


El buitre
Un buitre estaba mordisqueándome los pies. Ya había despedazado mis botas y calcetines, ahora muerde la carne de mis propios pies. Una y otra vez les daba un mordisco, luego me rondaba varias veces, sin cesar, para después volver a continuar con su trabajo.
Un buitre estaba mordisqueándome los pies. Ya había despedazado mis botas y calcetines, ahora muerde la carne de mis propios pies. Una y otra vez les daba un mordisco, luego me rondaba varias veces, sin cesar, para después volver a continuar con su trabajo.

-¡Vete tú a saber, dejándote torturar de esta manera! -me dijo el caballero-. Un tiro, y te echas al buitre.
-¿En serio? -dije-. ¿Y usted me haría el favor?
-Con gusto -dijo el caballero- sólo tengo que ir a casa por un arma. ¿Podría usted esperar otra media hora?
-Quién sabe -le dije, y me estuve por un momento, tieso de dolor. Entonces le dije-: Sin embargo, vaya a ver si puede... por favor.
-Muy bien -dijo el caballero- trataré de hacerlo lo más pronto que pueda. Durante la conversación, el buitre había estado tranquilamente escuchando, girando su ojo lentamente entre el caballero y yo, observando. Ahora me doy cuenta que había estado entendiéndolo todo; retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente, muy dentro de mí.
-¿En serio? -dije-. ¿Y usted me haría el favor?
-Con gusto -dijo el caballero- sólo tengo que ir a casa por un arma. ¿Podría usted esperar otra media hora?
-Quién sabe -le dije, y me estuve por un momento, tieso de dolor. Entonces le dije-: Sin embargo, vaya a ver si puede... por favor.
-Muy bien -dijo el caballero- trataré de hacerlo lo más pronto que pueda. Durante la conversación, el buitre había estado tranquilamente escuchando, girando su ojo lentamente entre el caballero y yo, observando. Ahora me doy cuenta que había estado entendiéndolo todo; retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente, muy dentro de mí.

Al caer de espaldas sentí como una liberación; sentí que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades e inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.
Mario Domínguez Olaya
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