domingo, 28 de junio de 2015


LA CURACIÓN DE UNA MUJER Y RESURRECCIÓN DE LA HIJA DE JAIRO
"Tu fe te ha salvado"
por el P. Clemente Sobrado



San Marcos  5, 21 al 43:

Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: “Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.” Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: “Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.” Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sanada de su mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió a la gente y decía: “¿Quién me ha tocado los vestidos?” Sus discípulos le contestaron: “Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"“ Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había tocado. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. El le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.” Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: “Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?” Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: “No temas; solamente ten fe.” Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.” Y se burlaban de Él. Y tomando la mano de la niña, le dice “Muchacha, a ti te digo, levántate.” La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años.

Reflexión

Amigos, un Evangelio curioso y extraño. Dos paganos: un hombre y una mujer, se acercan a Jesús. El uno le pide que sane a su hija que se está muriendo, mientras que la otra le toca la orla del vestido y queda curada de una larga enfermedad que nadie podía curarla. A uno y a la otra los alaba por su fe.

¿Qué nos está diciendo hoy a nosotros todo esto? ¿Tiene alguna actualidad? No basta acudir a Jesús. Hay que tener fe. Sólo la fe puede hacer milagros.

Una pobre mujer que se atreve a tocar a Jesús. Un Jesús que no recrimina a la mujer, sino que la alaba por su fe y la sana. Mientras todos le apretujaban, sólo una mujer es curada, sólo una mujer es tocada por la gracia sanante de Jesús. Además, unos discípulos, claro, unos hombres, que se interponen entre ella y Jesús impidiéndole acercarse.

¿No será este el mejor signo de lo que sucede también hoy con la mujer? ¿No seremos también hoy, nosotros los hombres, los que nos interponemos entre la mujer y Jesús, entre la mujer y la Iglesia? ¿Y no será esta mujer la que también hoy se acerca temblorosa y atemorizada a la Iglesia por miedo a sentirse rechazada? Porque, seamos sinceros, tenemos palabras bonitas para con la mujer, pero a la hora de la verdad la mujer no se siente integrada plenamente en la Iglesia, sigue sintiéndose todavía como un peligro y como una cristiana de segundo plano. Escuchemos al Papa Francisco: "Sufro, y os digo la verdad, cuando veo en la Iglesia o en algunas instituciones eclesiales que el papel de la mujer queda relegado a un papel de servidumbre y no de servicio. Veo mujeres que hacen cosas de servidumbre y no de servicio."

lunes, 15 de junio de 2015

ALMUERZO DE REENCUENTRO MARISTAS BOYS


Invitamos a toda la mancha de la promo PABLO VI como a todos los ex alumnos maristas de San Juan a este evento artístico / gastronómico. TODOS UNIDOS A LAS 2 PM. (SE INFORMARÁN DE ACTIVIDADES Y VIAJES PARA ESTE AÑO) NO FALTAR !!

domingo, 14 de junio de 2015


LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR
"Las semillas que sembramos, crecen por su misma fuerza interna"
Por el P. Clemente Sobrado


San Marcos 4,  26 -34:

También decía: “El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.” Decía también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.” Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

Reflexión

Hola amigos: ¿Os ha gustado esta parábola de Jesús? Personalmente a mí me ha encantado. Por fin hay alguien que me dice que hay cosas que no dependen de nuestro esfuerzo y trabajo. Por fin, alguien me dice lo contrario a J.P.Sartre “que el hombre no es más que lo que hace”.

Estoy convencido de que esta parábola a muchos les va a chocar porque, acostumbrados a que todo lo tenemos que hacer nosotros, a que todo depende de nuestro esfuerzo y sudores, alguien como Jesús me dice hoy que hay cosas que brotan y crecen sin que sepamos cómo. Y lo hacen sin que nosotros hagamos nada, mejor dicho, mientras nosotros dormimos.

No es que los carros se hagan por sí solos mientras dormimos. Ni que las casas se construyen mientras nosotros roncamos y dormimos. Lo que sí se nos dice es que la vida tiene una fuerza en sí misma que no depende de nosotros.

Sí se nos dice que las semillas que sembramos, crecen por su misma fuerza interna, aunque nosotros estemos dormidos, y que Dios mismo va creciendo dentro de nosotros, por más que nosotros no sepamos cómo.
Esa es la diferencia entre hacer cosas y sembrar semillas de vida. Esa es la diferencia entre depender del fruto de nuestro esfuerzo o depender del dinamismo de la vida.

Ustedes mismos tienen la experiencia. ¿Cuántos granos o semillas habéis sembrado en vuestro jardín? Y ahora ¿qué hacéis? A esperar sencillamente a que crezcan por sí mismas, broten, echen el tallo y terminen dando bellas flores.

El Evangelio es una fuerza que crece interiormente. Dios es una fuerza que crece desde entro. La vida de cada día es una fuerza que se va desarrollando cada día sin nosotros enterarnos. ¿No se han dado cuenta de cómo vuestro hijo crece sin que lo notéis? Lo notáis al año, cuando ya la ropa le queda corta y los zapatos ya no le sirven.

No, amigos, no todo depende del trabajo. Hay que trabajar, claro que sí, pero hay muchas cosas que no dependen de nuestro trabajo.

lunes, 8 de junio de 2015

MISA DE HONRAS ( 6 MESES SIN LA PRESENCIA DE MARTÍN )



Bendiciones para todos los que tuvimos la fortuna de hacer parte de su vida. Que su recuerdo permanezca siempre en nuestros corazones y nos otorgue la paz que un día compartiremos con él cuando llegue nuestra hora y nos reunamos en el reino de los cielos.

