
Escuchar el audio del “petrogate” criollo ha despertado la indignación de muchos peruanos. No porque sean una novedad: lamentablemente desde que el Perú se constituye como país su historia está atravesada de estos actos de saqueo al Estado; sino porque esas conversaciones ponen en nuestra agenda un tema que a veces quisiéramos ignorar. El tema de una corrupción que afecta directamente a nuestro dinero; no solo del Estado sino el nuestro, ya que el Estado se nutre de nuestros impuestos. Pero que por sobre todo afecta a nuestra viabilidad social, a la institucionalidad, a la confianza que deben tener las sociedades en quienes la representan.
Nos pone también ante la pregunta ética de la acción. ¿Qué podemos hacer como ciudadanos en el escenario de lo macrosocial, de lo político? ¿Qué podemos hacer para que en nuestro entorno no generemos con acción u omisión ese marasmo moral del cuál se nutren estos y otros negociados? Porque no podemos ser ingenuos: la venta de influencia, el “aceitar”, la coima, no son hechos ocasionales sino costumbre bien asentada. Y si bien se la ha detectado en este caso, sospechamos que hay muchas otras compras y transacciones que han obedecido al mismo criterio. Se requiere la acción y presión ciudadana para evitar la impunidad, y para generar en lo micro el cambio de mentalidad. ¿Cuál será nuestra acción?
Que este acontecimiento no quede en “noticia”. Es decir, en el comentario de unos días que se irá apagando en cuanto culmine la “novedad”, para irse retirando de a pocos de la frágil memoria política de los peruanos. Hasta es probable que en estos días se levante una cortina de humo para cambiar de “noticia”. Que la indignación se encamine a construir una sociedad más limpia y mejor.
Juan Borea Odría
Nos pone también ante la pregunta ética de la acción. ¿Qué podemos hacer como ciudadanos en el escenario de lo macrosocial, de lo político? ¿Qué podemos hacer para que en nuestro entorno no generemos con acción u omisión ese marasmo moral del cuál se nutren estos y otros negociados? Porque no podemos ser ingenuos: la venta de influencia, el “aceitar”, la coima, no son hechos ocasionales sino costumbre bien asentada. Y si bien se la ha detectado en este caso, sospechamos que hay muchas otras compras y transacciones que han obedecido al mismo criterio. Se requiere la acción y presión ciudadana para evitar la impunidad, y para generar en lo micro el cambio de mentalidad. ¿Cuál será nuestra acción?
Que este acontecimiento no quede en “noticia”. Es decir, en el comentario de unos días que se irá apagando en cuanto culmine la “novedad”, para irse retirando de a pocos de la frágil memoria política de los peruanos. Hasta es probable que en estos días se levante una cortina de humo para cambiar de “noticia”. Que la indignación se encamine a construir una sociedad más limpia y mejor.
Juan Borea Odría
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