viernes, 17 de abril de 2009

"USTEDES SERÁN MIS VERDUGOS...!"

Ésta fue una frase que con el paso de los años se hace cada vez más hilarante y muy anecdótica. Roberto Lecaro es el autor de esta sentenciada frase que pronunció hace 32 años durante una excursión que hicimos un reducido grupo de los Maristas Boys.

Era octubre de 1977, Juan Borea -nuestro profesor- había despertado en nosotros un entusiasmo e interés por las caminatas, excursiones y campamentos durante ese año. Como Walter Palomino no era muy amigo y devoto de las actividades que realizaba Juanito dentro y fuera del salón de clases, me sugirió realizar un campamento entre nosotros convocando solo a un pequeño grupo que no excediera en número a los dedos de la mano. Teníamos en casa un equipo de camping y me pareció una buena idea.

Muchos de los que avisamos se apuntaron, pero pocos al final pudieron ir. El problema es que éramos menores de edad e íbamos a estar solos sin la guía de una persona mayor. Muy dificil que nuestros padres dieran su autorización para esta actividad. Al final quedamos Walter P., Walter V., Roberto Lecaro y yo. Después arrugó el milenario amigo y solo tres serían de la partida. Nos reunimos con días de anticipación para coordinar acciones. Tenía que ser un lugar no tan lejos en donde lleguemos caminando y que tenga acceso a la carretera y a servicios básicos. La verdad que éramos un grupo muy comodón y queríamos tener todo a la mano, por si las moscas.

Se barajaron muchos destinos: Huachipa, Chaclacayo, Lurín, hasta la Molina fue una posibilidad dada la imperiosa necesidad de conseguir el permiso anhelado. Solo tres jovencitos durante un fin de semana muy lejos de casa. Tenía algo de experiencia en campamentos por mi familia y por las actividades que realizaba Borea. Walter y Roberto eran primerizos. Para ganarse el permiso Roberto tuvo que mentirles a sus papás que mi papá nos llevaría y nos recogería, además ayudamos casi de rodillas para consiguir su anhelado permiso. Cuando les dijimos que podría ser en Huachipa o Chaclacayo casi se desmaya la "Baronesa" -así la conocíamos a la madre de Roberto. No nos quedó más quedarnos con la Molina como destino final. No se rían que hasta aquí los escucho... no teníamos otra alternativa, además en ese tiempo no estaba tan poblada como ahora, y es entonces que cerca de una laguna acordamos acampar un viernes para regresar un domingo.

Después de quemar neuronas con los argumentos para sacar a Roberto de su casa, el problema era ponernos de acuerdo con la comida que llevaríamos para el paseo. Propuse conservas de atún con papas sancochadas, frutas y agua. Walter casi me pega cuando hablé y dijo que no le era de su agrado, él quería pollo a la brasa y Roberto era de la idea de pollo frito con arroz. Nunca nos pusimos de acuerdo, lo ideal era que comiéramos los tres lo mismo. Al final cada uno llevaría lo que le venga en gana en honor a la paz. Muchas cosas pasaron por nuestras cabezas como actividades para ese fin de semana: Leer algo, nadar, cazar las aves silvestres con onda, realizar una fogata para espantar mosquitos -con uno grande bastaba: Roberto- calentarnos y cocinar salchichas al fuego, etc..... casi nada de lo proyectado se realizó...por qué? Ya sabrán el porqué.

Para despistar mi viejito se prestó para la cochinada del engaño, salimos con Walter en su carro y fuimos a recoger a Roberto. Tocamos la puerta de su casa y salió el señor Leonidas -su viejo- nos hizo pasar y Roberto todavía ni había desayunado. Su mamá nos saludó y llamó al susodicho.

Sra . Rosa: "Robeeeeeert ven a tomar tu lecheeeeee..."

Fue el momento que Walter al tratar de aguantarse la risa se le salieron los mocos..

Roberto bajando las escaleras nos saludó y tomó su leche. Al quedar su cara con el bigote blanco marcado por la leche, mamá Lecaro lo retiró con un pañuelo. Dándole un beso en la frente y alcanzandole su mochila se despidió de él. Parecía mas bien un adios definitivo, creo que hasta las lágrimas se le escaparon a la "Baronesa", Don Leonidas antes de partir le dió las últimas recomendaciones.