La madre, hermanos, sobrinos y familiares del que fue en vida MARTÍN ORLANDO ORELLANA MANRIQUE, invitan a todos los que tuvimos la suerte y bendición de conocerlo, a la MISA DE HONRAS EL DÍA DOMINGO 14 DE JUNIO a las 11.30 am (hora exacta) en la iglesia Santuario del SEÑOR DE LA DIVINA MISERICORDIA , costado del parque de la Amistad. Esperamos reunir a todos sus fieles amigos y familiares para elevar nuestras oraciones al Hacedor.

Sólo Dios puede crear y terminar una vida, sólo Él conoce la verdad de nuestros corazones y la bondad que habita en el alma. Hace medio año se lo llevó, sin embargo ha elegido a un guerrero vigilante a su lado, un ser humano lo suficientemente digno de Él, y eso debe ser motivo de orgullo y honor, no de tristeza. La vida no termina, no tengamos miedo.

Agradecemos de antemano la presencia de todos.

domingo, 7 de junio de 2015


EN EL DÍA DE LA BANDERA
Por Juan Borea Odría


El 7 de junio de 1980 menos de mil quinientos patriotas sucumben ante el asalto de seis mil soldados chilenos; el desenlace era inevitable por la disparidad de fuerzas, de material y por el aislamiento de las tropas peruanas, que no tenían posibilidad de ser auxiliadas tras la derrota del Alto de la Alianza el 26 de mayo. Sin embargo los jefes y soldados peruanos ante la intimación de rendición, contestan en la voz del Coronel Bolognesi que “pelearán hasta quemar el último cartucho”. No fue un cálculo bélico, sino una respuesta del sentimiento del deber y de defensa de la dignidad del país.

En la celebración del Día de la Bandera quisiera recordar a algunos personajes que representan a cientos de peruanos que nos siguen dando ejemplo y motivación para que cada uno de nosotros, en el día a día, demos nuestro esfuerzo y dedicación para construir un Perú mejor. Estos peruanos son ejemplo no solo por su inmolación en el día de la batalla, sino por la decisión personal que tomaron meses antes para dejar sus comodidades personales, su familia y sus intereses, en aras del interés colectivo, del país.

El Coronel Bolognesi se había retirado del ejército en 1871, pero ante la declaración de guerra pide volver a filas, ya anciano, y exige un puesto en primera fila.

Alfonso Ugarte y Ramón Zavala comparten pasados comunes; nacidos en Iquique, educados en Valparaíso (Chile) donde tenían muchos amigos; provenientes de familias pudientes. No son militares de profesión; son jóvenes civiles, uno de ellos próximo a casarse, que con su dinero compran armas, uniformes, comida para los cientos de voluntarios tarapaqueños que también desean defender a su país; por ello se les nombra como oficiales y tras combatir en San Francisco y Tarapacá deciden dar su vida en Arica.

Roque Sáenz Peña es un argentino que ante la declaración de guerra se ofrece como voluntario para pelear en el ejército peruano, está presente en la respuesta al mayor chileno que pide la rendición, es herido y posteriormente será presidente de Argentina.

Los Cabitos son niños de 13 a 15 años que se formaban como cuadros de suboficiales, y que a pesar de su corta edad no la usan para evitar la guerra, sino que se alistan voluntariamente y viajan al sur a dar su vida. No conocemos sus nombres, pero sí su actitud valiente.

Estas personas representan a miles de peruanos anónimos que en esa guerra decidieron arriesgarse, salir de su propia comodidad, y pensar en los otros antes que en sí mismos. Sigamos eje ejemplo honrando sus memorias y haciendo del Perú un lugar digno para vivir.

FESTIVIDAD DEL CORPUS CHRISTI
«Tomad, esto es mi cuerpo.»
Por el P. José Antonio Pagola


Marcos (14,12-16.22-26):

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?" Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.» Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Reflexión

Celebrar la Eucaristía es revivir la última cena que Jesús celebró con sus discípulos y discípulas la víspera de su ejecución. Ninguna explicación teológica, ninguna ordenación litúrgica, ninguna devoción interesada nos ha de alejar de la intención original de Jesús. ¿Cómo diseño él aquella cena? ¿Qué es lo que quería dejar grabado para siempre en sus discípulos? ¿Por qué y para qué debían seguir reviviendo una vez y otra vez aquella despedida inolvidable?

Antes que nada, Jesús quería contagiarles su esperanza indestructible en el reino de Dios. Su muerte era inminente; aquella cena era la última. Pero un día se sentaría a la mesa con una copa en sus manos para beber juntos un «vino nuevo». Nada ni nadie podrá impedir ese banquete final del Padre con sus hijos e hijas. Celebrar la Eucaristía es reavivar la esperanza: disfrutar desde ahora con esa fiesta que nos espera con Jesús junto al Padre.

Jesús quería, además, prepararlos para aquel duro golpe de su ejecución. No han de hundirse en la tristeza. La muerte no romperá la amistad que los une. La comunión no quedará rota. Celebrando aquella cena podrán alimentarse de su recuerdo, su presencia y su espíritu. Celebrar la Eucaristía es alimentar nuestra adhesión a Jesús, vivir en contacto con él, seguir unidos.

Jesús quiso que los suyos nunca olvidaran lo que había sido su vida: una entrega total al proyecto de Dios. Se lo dijo mientras les distribuía un trozo de pan a cada uno: «Esto es mi cuerpo; recordadme así: entregándome por vosotros hasta el final para haceros llegar la bendición de Dios». Celebrar la Eucaristía es comulgar con Jesús para vivir cada día de manera más entregada, trabajando por un mundo más humano.

