

No es éste un caso aislado, sino bastante frecuente. Es una manera con que diversas empresas e instituciones "aceitan" (León dixit) las relaciones para lograr leyes, decisiones y sentencias favorables. Lo peor es que al institucionalizarse, los recurrentes se sienten casi obligados a actuar de esta manera para poder conseguir lo que les corresponde por derecho.
Una vez que se ha recibido el "favor", es muy difícil dejar de mirar con benevolencia (por decir lo menos) la causa del que te ha dado la prebenda. Por ello, lo realmente ético es rechazar de plano los ofrecimientos, pues toda herida deja su huella. No es fácil hacerlo, pero es lo único posible, pues una vez aceptada la primera vez, queda sentado el precedente para los que buscan "favores", y queda el gusto por lo fácil en quien accedió a recibir.

Juan Borea Odría
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