

Estar con dos "locos" craneando era también una "locura"; qué podía salir de ese encuentro, de esa sesión?. Entre Walter y Rubén existía un abismo, me refiero a la forma de ser de cada uno. El primero más detallista, pensante y calculador; mientras que el otro se distiguía más por su espontaneidad que por otra cosa. Fue un poco dificil lograr "la convivencia" y el "click" entre ambos (en el mejor sentido) pero creo que esto se logró porque en el fondo uno necesitaba del otro, era una perfecta "simbiosis humana"...y yo disfrutaba de la amistad de cada uno de ellos.
No queríamos "molestar" para nada a nuestros viejitos en el verano, así que la idea tenía que ser muy rentable como para pasarla bien, después disfrutando del dinero ganado. Surcaron propuestas como el lavar carros; hacer artesanías; repartir volantes; pintar casas, etc. ; sin embargo a Walter se le ocurriría una idea que hizo que años más tarde Rubén tomara una gran desición en su vida....
"Seamos revendedores de entradas, qué les parece?" fue lo que Walter exclamó después de estar unos minutos con la mirada perdida y en trance. "Es un gran negocio eso de vender entradas de espectáculos a un precio mayor", volvió a manifestar Walter Artemio. Rubén y yo nos miramos, nos sorprendimos y nos pareció un poco rara la idea. Walter como siempre volvió a la carga, "Podemos vender entradas de cine, ahora que hay estrenos taquilleros. Vamos temprano a la boletería, compramos los tickets y más tarde vendemos las entradas al doble y ganamos el 100% así de facil...cómo la ven?". "Hasta el 'keke'!, no tienes una idea mejor?", le contesté. "No Paco....ahora hay una película que ha ganado cuatro de siete premios Oscar de la Academia y de seguro que los cines van a estar reventando de gente y así nuestros bolsillos.." "Cómo se llama ese peliculón?", preguntó Rubén y Walter prosiguió: " Es una película de Stanley Kubrick, el mismo de 'La Naranja mecánica', su nombre es BARRY LYNDON...!"

Llegamos, nos hizo pasar y nos dió algo de refrescos y empanaditas. Después y luego de una charla muy amena nos retiramos del lugar. Regresamos al cine y encontramos al loco Rubén con los tickets en la mano, un poco desconcertado por la poca gente que se acercó a comprar su entrada. La función comenzaba a las 4 pm. y era el mediodía. Caminamos por la avenida Arequipa conversando de distintas cosas, entre ellas íbamos discutiendo en qué gastaríamos nuestro plata después de la venta de las entradas. Compramos algunos paquetes de galletas y gaseosas con las últimas monedas que nos quedaban.
"Oye Walter...ya no queda más dinero..." le dije. "No te preocupes, que sobrará después del negocio del siglo" dijo Walter. "No hay ni para los pasajes de regreso.." dijo Rubén. "Para qué se están preocupando, es que no tienen fe y visión para los negocios?" argumentó Walter.
Bueno, y llegó la hora de la primera función. La verdad que ya eran las 3.45 pm. y no había mucha gente. Llegaron las 4 pm. y todo igual.....4.15 pm......4.30 pm. y la gente seguía entrando al cine y la boletería seguía vendiendo, pero no acudían en la cantidad que esperábamos. Walter en un acto desesperado nos dijo que tengamos paciencia, que la gente por el calor no viene en las tardes sino en las noches, así que esperaríamos la siguiente función de las 7.15 pm. Mientras tanto las tripas cantaban desde nuestras entrañas en un coro polifónico que sonaba muy alto a pesar de la bulla del lugar. Fuimos a refrescarnos a tomar agua de un grifo, (no nos quedaba mas alternativa).
"Parece que todo este trajín es por las hue..." dije. "Nada de eso, los verdaderos conocedores del arte saben y vienen en la noche" dijo Walter Artemio. Mientras tanto, el loco Rubén aburrido hasta el perno, contaba cuantos buses de la línea 76 pasaban por el lugar. Cansados, con hambre y mas bronceados que el zambo Julián esperamos hasta la noche.
Se acercaba la hora y la impaciencia desbordaba nuestras mentes. Estábamos encima del puente que está en el cruce de las avenidas, en donde habían autos estacionados. Walter y yo preocupados y mirando la avenida Arequipa; mientras que Rubén de espaldas a nosotros y con las neuronas más excitadas que nunca. No se había percatado por lo nervioso que estaba, de que estaba moviendo un coche (creo que era un volswagen escarabajo amarillo) de arriba abajo (mismo comercial de Frunas D'onófrio) Entonces apareció de la nada un efectivo policial vestido de civil (más conocido como "raya" de la PIP de entonces) e intervino al loco Rubén y a nosotros muy violentamente.
-"A ver ustedes... qué están haciendo carajo!" nos dijo gritándonos en plena calle.
- Nada señor, no estamos haciendo nada, tan solo esperando entrar al cine."
- Nooo! ustedes quieren robar algo de este coche..! Qué hacen entonces aquí?
- Es que estamos esperando a algunos amigos para entrar..!
- Donde están las entradas?
- Aquí señor (se las mostró Rubén)
- Tantas? No serán ustedes acaso revendedores?
- No señor (los tres al unísono)
- Vengan por acá (Nos dijo el policía y nos llevó a una playa de estacionamientos de carros)
- Quítate el polo (le dijo a Rubén)
- Para qué señor? no creo que sea necesario (Muy asustado Rubén obedeció)
Lo miró al detalle como si fuera un especímen raro y exclamó:
- No hay nada.(refiriéndose a tatuajes, cicatrices, etc) ....pueden largarse...pero desaparezcan de una vez. No quiero verlos dando vueltas por aquí...entendido?
- Si señor!! (los tres nuevamente)