Jesús quería que los suyos se sintieran una comunidad. A los discípulos les tuvo que sorprender lo que Jesús hizo al final de la cena. En vez de beber cada uno de su copa, como era costumbre, Jesús les invitó a todos a beber de una sola: ¡la suya! Todos compartirían la «copa de salvación» bendecida por él. En ella veía Jesús algo nuevo: «Ésta es la nueva alianza en mi sangre». Celebrar la Eucaristía es alimentar el vínculo que nos une entre nosotros y con Jesús.

martes, 2 de junio de 2015


EXTRAÑANDO UN LIDERAZGO PARA EL PAÍS
La legalidad no es legitimidad
Por Juan Borea Odría



Hemos vivido en las últimas semanas una serie de acontecimientos críticos: el conflicto en Islay, el crecimiento del sicariato y la delincuencia, los paros regionales, el affaire Belaúnde Lossio, las ya olvidadas situaciones de Oropeza y López Meneses, las invasiones a zonas arqueológicas o históricas, entre otros.

Pero estos acontecimientos nos preocupan más porque nuestros gobernantes revelan una absoluta falta de liderazgo para enfrentarlos y darles solución. Es cierto que el gobierno no es el único que debe dar soluciones, pues las instituciones y los ciudadanos tenemos un importante rol que jugar; pero para que ese dinamismo cívico se desencadene se requiere un liderazgo del que actualmente carecemos.

El liderazgo no se reclama; la gente lo reconoce. La legalidad no es legitimidad; nuestras autoridades en general son legales (aunque algunos de sus actos sean sospechosos de ilegalidad) pero no legítimas, no tienen la autoridad moral que requieren las circunstancias. No se puede ser líder, por ejemplo, si la población desconfía de quienes la dirigen…y el índice de desaprobación a nuestras diversas autoridades e bastante elevado, como podemos ver en las encuestas y redes sociales.

Lamentablemente en el año y dos meses que faltan para el cambio de Ejecutivo y Legislativo, las actuales autoridades no van a alcanzar ese liderazgo; cabe preguntarse entonces…¿qué hacer? La respuesta no es, no puede ser, encerrarse en sí mismo, preocuparse por la propia familia y sentarnos a esperar qué nos depara el futuro.

Hay varias acciones por tomar para un ciudadano que ama a su país: la primera y principal, es seguir construyendo desde su espacio un ambiente donde hayan valores positivos y donde reinen la justicia y la solidaridad; en la medida que este espacio puede ser ampliado (comunidad, colegio, trabajo) iremos avanzando. Pero es también necesaria la preocupación por la política: algunos, ojalá muchos, la hagan en un partido o colectivo político; a otros les tocará hacer política informándose adecuadamente, siendo parte en la vida de lo que le rodea, y pensando seriamente en un proceso electoral que se avecina y ante el cual hay que renovar no solo las leyes, sino la actitud ciudadana. No podemos esperar que venga un líder “Superman” que nos solucione los problemas. Es de una ciudadanía formada políticamente de la que surgirán los líderes y las instituciones que el Perú necesita.

domingo, 31 de mayo de 2015


FESTIVIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Por el P. Clemente Sobrado

San Mateo  28,  16 - 20:

Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”

Reflexión

Amigos. La Iglesia celebra hoy la festividad de la Santísima Trinidad, la fiesta de Dios Padre, de Dios Hijo y de Dios Espíritu Santo. A Dios, nos dice Jesús, nadie le ha visto, solo Él. Celebramos al Dios que se revela a sí mismo y tal como Él se nos revela. Aquí tendremos que decir: “Dejar a Dios ser Dios.” Dejarle ser Él mismo.

Por otra parte, cada uno siente y experimenta a Dios personalmente. Cada uno tiene una experiencia personal de Dios.

Se trata de un Dios que se manifiesta como palabra, como relación y como comunicación. Un Dios en comunión no solo trinitaria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, sino también en comunión con los hombres.

Un Dios que, y esto tenemos que metérnoslo en la cabeza, no condena sino que quiere que todos los hombres se salven. El Cardenal Martini dicía: “que existe el infierno no tengo dudas. Pero sí tengo serias dudas de que alguien esté en el infierno.”

Un Dios que se nos revela como amor, a través del Espíritu Santo que es el amor trinitario. Un Dios capaz de entregarnos a su propio Hijo para que todo el que crea en Él tenga la vida eterna. Un Dios que se encarnó un día en nuestra condición humana y sigue encarnándose cada día en cada hombre.

Por tanto, la Fiesta de la Santísima Trinidad, no es solo la fiesta de Dios en sí mismo, sino la fiesta de Dios en nosotros y la fiesta de nosotros en el misterio de Dios. Ni Dios sin los hombres ni los hombres sin Dios. Su amor nos ha hecho parte de Él mismo.

domingo, 24 de mayo de 2015



PENTECOSTÉS
"Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros".
Por el P. Clemente Sobrado


San Juan  15, 26 -27, y  16,  12-15:


“Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.”

Reflexión

Queridos amigos, hoy celebramos la festividad de Pentecostés o, dicha de una manera más simple, la Festividad del Espíritu Santo. El Evangelio que hemos leído nos marca la actividad del Espíritu Santo en la Iglesia y en cada uno de nosotros.

Lo primero: El Espíritu Santo es el regalo pascual de Jesús a su Iglesia: “que yo os enviaré”. Es el Espíritu de la verdad.

