar al hijo mayor que no entiende de amor ni entiende de fiesta ni entiende de fraternidad. La intención de Jesús es revelar el corazón de Dios por encima de la pobreza de nuestros corazones.

domingo, 28 de febrero de 2016


TERCER DOMINGO DE CUARESMA
LA HIGUERA DE LA VIÑA
"Si no se convierten, todos perecerán..."
Por el P. Clemente Sobrado


San Lucas 13, 1 - 9:

En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.” Les dijo esta parábola: “Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?" Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no lo da, la cortas."

Reflexión

Queridos amigos, ¿os ha gustado este Evangelio? ¿Os ha dicho algo personalmente? ¿Quieren que les diga lo que personalmente he sentido? Pues dos cosas.

La primera, que me ha dado una pequeña o grande cachetada porque qué fácil es pensar que uno es bueno y que los otros son malos. Como si uno fuese siempre diferente a los demás. A poco que nos miremos la suela del zapato nos damos cuenta de que todos somos bien parecidos. Lo que sucede es aquello que un día dijo Jesús: no vemos la viga en nuestro ojo, pero qué buena vista tenemos para ver la motita en el ojo del vecino. Hoy Jesús viene a decirnos que “no somos distintos ni a aquellos galileos a quien sacrificó Pilato”, ni tampoco somos diferentes a aquellos que murieron aplastados por la torre de Siloé.

Y la segunda, algo que me encanta y que me abre constantemente a la esperanza. Veo mis prisas y que no puedo vivir sin el reloj en la mano, mientras que Dios no tiene prisa alguna y tiene todos los hígados del mundo para saber esperar.

Mientras nosotros enseguida vemos que los demás no dan frutos de vida y estaríamos dispuestos a sacarlos de la Iglesia para que no ocupen una banca inútilmente, Dios tiene la suficiente paciencia para decirnos que esperemos, que cortar y echar fuera es fácil. Lo difícil es dar tiempo a la gente para que pueda madurar, cambiar y dar frutos de conversión.
Pero Dios no es tampoco de los que esperan sentados o tumbados en la mecedora. Seguirá abonando nuestras raíces, fortaleciéndolas, para que tengan más vida y la higuera de nuestras vidas pueda dar sabrosos frutos de gracia y santidad.

Así que, amigos, en vez de rechazar a los demás, preocupémonos más de echarles una mano, darles una ayudita y enriquezcamos más su corazón con nuestro amor. ¿Verdad que todo esto es lindo y maravilloso?

domingo, 14 de febrero de 2016


PRIMERA SEMANA DE CUARESMA
JESÚS ES TENTADO EN EL DESIERTO
"No solo de pan vive el hombre"
Por el P. Clemente Sobrado

San Lucas  4, 1 - 13:

Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.”Jesús le respondió: “Esta escrito: No sólo de pan vive el hombre.”Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: “Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya.” Jesús le respondió: “Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto.”Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden. Y en sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.” Jesús le respondió: “Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.”Acabada toda tentación, el diablo se alejó de Él hasta un tiempo oportuno.

Reflexión

Comenzamos la Cuaresma con un Jesús conducido por el Espíritu y haciendo la experiencia del drama del corazón de cada uno de nosotros. La experiencia de sentirse tentado. Tres tentaciones: “Convertir las piedras en panes: manipulación de Dios.” “Conseguir poder y gloria: ansia de dominar a los demás.” “Tentar a Dios, pidiéndole milagros inútiles.” Y tres respuestas: “No solo de pan vive el hombre.” “Solo adorarás al Señor tu Dios.” “No tentarás al Señor tu Dios.”

En el fondo, la historia de la lucha interior que todos llevamos dentro, nuestro drama espiritual, que yo resumiría en pocas palabras: El hombre estómago. El hombre dios. El hombre milagros.

