


- Rufito, empújate este trago, al cual le habían agregado algo de kerosene, y éste, a ojos cerrados, se lo bebía aunque se le retorcieran los ojos.
- Rufito date una vuelta a la manzana caminando de espaldas y este empezaba el recorrido entre choques y tropiezos y maldiciones de las señoras hasta terminar, mareado, donde empezó, etc…
Pero, luego de pasar el rato con Rufito, el grupo de “pendeivis” culminaban sus hazañas con lo que ellos consideraban el “ya no ya” de la viveza, y colocaban dos grupitos de monedas, en uno había cinco monedas de un sol y en el otro tres monedas de cinco soles y llamaban a Rufito y le decían:
- Rufito, escoge uno de los grupos de monedas y te lo llevas, y Rufito luego de dar una mirada de tasador contable decía:
- Uds. creen que me van a engañar, me llevo este que tiene más monedas y se los metía al bolsillo mientras todos se reían de tal “perspicacia”.

- No creas que soy tan tonto, aunque lo parezca, se muy bien que las tres monedas valen tres veces más que los otras cinco juntas, pero el día que yo las escoja, el jueguito se acabaría así que prefiero llevarme siempre cinco y no sólo una vez quince. Ellos creen que soy tonto y yo me aprovecho de lo que ellos creen.
Mario Domínguez Olaya
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