EL PELIGRO DE LAS RIQUEZAS
"Y quién se podrá salvar?"
Por el P. Clemente Sobrado
San Marcos 10, 17 30:

Reflexión
Hola amigos, ¿cómo habéis amanecido? Espero que el sol de la alegría y de la esperanza esté iluminando vuestras vidas. ¿Y qué os parece este Evangelio del joven que llega corriendo, se pone de rodillas delante de Jesús y le abre su corazón diciendo que está vacío y que desea algo que pueda llenarle de verdad?
Fijaos que no es un ciego, un cojo, ni un leproso. Esta vez es un enfermo del alma, un enfermo del vacío que busca algo más.
Fijaos en otro detalle importante, se trata de alguien que es bueno religiosamente que cumple con todos los mandamientos desde chiquito. Por tanto, no es un pecador que quiere regresar a casa, es un hombre bueno, piadoso según la Ley.
Hasta Jesús le mira con cariño, quien no se queda con esa bondad religiosa, va mucho más al fondo del corazón. Jesús descubre que, es bueno, pero "una cosa le falta". Es una persona buena, pero apegada a sus riquezas. Vive su vida de manera individualista y ahí Jesús le pone el parche: tiene que desprenderse de lo que tiene, debe pensar en los demás, "vender lo que tiene y dárselo a los pobres", y luego seguirle, aceptar el reto y el desafío del Evangelio. Ha cumplido con los preceptos de la Ley, pero le falta aceptar las exigencias y los ideales del Evangelio.
Ahí, como dicen en la selva, "patea quiruma". Quiere ser más, pero con el corazón esta lleno de cosas. Quiere ser más, pero sin tener que compartir lo que tiene con los demás. Bien porque es piadoso y cumple los mandamientos, pero insuficiente como para arriesgarse a vivir el Evangelio.
Ahí pudiera estar nuestro problema. Somos buenos y piadosos porque cumplimos con todo, pero nuestro corazón vive con demasiados apegos. Somos buenos, pero incapaces de pensar en los demás, incapaces de compartir con los demás. Bueno, pero "una cosa nos falta" y tal vez nos falten muchas otras.
Lo que comenzó siendo una esperanza, terminó en un volver a su casa tan triste como cuando vino. El joven no aceptó el reto del cambio del corazón.
Fuente
La Iglesia que camina
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