Este año nos toca vivir la Cuaresma del Año Jubilar y que el Papa Francisco quiere “sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios”. Por eso pone el acento en la misericordia y nos dice:

“Nunca me cansaré de insistir en que los confesores sean un verdadero signo de la misericordia del Padre. Ninguno de nosotros es dueño del Sacramento, sino fiel servidor del perdón de Dios. Cada confesor deberá acoger a los fieles como el padre en la parábola del hijo pródigo: un padre que corre al encuentro del hijo no obstante hubiese dilapidado sus bienes. Los confesores están llamados a abrazar a ese hijo arrepentido que vuelve a casa y a manifestar la alegría por haberlo encontrado. No se cansarán de salir al encuentro también del otro hijo que se quedó afuera, incapaz de alegrarse, para explicarle que su juicio severo es injusto y no tiene ningún sentido ante la misericordia del Padre que no conoce confines. No harán preguntas impertinentes, sino como el padre de la parábola interrumpirán el discurso preparado por el hijo pródigo, porque serán capaces de percibir en el corazón de cada penitente la invocación de ayuda y la súplica de perdón. En fin, los confesores están llamados a ser siempre, en todas partes, en cada situación y a pesar de todo, el signo del primado de la misericordia. La palabra del perdón pueda llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente.” (Bula n 17)

domingo, 10 de enero de 2016


JESÚS PERDIDO EN EL TEMPLO
"¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”
Por el P. Clemente Sobrado


San Lucas 2,  41 al 52:


Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que las oían quedaban a sombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.”
Él les contestó: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Pero ellos, no comprendieron lo que quería decir. El bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

Reflexión

Queridos amigos: Cerramos este año 2015 con la celebración de la fiesta de la Familia de Jesús, José y María. Es decir, Dios no solo se hace hombre sino que asume la realidad entera del hombre. Hoy tendríamos que decir que el Dios familia trinitaria se hace también “Familia humana”. La familia como espacio de Dios. La familia como experiencia humana de Dios. La familia como espacio de encuentro con los hombres y de camino para la realización de los planes de Dios.

Lo primero que nos describe Lucas es la experiencia religiosa de la familia de Jesús. Cada año acudían al Templo, como era su costumbre. Jesús comienza por la experiencia de la antigua religiosidad de su pueblo, una religiosidad que luego Él mismo transformaría en la religiosidad de la nueva Pascua.

Aquí se da el primer paso de Jesús en la realización de su misión. Ante la mirada atónita y sorprendida de María y José marca sus distancias con ellos, les hace ver que ellos no son los que deben señalarle el camino, que sobre ellos está la voluntad del Padre Dios. Una bella experiencia para todos los padres. Los padres dan la vida al hijo, pero no son dueños del hijo. El hijo tiene su propia identidad y vocación y misión señalada por Dios. No siempre los padres podrán comprender la libertad espiritual de sus hijos.

En todo caso, la verdadera hora de Jesús aún no ha llegado, todavía tendrá que esperar. Mientras tanto, seguirá en la obediencia a María y a José. Una bella lección para los hijos que, con frecuencia, tienen prisa para vivir la vida y que se la tragan sin digerirla.

Pero Lucas nos ofrece un detalle interesante que debiera servir de guía a todos los hijos y en su medida a todos los padres. Jesús crecía en una armonía plena: crecía físicamente, sicológicamente y en gracia, tanto delante de Dios como de los hombres. La verdadera madurez del hombre tiene que ser física, sicológica y espiritual. Cualquiera de las tres que fallen crea un desequilibrio en la persona humana.

domingo, 20 de diciembre de 2015


CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
LOS RASGOS DE MARÍA
Por el P. José Antonio Pagola


Lucas 1, 39-45

"En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito.
- ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."

Reflexión

La visita de María a Isabel le permite al evangelista Lucas poner en contacto al Bautista y a Jesús antes incluso de haber nacido. La escena está cargada de una atmósfera muy especial. Las dos van a ser madres. Las dos han sido llamadas a colaborar en el plan de Dios. No hay varones. Zacarías ha quedado mudo. José está sorprendentemente ausente. Las dos mujeres ocupan toda la escena.