Mi papá nos dejaría en el cruce de Javier Prado y la Panamericana Sur. Y fue así, muy entusiamados bajamos del coche y arrancamos viaje caminando con la pesada carga en nuestras espaldas. La carpa era grande como para 8 personas, así que nos turnábamos para cargarla, además teníamos acuestas un cooler que pesaba como los mil demonios, no como los de ahora. Pasaban los minutos y con la lengua por el suelo Roberto era el más cansado del pequeño grupo, Walter y yo también sentíamos la pegada del sol sobre nuestras cabezas. Eran dos horas de camino y ya estábamos rojos y con algo de dolor de cabeza producto de la insolación. Subimos algunas colinas, pasamos por algunos sembríos y cerca a un lago acordamos acampar. Lo primero que hicimos fue meternos al agua, algunos con ropa y todo. Gracias a que salimos tarde de la casa de Roberto llegamos al lugar a las dos de la tarde, todo el camino con el sol sobre nosotros, yo sufría de cefalea vascular y ese día no fue la excepción a la regla. Me tomé unos calmantes y se fue el dolor de cabeza.

Levantamos el campamento muy cerca al lago -craso error- nos hidratamos un poco y pusimos todo en orden. Nos pusimos a comer lo que cada uno había traído, acto seguido Roberto se puso su ropa de baño y fue a nadar un poco. Ya eran las 3 y media de la tarde y mientras Roberto hacía su acostumbrada siesta, Walter y yo nos pusimos a buscar algo de ramas y maderos para la fogata de la noche. Después de regresar al campamento Walter entra un momento a la carpa y encuentra a Roberto pálido y sudando frío. Sale y me dice que "el mosquito" se sentía mal y quería regresarse a San Juan.

Walter: "Paco, Roberto está hasta las tapas"
Paco: "Qué es lo que tiene?"
Walter: "Está de color amarillo, yo diría casi verde..."

En eso entramos los dos a la carpa y Roberto echado en el suelo nos dice:

Roberto: " Me siento mal, muy mal. Me duele la cabeza, tengo nauseas y un poco me duele el estómago" -dice esto tocándose la barriguita-
Paco: "He traído un poco de té caliente, seguramente tienes una indigestión"
Roberto: "No nooooo, debe ser algo peor..!!"
Paco: "Lo que pasa es que después de comer te metiste al agua y te haz puesto así. Te pasará dentro de un rato..."
Walter: "A quién no le ha dolido el estómago alguna vez? Tienes ganas de cagar?"
Roberto: "Nooooo me quiero ir...quiero irme a mi casa.."
Walter: "No seas falla Robert... vas a malograr el campamento. Recién hemos llegado y ya te quieres quitar."
Paco: "Ya lo malogró, no va a parar hasta que llamen a sus padres."

Entonces le dí la infusión para que se componga algo, cuando terminó de beber soltó un erupto mas fuerte que un claxon de carro.

Paco: "Ya ves, eso fue todo, un simple enfriamiento seguido de gases..."
Roberto: "Nooooooo (mas fuerte que los demas no) ya me quiero ir! SINO ME VOY A MI CASA ME VOY A PONER PEOR Y USTERES SERÁN MIS VERDUGOS!!!"
Walter: "No hay nada que hacer Paco, tenemos que llamar a su casa"

Por aquellos tiempos, el tener teléfono era casi un lujo, por lo menos en San Juan. Uno tenía que solicitarlo con años de anticipación y muy pocos tenian la suerte de contar con uno. Dentro de los compañeros que gozaban de este servicio estaban Sergio, Walter V., Martín O., y por supuesto Roberto Lecaro. Walter fue a la ciudad e hizo la llamada, yo me quedé cuidando al enfermo. En cuanto regresó Walter comenzamos a empacar las cosas de Roberto, despues le mojamos la cabeza un poco y le hicimos algunas bromas para hacerlo sentir mejor. Después de una hora aproximadamente aparecieron sus papás junto con su hermana mayor. Había en sus rostros mucha preocupación y ansiedad. Cargaron con el "muertito" y regresaron a San Juan o quizás a alguna clínica de emergencias, la verdad no sé. Antes que sus viejos aparecieran en escena le dijimos a Roberto: "NO TE VAYAS A OLVIDAR DE AVISAR A NUESTROS PADRES PARA EL REGRESO, UN CAMPAMENTO DE A DOS NO ES CAMPAMENTO."

