

La conferencia quiere dar una respuesta categórica a la amenaza global del cambio climático para encauzar a la humanidad hacia un crecimiento sostenible para todos. Así, pedirá a las naciones desarrolladas recortar hasta 2020 sus emisiones entre el 25 y 40% por debajo de los niveles de 1990 para limitar el aumento de la temperatura a dos grados centígrados por encima de los valores de la era preindustrial.
Con la industrialización ha aumentado el volumen de gases de efecto invernadero en la atmósfera, sobre todo de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, fundamentales para la vida en la Tierra, y que impiden que parte del calor solar regrese al espacio.

Los expertos recomiendan que para el 2020 los países industrializados hayan reducido sus emisiones de gases causantes del efecto invernadero de un 25 a un 40 por ciento. Si eso no sucede, sequías, inundaciones, hambrunas, huracanes y otros problemas golpearán a miles de millones de personas en el planeta.
Para que Copenhague sea un éxito, movimientos ecologistas como Greenpeace piden "un acuerdo justo, vinculante y ambicioso con el compromiso de que los países industrializados recorten las emisiones en un 40% hasta 2020 frente al nivel de 1990", además de poner fin a la deforestación tropical hasta esa fecha.
La asistencia de un centenar de jefes de Estado y de Gobierno, incluidos los de la Unión Europea, a la clausura de la cumbre debe servir para dar el espaldarazo final a un tratado legalmente vinculante en 2010. En este contexto, el gobierno anfitrión danés, consideraba como muy positivo que el presidente de EEUU, Barack Obama, vaya a la clausura de la cumbre, el 18 de diciembre, en vez de al comienzo.
Desde altamar
Humberto Barreto García
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