María que ha llegado aprisa desde Nazaret se convierte en la figura central. Todo gira en torno a ella y a su Hijo. Su imagen brilla con unos rasgos más genuinos que muchos otros que le han sido añadidos posteriormente a partir de advocaciones y títulos más alejados del clima de los evangelios.

María, «la madre de mi Señor». Así lo proclama Isabel a gritos y llena del Espíritu Santo. Es cierto: para los seguidores de Jesús, María es, antes que nada, la Madre de nuestro Señor. Éste es el punto de partida de toda su grandeza. Los primeros cristianos nunca separan a María de Jesús. Son inseparables. «Bendecida por Dios entre todas las mujeres», ella nos ofrece a Jesús, «fruto bendito de su vientre».

María, la creyente. Isabel la declara dichosa porque «ha creído». María es grande no simplemente por su maternidad biológica, sino por haber acogido con fe la llamada de Dios a ser Madre del Salvador. Ha sabido escuchar a Dios; ha guardado su Palabra dentro de su corazón; la ha meditado; la ha puesto en práctica cumpliendo fielmente su vocación. María es Madre creyente.

María, la evangelizadora. María ofrece a todos la salvación de Dios que ha acogido en su propio Hijo. Ésa es su gran misión y su servicio. Según el relato, María evangeliza no sólo con sus gestos y palabras, sino porque allá a donde va lleva consigo la persona de Jesús y su Espíritu. Esto es lo esencial del acto evangelizador.

María, portadora de alegría. El saludo de María contagia la alegría que brota de su Hijo Jesús. Ella ha sido la primera en escuchar la invitación de Dios: «Alégrate...el Señor está contigo». Ahora, desde una actitud de servicio y de ayuda a quienes la necesitan, María irradia la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, al que siempre lleva consigo. Ella es para la Iglesia el mejor modelo de una evangelización gozosa.

Quien cree en la encarnación de Dios, que ha querido compartir nuestra vida y acompañarnos en nuestra indigencia, se siente llamado a vivir de otra manera.

No se trata de hacer «cosas grandes». Quizá, sencillamente, ofrecer nuestra amistad a ese vecino hundido en la soledad, estar cerca de ese joven que sufre depresión, tener paciencia con ese anciano que busca ser escuchado por alguien, estar junto a esos padres que tienen a su hijo en la cárcel, alegrar el rostro de ese niño triste marcado por la separación de sus padres...

Este amor que nos lleva a compartir las cargas y el peso que tiene que soportar el hermano es un amor «salvador», porque libera de la soledad e introduce una esperanza nueva en quien sufre, pues se siente acompañado en su aflicción."

domingo, 13 de diciembre de 2015


TERCER DOMINGO DE ADVIENTO
REPARTIR CON EL QUE NO TIENE
Llevar a los demás el legado de Cristo
Por el P. José Antonio Pagola


Lucas 3,10-18

En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: “ qué debemos hacer?” El contestó: “Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo”. También acudían a él los publicanos para que los bautizara, y le preguntaban: “Maestro, ¿qué tenemos que hacer nosotros?” El les decía: “No cobren más de lo establecido”. Unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?” El les dijo: “No extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente, sino conténtense con su salario”. Como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizá Juan era el Mesías, Juan los sacó de dudas, diciéndoles: “Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja; guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”. Con éstas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva.

Reflexión

La palabra del Bautista desde el desierto tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.

El Bautista no les propone ritos religiosos ni tampoco normas ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana, desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.

Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista sabe resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.

¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?

Y ¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?

Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón, de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de que vivimos «cautivos de una religión burguesa». El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es esta la que está desvirtuando lo mejor de la religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.

Por eso, hemos valorar y agradecer mucho más el esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este «cautiverio», comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano."

domingo, 29 de noviembre de 2015


PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
ESTAR SIEMPRE DESPIERTOS Y ATENTOS
"Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder u majestad"
Por el P. Clemente Sobrado


San Lucas 21, versículos del 25 al 28 y del 34 al 36:

Dijo Jesús a sus discípulos: “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder u majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerzas para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos siempre en pie ante el Hijo del hombre.”

