


Dicho esto, me miró y soltando una sonora carcajada se bajó en el paradero confundido con los demás pasajeros. Comprendí en el momento que este muchacho de aspecto “normal” no estaba en sus cabales y varios sentimientos se entrecruzaron en mi mente al advertir la delgada membrana que separa la razón de la locura y algo más inquietante aún: quién y cómo se establecen los parámetros entre la racionalidad y la esquizofrenia.


El problema es que locos y cuerdos andamos por ahí mezclados, la lógica de la dialéctica nos señala que todo lo real es racional y todo lo racional es real y que lo general es lo que determina el carácter de las cosas, sin embargo a lo largo de la historia hemos tenido mas de un loco genial y muchos “cuerdos” embrutecidos. Nabucodonosor, artífice de la grandeza de Babilonia, unos años antes de morir enloqueció y se marchó a vivir a la selva como un animal totalmente desnudo y alimentándose con carne cruda; Jerjes, rey de Persia, la emprendió contra el mar a quien mandaba azotar por que no le gustaba el rugido de las olas; Tiberio expandió el poderío romano y a la vez institucionalizó la perversión creando una “Intendencia de Placeres” encargada de proveerle jovencitos de ambos sexos para su disfrute carnal; Calígula desarrollo grandes obras de ingeniería construyendo gigantescos y sofisticados acueductos y terminó asesinando a toda su familia y nombrando senadora a su yegüa Incitatus; Nerón, sobrino de Calígula cultivó el arte de la música y mandó asesinar a su madre Agripina, cuando caía la noche y quería alumbrarse tomaba a dos esclavos (cristianos por lo general) los bañaba en aceite y los encendía como antorchas y al acabó por incendiar Roma mientras tocaba su cítara.

Estamos entonces los “cuerdos” en capacidad de señalar con el dedo “tu estás loco”, y encima “sanarlos” para condenarlos a la cordura; en su momento a Leonardo Da Vinci lo tildaron de loco por que imaginó un aparato con alas que volaba y otro que se movía por debajo del mar y más aún cuando lo pillaron robando un cadáver y encontraron otro diseccionado en su taller para poder dibujar los músculos y órganos internos del cuerpo humano, el pobre Leonardo tuvo que deslizar mas de un soborno para estar a buen recaudo de la hoguera de la Inquisición y mantener la imagen de “cuerdo”; entonces sería bueno que reflexionemos sobre algunos versos de la canción de Silvio Rodríguez:
“Hay locuras de allá, donde el cuerdo no alcanza
Locuras de otro color
Locuras de otro color
Que no vale la pena curar
Hay locuras que hicieron el día
Hay locuras que están por venir
Hay locuras tan vivas tan sanas tan puras
Que una de ellas será mi morir”
Mario Domínguez Olaya
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