Lo segundo: El Espíritu Santo y nosotros estamos llamados a dar testimonio de Jesús ante los hombres: “Él dará testimonio de mí” y “vosotros también daréis testimonio”.

Lo tercero: El Espíritu Santo nos guiará “hasta la verdad completa”.

Lo cuarto: “Nos anunciará lo que está por venir”.

Como veis Jesús nos presenta la figura del Espíritu Santo como el alma y continuador de su obra en el mundo. A la vez, destaca dos elementos que nunca debiéramos olvidar: “es el Espíritu de la verdad”. Una verdad que nunca está completa del todo. Es la verdad que Él irá descubriéndonos poco a poco hasta que lleguemos a la verdad plena. Pero no solo eso, nos “anunciará lo que está por venir”. Quiere decir que no todo está terminado, que la obra de Dios sigue y continúa en la historia. Nos hace mirar hacia delante. Cada día damos un paso, pero cada día tenemos que descubrir lo que “aún está por venir”, lo que está por suceder, nos pone en un proceso de desarrollo constante y un vivir al día con los avances y el caminar de los hombres.

Nos recordará el pasado, pero mirando hacia el futuro. El pasado es lo que ya hemos hecho. El futuro es lo que aún tenemos que hacer. Por eso el Evangelio se va escribiendo día a día en nuestra historia. Dios y el Evangelio y Jesús se van actualizando cada día.

viernes, 22 de mayo de 2015


SAN ROMERO DE AMÉRICA, MÁRTIR DE LA JUSTICIA
Un beato con aire de santo
Por Juan Borea Odría

La Iglesia beatificó a Mons. Óscar Romero como mártir de la fe en la ciudad de San Salvador el 24 de Mayo de 2015. Mons. Romero nació en 1917 y murió asesinado en San Salvador en 1980.

Su vocación sacerdotal se inició muy temprano. En 1931, a los 13 años ingresó al seminario menor de su departamento, concluyó sus estudios en Roma y fue ordenado en esta misma ciudad el año 1942. Al año siguiente volvió a su país e inició su labor como párroco de Anamorós, después párroco de la Catedral de Nuestra Señora de la Paz, en la ciudad de San Miguel. Sucesivamente fue nombrado como secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES, 1968), obispo Auxiliar de San Salvador (1970) y obispo de la diócesis de Santiago de María (1974. Reconocido por su vida sencilla, trabajo laborioso y la atención a los pobres y niños, aunque conservador y contrario a las nuevas orientaciones del Concilio Vaticano II.

En 1997 el Papa Pablo VI lo nombró Arzobispo de San Salvador. Su país vivía un ambiente de convulsión social y política. Había una confrontación entre los movimientos populares reclamando sus derechos y el gobierno militar reprimiendo para controlar la situación; y, al lado parte de la Iglesia salvadoreña solidarizándose con las causas de los grupos sociales que consideraban justas. Como consecuencia, esa Iglesia era condenada como política, subversiva, comunista y sufría detenciones, expulsiones de sacerdotes, muertes de laicos de las comunidades cristianas.

En esas circunstancias, Mons. Romero salió al encuentro de las poblaciones y las comunidades cristianas como pastor a conocer la verdad de los hechos; constata los hechos de violencia directamente en el lugar, recoge testimonios e informaciones; luego denuncia esos actos ante la opinión pública, detallando cada caso. Los reclamos justos de los pobladores, la represión y muerte de que son objetos y particularmente los asesinatos de sacerdotes y laicos fueron cambiando su visión sobre su país. Sus biógrafos afirman que el asesinato el padre jesuita Rutilio Grande García de la parroquia de Aguilares, junto con el catequista Manuel Solórzano (70) y Nelson Rutilio Lemus (16), fue el momento de su conversión. En él comprendió la injusticia que vivía su país, que la pastoral de esa Iglesia era evangélica y la causa de la persecución que sufre. Más tarde dirá:

“Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres. De nuevo son los pobres lo que nos hacen comprender lo que realmente ha ocurrido. Y por ello la Iglesia ha entendido la persecución desde los pobres. La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres” (Lovaina, 02, febrero, 1980).

Desde aquél momento intensificó su labor pastoral implicándose con la vida de su país. Su opción por los pobres se hizo clara, la denuncia de la injusticia y la violencia, el anuncio del amor liberador de Jesucristo y la convocatoria a la paz, la reconstrucción del país y la creación de un sistema verdaderamente democrático se hicieron frecuentes. También creó el "Comité Permanente para velar por la situación de los derechos humanos". Esa labor, a él mismo lo convirtió en una persona controversial tanto para la sociedad salvadoreña como para su propia Iglesia: “Para unos soy el causante de todos los males, como un monstruo de maldad; para otros, gracias a Dios para el pueblo sencillo, soy sobre todo el pastor” (Abril, 1978).

Monseñor Romero fue consciente que su compromiso evangélico podría costarle la vida, además ya había recibido amenazas de muerte. Su presentimiento lo escribió en su cuaderno de Ejercicios Espirituales: “Mi disposición debe ser dar mi vida por Dios. Cualquiera que sea el fin de mi vida, las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Él asistió a los mártires y, si es necesario, lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero lo más valioso del momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para Él”. Aun así, continuó con su compromiso sacerdotal.

Fueron célebres sus homilías dominicales. En la última homilía (Domingo de Ramos, 23 de marzo de 1980) hizo un llamado a las bases de la Guardia Nacional, de la policía y de los cuarteles para que no obedezcan la orden de matar, que concluyó así: “En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”. Esa homilía fue su sentencia de muerte. Al día siguiente, el 24 de marzo de 1980, un franco tirador le disparó directo al corazón, mientras celebraba una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia en San Salvador.