Reflexión

Amigos de cada domingo: Comenzamos el nuevo Año Litúrgico, en el Ciclo C. Diera la impresión de que lo comenzamos con trágicas noticias; sin embargo, si leemos atentamente las tres lecturas de hoy, veremos se trata de un mensaje de gozosa esperanza.

Jeremías nos anuncia los días en los que las promesas de Dios serán cumplidas. Del viejo tronco del Antiguo Testamento está brotando la novedad de Dios, en la persona de su Hijo encarnado. Ya no vamos a vivir de promesas, estamos en el tiempo de las realidades.

Por su parte, San Pablo nos marca el camino para abrirnos a las distintas venidas de Jesús. La primera, la Navidad, luego la infinidad de venidas en nuestra historia personal y la venida definitiva al final de los tiempos. El camino es claro, la plenitud del amor y un espíritu fuerte, interiormente fortalecidos por la fuerza del Espíritu.

Finalmente, el Evangelio nos pide actitudes positivas, esperanzadoras. Nada de vivir sentados, nada de vivir cabizbajos, hay que levantar la cabeza, mirar lejos, descubrir horizontes nuevos, pues nuestra salvación está cerca.

Nada de evasiones, nada de huir de la realidad. El cristiano es el que mira de frente y con la cabeza en alto. El cristiano no puede caer en la tentación de quedarse dormido. El cristiano tiene que estar despierto, alerta, en vilo, atento siempre a lo que pasa y atento siempre a Dios que cada día quiere hacerse presente en nuestras vidas; incluso si la realidad, con frecuencia, trata hacerlo invisible. Entramos, por tanto, en un tiempo de esperanza, en un tiempo en el que a nadie le es permitido esconder la cabeza para no ver. Con el Papa Francisco os digo: “No dejéis que os roben la esperanza.”

domingo, 15 de noviembre de 2015


LA MANIFESTACIÓN GLORIOSA DEL HIJO DEL HOMBRE
"..Él está cerca.."
Por el P. Clemente Sobrado



San Marcos 13, 24 al 32:

“Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas.
Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. “De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.”

Reflexión

Queridos amigos: Muchos pudieran pensar que el Evangelio de hoy se pone trágico y trata de poner miedo en el corazón de la gente. Y no es esta la intención de Jesús.

Aquí hay dos ideas centrales. La primera, es el anuncio de la última venida de Jesús al final de los tiempos y, la segunda, nos hace dos advertencias, la advertencia de aprender a ver los signos de la venida de Dios a los hombres y la advertencia a tener esperanza; pues aunque todo esté llamado a tener un fin, la Palabra de Jesús estará ahí para mantener vivas nuestra fe y nuestra esperanza.

Cuando Dios quiere hacer alguna manifestación especial lo rodea de ciertos fenómenos llamativos. Cuando Moisés recibió las tablas de la ley en el Sinaí, el monte tembló con los rayos y truenos. Y ahora cuando nos quiere anunciar la última venida de Jesús, nos habla de cataclismo y destrucción.

En realidad, lo hace por dos motivos. El primero, todo pasa, este mundo pasará, pero su palabra no pasará y, lo segundo, para que nazca lo nuevo es preciso destruir lo viejo. Nadie construye un edificio nuevo sobre el viejo. Primero hay que destruir lo viejo para dar paso a lo nuevo. Primero tenemos que destruir lo viejo de nuestro corazón para que Dios construya el hombre nuevo. Primero destruimos el pecado y luego levantamos el edificio de la santidad y la gracia.

Por tanto, es un domingo no para entrar en el miedo, sino para abrirnos a la esperanza. Una esperanza que luego tendremos que continuar en el Adviento. No es la esperanza de las cosas que pueden fallarnos, sino la esperanza fundamentada en la palabra de Dios.

domingo, 8 de noviembre de 2015


LA OFRENDA DE LA VIUDA
Dar lo mejor de nosotros
Por el P. Clemente Sobrado

San Marcos 12, 41 - 44:

Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: “Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.”