Por más que las ofreció nadie le compró ninguna de las 10 entradas que adquirimos. "Gran negocio de m...resultó ser tu plan..!" le dijimos a Walter Artemio. Éste argumentó que no sabía que la gente era muy inculta y que no le gustaba este tipo de películas que en otros países eran muy taquilleras (ahora después de muchos años, se que nunca fue taquillera ni aquí ni en ninguna parte) Walter no se atrevió a intentar ofertar los tickets y lo que se nos ocurrió fue devolver las entradas en boletería, ésta era una "misión suicida" para el loco Rubén que de seguro con su carisma y verbo iba conseguir sus propósitos.
Resultado: No le aceptaron la devolución. Lo único que pudimos conseguir fue la devolución de la mitad del dinero de lo que pagamos por ellas. Qué gran negocio resultó ser...! Perdimos plata, paciencia, nos tildaron de ladrones, desfallecimos por hambre y encima recuperamos solo algo de lo invertido. Además a Rubén le habían dado permiso hasta las 6.30 pm. y ya eran más de las 8 pm. Éste salió corriendo hacía la avenida Javier Prado para tomar el bus de regreso a San Juan. "Vengan muchachos....rápido corran..!" nos dijo. Lo vimos como subía a un bussing de la línea 76 (aquellos buses de color granate de la municipalidad)¨ Él creía que lo seguíamos por detrás cuando abordó el bus, pero nos encontrábamos muy atrás) En el momento que terminó de pagar al chofer levantó la mirada hacía donde nos encontrábamos -en la acera- y nosotros con un gesto amenazador como emulando ser guillotinado nos despedimos de él, desaprobando su alocada huída y dejándonos sin un puto sol para regresar a nuestras casas.
Acto seguido regresamos al departamento del familiar de Walter (la tía que fuimos a visitar) y éste le pidió dinero en préstamo para poder regresar a San Juan. Después de esto Walter Artemio durante todo el viaje se mantuvo con la boca cerrada y de ella no salió ninguna "maravillosa idea" en los siguientes tres meses....
Posdata: Con el tiempo y con el paso de los años Rubén se hizo policía...
Paco Cárdenas Linares