Aún muerto su vida siguió siendo controversial. Unos lo declararon mártir como Mons. Pedro Casaldáliga y otros lo condenaron. El proceso de su beatificación duró 53 años. Gracias al Papa Francisco su causa se agilizó y el 3 de febrero de 2015 fue reconocido como mártir «por odio a la fe» por decreto promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos. Muchos coinciden, entre ellos el P. Gustavo Gutiérrez, que "Monseñor Romero es mártir de la Iglesia Católica por odio a la fe en virtud a su postura clara, vertical, de defensa del ser humano por el Evangelio". (Mons. José Luis Lacunza, cardenal de Panamá).

La beatificación de Mons. Romero es una bendición también para América Latina y el Caribe y para los miembros de la Iglesia peruana que se solidarizaron por la causa de los pobres, buscaron la justicia para lograr la paz y que alienta el camino de los que transitan por la misma senda del Evangelio.

domingo, 10 de mayo de 2015

 
JESÚS, PAN DE VIDA
"Permanezcan en mi amor"
Por el P. Clemente Sobrado
 

San Juan  15,  9 - 17:

“Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegra sea plena. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.”

Reflexión

Queridos amigos: Llegamos a este sexto y último domingo de Pascua, pues el próximo domingo celebraremos ya la fiesta de la Ascensión. Estos dos últimos domingo, el quinto y el sexto, se completan mutuamente. El pasado domingo el problema era la vida, vivir la vida de Jesús permaneciendo unidos en Él como los sarmientos al tronco de la vid. Hoy el tema es el amor. Vida y amor, los dos elementos fundamentales. Y el paralelo es también el mismo.

El Pasado domingo Jesús era la vida y nosotros llamados a vivir de su vida. Hoy Jesús es el amor y nosotros estamos llamados a vivir de su amor.

Por tanto, el Evangelio de hoy es sumamente rico y esperanzador. Primero, nos dice que nos ama a nosotros como el Padre le ama a Él. ¿Os lo imagináis?

En segundo lugar, nos manda que vivamos alegres, pero participando de su propia alegría. Jesús no quiere seguidores tristes y que viven todo el día amargados, por eso nos da una serie de razones para poder estar alegres y vivir de la alegría, pero de una alegría plena. De la buena.

La primera razón para la alegría: saber que El nos ama. La segunda: que somos sus amigos. La tercera: que Él mismo nos ha elegido, somos elegidos de Él. Y cuarta: que nosotros estamos llamados a amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado.

Como os dais cuenta, Él va siempre por delante: Él es la vida. El Padre le ama y Él nos ama. Él nos hace amigos suyos. Él nos elige y Él nos regala el amor con que nosotros tenemos que amarnos. ¿Nos parece un mensaje maravilloso? Por eso Juan puede escribir: “Dios nos amó primero.” Aquí tendríamos que decir, ¿hay alguien que dé más? Se trata de un Evangelio que debiéramos leer todos los días al levantarnos. Así nuestros días, aún en medio de sus dificultades, estarían llenos de luz y de esperanza.

viernes, 8 de mayo de 2015

MADRE: MANANTIAL DE CARIÑO


Manantial de cariño
mar inmenso de alivio
pedacito del cielo en mi sentir
Has sido madresita
tu existencia bendita
para eL niño que aun soy para ti

Lo que pueda decirte madre
siempre poco será
mas soy parte de tu sinceridad
Hoy con ella en mi alma Madre
hoy te kiero decir
que has hecho lo mejor de mi vivir

Amo, amo tu felicidad
amo tu mirada buena
tu ternura y tu bondad
Amo tu cansancio al caminar
y esa huellas que en tu rostro
nacieron de tanto amar
TE AMO MAMA

Amo, amo tu felicidad
amo tu mirada buena
tu ternura y tu bondad
Amo tu cansancio al caminar
y esa huellas que en tu rostro
nacieron d tanto amar
TE AMO MAMA
Amo, amo tu felicidad
amo tu mirada buena
tu ternura y tu bondad.
Amo tu cansancio al caminar
y esa huellas que en tu rostro
nacieron de tanto amar
TE AMO MAMA

domingo, 19 de abril de 2015

 
APARICIÓN DE JESÚS A SUS DISCÍPULOS
“La paz con vosotros.”
Por el P. Clemente Sobrado
 
Lucas  24,  35 - 48:

Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros.” Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: “¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.” Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: “¿Tenéis aquí algo de comer?” Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: “Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí."“ Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: “Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su Nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.”

Reflexión

Queridos amigos: Las apariciones pascuales son una pedagogía de la fe en el resucitado. Una pedagogía del crecimiento y madurez de la fe. Hay en nuestro interior toda una serie de resistencias a creer en el Jesús resucitado que está vivo en medio de nosotros. Y hay toda una insistencia de Jesús en quebrar nuestras resistencias y clarificar nuestra fe hasta convertirnos en sus verdaderos testigos. Si os fijáis en el texto de Lucas, nos encontramos con tres actitudes que ponen de manifiesto las actitudes de los discípulos: “llenos de miedo por la sorpresa”, “creen ver un fantasma” y “no acaban de creer por la alegría”. ¿Cuál es el resorte principal de Jesús para avivar la fe de los suyos? Lo primero que les pide es “que miren sus manos”, que “toquen sus manos”, “que palpen sus manos”.