Reflexión

Amigos, el Evangelio nos presenta hoy a esta pobre viuda, aparentemente intrascendente, que Jesús nos presenta como un modelo de vida cristiana. Vamos rescatar algunos detalles que nos ayuden a iluminar nuestras vidas.

En primer lugar, las cosas no son como son sino como las vemos. Todo se ve según los criterios con los que miramos las cosas. Si las miramos desde el egoísmo o si las miramos desde el amor y la generosidad.

En segundo lugar, no es cuestión de dar cosas, sino con qué corazón las damos. No es la cantidad, sino la calidad del dar.

En tercer lugar, depende qué es lo que damos a los demás. Podemos dar lo que nos estorba en casa y ya no nos sirve, esa es una manera de desentendernos de ello. Podemos dar aquello que nos sobra o podemos dar aún de aquello que nosotros necesitamos. Incluso, podemos dar pasando nosotros necesidad y lo que tenemos para vivir. Esto lo llamaría, no dar cosas sino darse a si mismo.

Esta fue la conducta de Jesús. Más que cosas, que es lo que a veces a nosotros más nos interesa, se da a si mismo y se da hasta entregar su propia vida. Lo dice Él mismo: “Nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por los amigos.”

Amigos, hagámonos una pregunta hoy: ¿Qué damos? ¿Cómo lo damos?

domingo, 27 de septiembre de 2015



JESÚS QUIERE QUE TODOS SE SALVEN
Nacemos para llegar a la plenitud en Dios
Por el P. Clemente Sobrado

San Marcos  9, versículos del 38 al 43, el 45 y el 47 y 48:

Juan le dijo: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.” Pero Jesús dijo: “No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está con nosotros.” “Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.” “Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino y que le echen al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir al infierno, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado al infierno. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado al infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.”

Reflexión

Amigos: Leyendo este Evangelio todos sentimos como una pequeña bofetada porque, en realidad, sentimos que tampoco nosotros somos distintos a los discípulos. ¡Qué difícil nos resulta a todos reconocer que otros puedan hacer lo que nosotros hacemos! Diera la impresión de que cada uno tenemos la exclusiva de Dios, la exclusiva de la santidad, la exclusiva de la salvación.

De una u otra manera, todos vivimos el principio de la exclusión de los demás. “Hemos visto a uno que hacía milagros en tu nombre y se lo hemos prohibido.” Eso nos pertenece a nosotros. Nosotros somos los dueños de la patente de Jesús. Todos nos sentimos dueños de la verdad y nos cerramos a la verdad de los demás. En el fondo, somos unos intransigentes y queremos sentirnos los únicos. A los demás los excluimos, sencillamente, “porque no son de nuestro partido, no son de nuestra Iglesia, no piensan como nosotros, no tienen nuestros gustos”. Es decir, “no son de los nuestros”.

En un segundo plano, nos presenta la imagen de los niños como modelos de nuestra propia identidad y nos dice que escandalizar a un niño es como renunciar a pertenecer al Reino de Dios.

Para, finalmente, terminar con una serie de imágenes un tanto escandalosas para decirnos que lo importante en la vida es nuestra salvación. Al fin y al cabo, nacemos para llegar a la plenitud en Dios. Jesús mismo se encarna para que tengamos fe y nos salvemos. Las imágenes no pueden ser tomadas literalmente, pero sí nos las propone como una provocación para hacernos sentir que todo se relativiza cuando se pone en juego nuestra salvación.

domingo, 20 de septiembre de 2015


EL PRIMERO ES EL ÚLTIMO DE TODOS
"... y el  servidor de todos.”
Por el P. Clemente Sobrado

San Marcos 9,  30 al 37:

Y saliendo de allí, iban caminando por Galilea; Él no quería que se supiera porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.” Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: “¿De qué discutíais por el camino?” Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.” Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado.”