No les dice: “miren mi cara”, “vean mi rostro”. Jesús quiere que “contemplen y palpen sus manos”. Es que las manos son, de alguna manera, las que mejor nos identifican a cada uno de nosotros. Todos cuidamos muy bien la piel de nuestro rostro; sin embargo, donde mejor se nos conoce es en nuestras manos porque son ellas las que mejor expresan la verdad de nuestro corazón, de nuestro amor. Las manos encallecidas del obrero, las manos que se abren para estrechar las manos del amigo, las manos que acarician, las manos que se juntan para orar a Dios.

Mirar las manos de Jesús, es contemplar la verdad del amor con que Dios nos ama. Manos heridas de dolor y de amor, crucificadas por los demás. Mirar nuestras manos es tomar conciencia de qué hacemos por el mundo, qué hacemos por los hermanos, qué hacemos por cambiar las cosas. Es recordar el pan que hemos compartido. ¿No podíamos también nosotros hoy contemplar las manos del resucitado y también nuestras manos?

domingo, 12 de abril de 2015

 
PENTECOSTÉS
A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”
Por el P. Clemente Sobrado
 
San Juan  20,  19 -31:

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros.” Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.” Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.” Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor.” Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.” Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: “La paz con vosotros.” Luego dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.” Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío.” Dícele Jesús: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.”

Reflexión

Queridos amigos: Hoy vamos a ver a Jesús formando la primera comunidad pascual. La Pasión los dispersó y ahora sólo los une el miedo. Viven como prófugos escondidos porque no saben lo que pueda pasar con ellos.

Pero ahí está de nuevo vivo Jesús que se pone en medio de ellos porque Él es el centro de la comunidad. De nuevo vuelve a ser el centro del grupo. Lo primero que hace es reconciliarlos con Él. Es lógico que estuviesen avergonzados de haberle fallado, por eso el primer saludo es reconciliación: “Paz a vosotros.” En segundo lugar, se identifica y les muestra su autenticidad. No es un fantasma, es el mismo de siempre, aunque de manera diferente. Ahora está resucitado y por eso les enseña las manos con las heridas de los clavos, signo de su muerte.

En un tercer lugar, los resucita espiritualmente también a ellos. Les regala su vida de resucitado dándoles su propio espíritu. “Recibid el Espíritu Santo.” En cuarto lugar, les encomienda continuar su propia misión: “Como el Padre me ha enviado, también os envío yo.” Comenzando por ser testigos del amor en el perdón: “A quienes perdonéis.”

Cuatro pasos esenciales que todos debiéramos tener en cuenta a la hora de querer revitalizar nuestras comunidades. Comunidades de discípulos, Jesús no quiere comunidades con las puertas cerradas, sino con todas las puertas abiertas. Abiertas al amor y abiertas al anuncio del Evangelio. Comunidades conscientes de sus debilidades y, por eso, comunidades donde el perdón será cada día el camino de la reconstrucción de la comunidad eclesial herida constantemente por el pecado. Por eso también llamamos a este segundo Domingo, el “Domingo de la Misericordia Divina” a la que yo añadiría y también humana.

domingo, 5 de abril de 2015


DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN
HA RESUCITADO EL SEÑOR !
¡La muerte ha dejado de ser muerte y se ha convertido en vida!
Por el P. Clemente Sobrado

San Juan  20,  1 - 9:

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.” Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Reflexión

Queridos amigos: ¡Ha resucitado! ¡Hemos resucitado! ¡La muerte ha dejado de ser muerte y se ha convertido en vida! Me váis a permitir que os relate lo que Javier Jafo, en su Homilía el domingo de Pascua, nos cuenta. Es algo que tuvo lugar en una prisión de la policía secreta de Moscú durante los duros días de la guerra fría y la represión religiosa de la ex-Unión Soviética.

La Señora Arsenjeff escuchó cómo una compañera de celda le decía al oído: “¡Mañana es Pascua de Resurrección!”, y pensó en el inmenso gozo de ese día del que ella parecía excluida. Mientras caminaba por la galería, se rompió el duro silencio con un grito: “¡Cristo ha resucitado!” Era su compañera de celda, cuyos ojos brillaban de alegría en medio de su tristeza. Se hizo un silencio que se mascaba. De pronto, de cada una de las celdas fue saliendo, una respuesta tras otra: “¡Verdaderamente ha resucitado!” Los vigilantes quedaron sorprendidos y aturdidos y se llevaron a rastras a la mujer del rostro pálido. A los cuatro días, la mujer volvió a su celda, pálida y demacrada: había pasado la Pascua en una fría y oscura celda de castigo. Al ver a su compañera, le susurró al oído: “Ya ves, me he atrevido a gritar el mensaje de Pascua y he podido hacerlo. Todo lo demás carece de importancia.”

Amigos, y nosotros, ¿seremos capaces de gritar hoy desde el fondo de nuestro corazón: ¡Hoy es Pascua! ¡Jesús ha resucitado! ¡Nosotros hemos resucitado! Ya no hay muerte, la vida ha triunfado? ¡Qué maravilloso sería que hoy nos asomásemos todos a la ventana o cogiésemos el teléfono y llamásemos a todo el mundo gritándoles: ¡Hermano, Jesús ha resucitado y nosotros con Él! Cuando hoy nos digamos unos a otros: “Felices Pascuas” que sea el anuncio gozoso de que Jesús está vivo y ha vencido a la muerte. Miguel Humberto, Nando y este hermano vuestro, desde aquí os decimos: “Es verdad, está vivo, ha resucitado.” Hoy sí podemos cantarle a Jesús.

jueves, 2 de abril de 2015


EL AYUNO QUE AGRADA AL SEÑOR EN LA FIESTA MÁS IMPORTANTE DE FE
UNA REFLEXIÓN POR JUEVES SANTO
Por Juan Borea Odría


Hemos iniciado la Semana Santa con el Domingo de Ramos, en que recordamos la entrada de Jesús a Jerusalén. Para prepararnos a esta fiesta, fundamental en nuestra vida de fe, hemos tenido presente el ayuno. Pero ¿cuál es el ayuno que agrada a Dios? No necesariamente el de la mortificación, sino el de la solidaridad y la justicia. Sí, a veces hay que renunciar a algo que nos agrada, pero el valor no es la renuncia en sí, sino aquello que conseguimos renunciando. Dejar de consumir algo para darle al que le hace falta, dar de nuestro tiempo para servir al hermano, arriesgar nuestra tranquilidad e incluso nuestra vida por causa de la justicia: ese es el verdadero valor del ayuno.

En el inicio de la Semana Santa compartimos con nuestra comunidad educativa lo que nos dice el libro de Isaías en su capítulo 58. Isaías se dirige al pueblo judío del siglo VII antes de Cristo, pero su mensaje tiene la actualidad de la inspiración de la Palabra de Dios.

Este es el ayuno que yo amo —oráculo del Señor—:
soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo,
dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos;
Compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo;
cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.

Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar;
delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: "¡Aquí estoy!"

Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna;
si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria,
tu luz se a
lzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía

domingo, 29 de marzo de 2015


DOMINGO DE RAMOS
LA PASIÓN DEL SEÑOR
“Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”
Por el P. José Antonio Pagola

San Marcos 15, 1 - 38 (lectura abreviada)


Y los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: “¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo levantas en tres días, ¡sálvate a ti mismo bajando de la cruz!” Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban entre ellos junto con los escribas diciendo: “A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. ¡El Cristo, el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.” También le injuriaban los que con él estaban crucificados. Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: “Eloí, Eloí, ¿lema sabactaní?”, - que quiere decir - “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”
Al oír esto algunos de los presentes decían: “Mira, llama a Elías.” Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber, diciendo: “Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarle.” Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró. Y el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo. Al ver el centurión, que estaba frente a Él, que había expirado de esa manera, dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.”


Reflexión

Jesús contó con la posibilidad de un final violento. No era un ingenuo, sabía a qué se exponía si seguía insistiendo en el proyecto del reino de Dios. Era imposible buscas con tanta radicalidad una vida digna para los «pobres» y los «pecadores», sin provocar la reacción de aquellos a los que no interesaba cambio alguno.

Ciertamente, Jesús no es un suicida. No busca la crucifixión. Nunca quiso el sufrimiento ni para los demás ni para él. Toda su vida se había dedicado a combatirlo allí donde lo encontraba: en la enfermedad, en las injusticias, en el pecado o en la desesperanza. Por eso no corre ahora tras la muerte, pero tampoco se echa atrás.

Seguirá acogiendo a pecadores y excluidos aunque su actuación irrite en el templo. Si terminan condenándolo, morirá también él como un delincuente y excluido, pero su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no excluye a nadie de su perdón.

Seguirá anunciando el amor de Dios a los últimos, identificándose con los más pobres y despreciados del imperio, por mucho que moleste en los ambientes cercanos al gobernador romano. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá también él como un despreciable esclavo, pero su muerte sellará para siempre su fidelidad al Dios defensor de las víctimas

Lleno del amor de Dios, seguirá ofreciendo «salvación» a quienes sufren el mal y la enfermedad: dará «acogida» a quienes son excluidos por la sociedad y la religión; regalará el «perdón» gratuito de Dios a pecadores y gentes perdidas, incapaces de volver a su amistad. Ésta actitud salvadora que inspira su vida entera, inspirará también su muerte.

Por eso a los cristianos nos atrae tanto la cruz. Besamos el rostro del Crucificado, levantamos los ojos hacia él, escuchamos sus últimas palabras... porque en su crucifixión vemos el servicio último de Jesús al proyecto del Padre, y el gesto supremo de Dios entregando a su Hijo por amor a la humanidad entera.

Es indigno convertir la semana santa en folclore o reclamo turístico. Para los seguidores de Jesús celebrar la pasión y muerte del Señor es agradecimiento emocionado, adoración gozosa al amor «increíble» de Dios y llamada a vivir como Jesús solidarizándonos con los crucificados.

P. José Antonio Pagola

domingo, 22 de marzo de 2015


QUINTO DOMINGO DE CUARESMA
SI EL GRADO DE TRIGO MUERE, DARÁ MUCHO FRUTO
Atraídos por el Crucificado
Por el P. José Antonio Pagola

San Juan 12, 20-33

"En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la Fiesta, había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará. Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora, Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo. La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí."

Reflexión

Un grupo de «griegos», probablemente paganos, se acercan a los discípulos con una petición admirable: «Queremos ver a Jesús». Cuando se lo comunican, Jesús responde con un discurso vibrante en el que resume el sentido profundo de su vida. Ha llegado la hora. Todos, judíos y griegos, podrán captar muy pronto el misterio que se encierra en su vida y en su muerte: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

Cuando Jesús sea alzado a una cruz y aparezca crucificado sobre el Gólgota, todos podrán conocer el amor insondable de Dios, se darán cuenta de que Dios es amor y solo amor para todo ser humano. Se sentirán atraídos por el Crucificado. En él descubrirán la manifestación suprema del Misterio de Dios.