Reflexión

Amigos, ¿alguien se da por aludido con este Evangelio? Cuando menos, ¿no os resulta curioso o, mejor aún, chocante? Mientras Jesús les va explicando por segunda vez, cómo su camino y su meta es Jerusalén y que allí lo prendarán, lo condenarán y lo matarán, ellos prefieren hacerse los sordos, porque ellos viven otros intereses. Para ellos la muerte de Jesús no les resulta interesante. Mucho más importante es discutir y delimitar los puestos de cada uno en el nuevo Reino. ¿Quién de ellos va a ocupar el primer lugar? Esto sí era importante.

Lo curioso es que Jesús no les interrumpe, ni les increpa, los deja seguir hablando. Luego con gran delicadeza, llegados a casa, les pregunta de qué hablaban por el camino. Pareciera que ellos recién toman conciencia y guardan silencio. Un silencio culpable y vergonzoso. Debieron de sentirse mal, me imagino yo, porque ninguno abrió la boca.

Entonces Jesús les ofrece un criterio de prioridades y les ofrece un ejemplo práctico. “El que quiera ser el primero, que busque ser el último y sea el servidor de todos.” Luego les pone en medio a un niño: “El que no acoge a un niño como éste tampoco me acoge a mí ni al Padre que me ha enviado.”

¿De qué discuten hoy los hombres? ¿Alguien discute para ser el que se pone al servicio de todos? O incluso, ¿no estaremos usando mal este texto del Evangelio? Sí. Porque con frecuencia justificamos nuestras ansias de poder del tipo que sea con ese eufemismo de que es “para servir a los demás”. ¿Creen ustedes que quien no ha servido antes a los demás, servirá cuando esté arriba y tenga en sus manos el poder? Otra pregunta, ¿de qué sirven los que están arriba si no sirven a los demás?

domingo, 6 de septiembre de 2015


LA SANACIÓN DEL SORDOMUDO
La Fuerza de la Fe
P. José Rodrigo Escorza 


Marcos (7,31-37):

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Reflexión

Pensemos en los muchos que Jesús ha querido encontrar, sobre todo, personas afectadas por la enfermedad y la discapacidad, para sanarles y devolverles su dignidad plena. Es muy importante que justo estas personas se conviertan en testigos de una nueva actitud, que podemos llamar cultura del encuentro.

Aquí están las dos culturas opuestas. La cultura del encuentro y la cultura de la exclusión, la cultura del prejuicio, porque se perjudica y se excluye. La persona enferma y discapacitada, precisamente a partir de su fragilidad, de su límite, puede llegar a ser testigo del encuentro: el encuentro con Jesús, que abre a la vida y a la fe, y el encuentro con los demás, con la comunidad. En efecto, sólo quien reconoce la propia fragilidad, el propio límite puede construir relaciones fraternas y solidarias, en la Iglesia y en la sociedad.

Y ahora miremos a la Virgen. En ella se dio el primer encuentro: el encuentro entre Dios y la humanidad. Pidamos a la Virgen que nos ayude a ir adelante en esta cultura del encuentro. Y nos dirigimos a Ella con el Ave María.» (Discurso de S.S. Francisco, 29 de marzo de 2014).

"Ve y dile que los ciegos ven, los sordos oyen, y que ha llegado la liberación a los cautivos". Así resume su misión Cristo, porque ha sido enviado a curar a todos los enfermos y a traer la paz a los hombres.

¿Cómo quisiéramos que se nos dijera que todo lo hemos hecho bien? La vanidad y la envidia nos entran cuando vemos que otros son alabados por algo en lo que nosotros tuvimos mucho que ver. Nos enojamos y desearíamos que se nos alabara, por eso nace la competitividad entre los hombres.

Pero si todo es por vanidad, cuando lo obtengas, ¿serás feliz eternamente? Ya decía San Juan Crisóstomo al citar el Qoelet: "Vanidad de vanidades, todo es vanidad". Y lo decía con verdad, porque lo único que tiene que importarnos no son las alabanzas, sino el hacer bien las cosas por amor a Dios. Todo lo demás sale sobrando.

domingo, 23 de agosto de 2015


 PALABRAS DE VIDA ETERNA
Por el P. Clemente Sobrado

San Juan  6,  60 - 69:

Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: “Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?”Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: “¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?” “El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.”“Pero hay entre vosotros algunos que no creen.” Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.”Y decía: “Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.” Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Jesús dijo entonces a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”
Le respondió Simón Pedro: “Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.”

Reflexión


Queridos amigos: Con este domingo ponemos fin al largo Capítulo 6 del Pan de la vida. El Evangelio que hemos leído nos presenta una serie de rasgos sumamente ilustrativos de nuestra fe y de nuestro ser cristianos. Los resumo brevemente:

“Este lenguaje es difícil, ¿cómo creer en Él?” Las exigencias de Dios siempre nos resultan difíciles porque rompen nuestros esquemas mentales y nuestros planes y proyectos. Y en eso nos escudamos para no creer.

“Algunos no creían en Él.” Curioso, se puede estar en la Iglesia, llamarse cristiano y, sin embargo, no tener fe. Más que seguirle nos sentimos llevados por la masa. Hasta somos capaces de disimular nuestra falta de fe...

“Sabía quién de ellos le iba a entregar.” Misterio de la bondad y del amor de Dios. Sabe que en el grupo está el traidor; sin embargo, no lo echa, no lo excluye. Prefiere darle todas las oportunidades para que la gracia toque su corazón. Es posible que nosotros le hubiésemos echado a patadas de una vez por todas.

“Muchos se volvieron atrás y no le siguieron más.” Misterio del corazón humano y misterio del corazón de Dios siempre respetuoso de la libertad del hombre. Le duele verlos marchar, pero no los retiene por la fuerza. La fe tiene que ser una decisión libre y no impuesta.

“¿También vosotros queréis marcharos?” Hay momentos en los que es preciso tomar decisiones. Los discípulos cercanos a Jesús son puestos contra la pared. ¿Queréis iros? En la Iglesia no se retiene a nadie forzado y obligado. Si alguien no se siente a gusto tiene las puertas abiertas. ¿Alguna vez nos hemos visto ante situaciones en las hemos tenido que tomar opciones radicales?

domingo, 2 de agosto de 2015

 
YO SOY EL PAN QUE DA LA VIDA
"El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.”
Por el P. Clemente Sobrado
 
San Juan  6,  24 - 35:

Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: “Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?” Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.” Ellos le dijeron: “¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?” Jesús les respondió: “La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado.” Ellos entonces le dijeron: “¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.” Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.” Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan.” Les dijo Jesús: “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.”

Reflexión

Queridos amigos: El Evangelio de hoy es prácticamente continuación del relato de la multiplicación de los panes, pero saca las conclusiones y consecuencias que entonces quedaban como medio escondidas. Yo quisiera rescatar tres rasgos de este Evangelio de hoy:

El primero: La gente seguía a Jesús más con el estómago que con el convencimiento de la fe, más como a panadero que como el verdadero pan que Dios nos regala. Jesús se los echa en cara: “Me buscáis porque habéis comido hasta saciaros, no porque habéis visto los verdaderos signos”, es decir, no entendisteis lo que quise deciros.

El segundo: Algo curioso, a Dios siempre le tenemos que pedir razones y explicaciones para poder creer en Él. El caso es que las señales que Dios da de sí mismo no las entendemos y le pedimos las que a nosotros nos convienen o interesan.

Y tercero: Por primera vez Jesús se proclama a sí mismo como el verdadero pan. Un pan nuevo, distinto al que estaban acostumbrados, el pan de cebada. Él será el pan de vida.

Si la multiplicación de los panes era una manera de expresar la Eucaristía o la Misa, hoy Jesús hace como el primer anuncio de la Eucaristía que instituirá en la Cena del Jueves Santo. Tres ideas importantes para clarificar nuestra fe en Jesús.
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