Para ello se necesita, desde luego, algo más que haber oído hablar de la doctrina de la redención. Algo más que asistir a algún acto religioso de la Semana Santa. Hemos de centrar nuestra mirada interior en Jesús y dejarnos conmover, al descubrir en esa crucifixión el gesto final de una vida entregada día a día por un mundo más humano para todos. Un mundo que encuentre su salvación en Dios.

Pero, probablemente a Jesús empezamos a conocerlo de verdad cuando, atraídos por su entrega total al Padre y su pasión por una vida más feliz para todos sus hijos, escuchamos aunque sea débilmente su llamada: «El que quiera servirme que me siga, y donde esté yo, allí estará también mi servidor».

Todo arranca de un deseo de «servir» a Jesús, de colaborar en su tarea, de vivir solo para su proyecto, de seguir sus pasos para manifestar, de múltiples maneras y con gestos casi siempre pobres, cómo nos ama Dios a todos. Entonces empezamos a convertirnos en sus seguidores.

Esto significa compartir su vida y su destino: «donde esté yo, allí estará mi servidor». Esto es ser cristiano: estar donde estaba Jesús, ocuparnos de lo que se ocupaba él, tener las metas que él tenía, estar en la cruz como estuvo él, estar un día a la derecha del Padre donde está él.

¿Cómo sería una Iglesia «atraída» por el Crucificado, impulsada por el deseo de «servirle» solo a él y ocupada en las cosas en que se ocupaba él? ¿Cómo sería una Iglesia que atrajera a la gente hacia Jesús."

miércoles, 18 de marzo de 2015

 
EN UN MAR DE INDIFERENCIA, UNA ISLA DE MISERICORDIA
“Fortalezcan sus corazones”
Por Juan Borea Odría

Los cristianos, en el camino de esta vida, vamos acercándonos a la celebración del gran acontecimiento de nuestra salvación: La Semana Santa 2015. En ella conmemoraremos y volveremos a experimentar ese amor misericordioso de Dios Padre expresado en su Hijo Jesús: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su hijo único, para que todo el que crea en él no perezca sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él.” (Jn 3,16-17).

Por este motivo, como Iglesia estamos viviendo ya este tiempo de Cuaresma, 40 días de renovación de nuestro fe, desde el miércoles de Ceniza hasta el sábado anterior al domingo de Ramos. Cuaresma es un tiempo de gracia, es decir, un don que Dios Padre nos ofrece para renovar nuestra comunión con Él, el prójimo y la naturaleza. Comunión que implica revisar nuestra vida de fe. ¿Estamos viviendo según los consejos de su Hijo Jesús? Seguro que habrá motivos para agradecerle, pedirle perdón y convertirnos a su amor.

Para esta Cuaresma, el Papa Francisco, en su carta “Fortalezcan sus corazones”, nos invita a fijarnos en la “Globalización de la indiferencia” y afrontarla como cristianos. Y para que sea posible debemos renovar nuestra vida de fe como Iglesia, comunidades y parroquias y cada uno como creyentes. Nos dice: “cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia”.

Invitamos pues a la familia marista para que cada uno vivamos intensamente este tiempo de Cuaresma y Semana Santa tanto en la familia como en el colegio. Acoger el amor de Dios Padre, vivir la reconciliación, renovar nuestra fraternidad y retomar el camino con esperanza.

domingo, 15 de marzo de 2015


CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
VINO LA LUZ AL MUNDO
Pero el que obra la verdad, va a la luz
Por el P. Clemente Sobrado

San Juan  3,  14 - 21:

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.”

Reflexión

Queridos amigos: El Evangelio de hoy es como una especie de oasis en medio de las arenas del desierto de la Cuaresma. Un Evangelio que nos habla de ambiente y clima de muerte, pero a la vez, nos habla de vida y de amor.

Nos recuerda el ambiente de muerte que el Pueblo de Dios sufrió en el desierto, pero también nos habla de ese que está levantado y clavado en los palos de la Cruz que no solo nos cura de las mordeduras de muerte que cada día hieren nuestra carne, sino que habla y anuncia la vida verdadera, la vida eterna.

Este Evangelio nos habla no de ese Dios que tantas veces han querido meternos en la cabeza, un Dios que castiga y está a la espera de que le fallemos para enviarnos a la caldera del diablo. Nos habla de un Dios que nos ama tanto que es capaz de hacerse él mismo hombre como nosotros y entregarnos a su hijo único. Un Dios que no quiere que se pierda ni uno solo, sino que todos nos salvemos.

No es el Dios que amenaza, sino el Dios que nos abre al gozo y a la alegría de la esperanza. Tenemos que reconocer que nosotros vivimos demasiado del pesimismo e incluso vivimos con demasiado temor a Dios. Vivimos una especie de esquizofrenia espiritual donde todo es pecado, que no logra la paz y la alegría del perdón. Andamos siempre revolviendo el pasado. Dudamos que Dios nos haya perdonado y nos volvemos a confesar una y mil veces lo que hicimos de niños o de jóvenes.

El cristiano es el que ha descubierto el amor y la vida, el que ha descubierto que Dios le ama tanto o más que a sí mismo, y ha descubierto que más que amenazado de muerte está amenazado de vida.

Nos han metido en la cabeza un cristianismo de castigo y de muerte, cuando el Evangelio es el gran anuncio del amor, de la vida y de la esperanza. No hagamos antipático el Evangelio y la fe. No hagamos antipático el ser cristiano. Al contrario, presentemos nuestra fe como una invitación al amor y a la vida.
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