Paco: "Llamas a Martín Orellana para que le avise a mi papá y nos venga a recoger mañana muy temprano (Martín vive hasta ahora a la espalda de mi casa) Sabes su teléfono?"
Roberto: "Si, lo tengo apuntado en el directorio"
Paco: "Roberto no te vayas a olvidar, vamos a estar listos desde las 8 de la mañana"
Roberto: "NO TE PREOCUPES, DE TODAS MANERAS LO LLAMO"

Entonces llegó la oscuridad de la noche al campamento. Escuchábamos grillos, sapos, etc- Vimos tambien muy cerca de nosotros a luciérnagas y ratas que merodeaban la carpa a pesar de la fogata. Estábamos palteados y dormimos con sobresaltos durante la noche. Aprovechamos de contar alguna historia para entretenernos, hablar de música y de todo un poco. Llegó la hora de roncar y nos metimos cada uno en su bolsa de dormir.
Amaneció, ya era sábado y teníamos que desarmar la carpa y preparar todo para el triste retorno, de seguro Don Pancho conociéndolo tan bien estaría por llegar. Es cuando levanto un párpado y veo como Walter era rodeado por miles y miles de hormigas que cubrían su bolsa de dormir. Él estaba en una posición parecida a una momia egipcia mirando al techo, solo su rostro estaba libre y todo su cuerpo hirviendo en bichos.

"WALTER WALTERRR, LEVÁNTATE..!!" - le dije gritando. Él salió corriendo sin decir nada y se metió al lago de cuerpo entero. Eran las seis de la mañana y ni el frío sintió con tanta hormiga encima. Lo que había pasado era que Roberto había dejado su taper de comida muy cerca de la bolsa de dormir de Walter y no lo vimos al empacar. Para la noche Walter desplegó su bolsa y se metió en ella, sin presagiar tal desenlace.

Pasado el susto, limpiamos todo, sacudimos la carpa y la empacamos, todo quedó en orden. Ya eran las 8 am, nos sentamos encima de la carpa y el cooler a esperar. Literalmente esperamos sentados buen rato. Nuestra piel sudada y enrogesida por el sol pedía a gritos Lima. En más de una oportunidad nos metimos a la laguna a refrescarnos, ya no teníamos agua y la desesperación nos embargó:

Paco: "Habrá entendido Roberto lo que le encargamos?"
Walter: "Espero que sí, pero ya son las 11 de la mañana y tu papá no ha llegado"
Paco: "Este huevón se ha olvidado, mi papá hace rato hubiera venido de saberlo. Por favor llámalo y averigua si realmente llamó"

Walter se pérdió otra hora más para hacer la llamada. A su regreso me dijo que la "Baronesa" le había contestado y que Roberto estaba muy bien, ese mismo día en que llegó ya se encontraba sano, tanto así que salió un rato donde Franz. NO HABÍA LLAMADO POR TELEFONO A MARTIN..!! El muy condenado se habia olvidado de nosotros... Lo pusieron al telefono al ingrato amigo y Walter desató su mas pesada artillería.

Pero ahi no terminaba todo, nooo , hay mas. Eran las tres de la tarde y mi papá apareció con el Mark 5 hecho un manojo de nervios. Robertito habia hablado con la madre de Martin y le había dicho que nos vayan a recoger a la Molina que estabamos mal. La señora le dijo a Martin que Don Pancho los recoja rapidamente porque les habia sucedido algo muy grave. Martin fue avisar a mi casa y le dijo a mi madre que habíamos sufrido un accidente y que parece que casi nos habíamos ahogado en una laguna de la Molina. Doña Chelita -mi mamá- le dijo a Don Panchito -mi papá- que estábamos graves con inanición al lado de la carretera, casi agonizando.....Suena chistoso pero así sucedió, a mi viejito tuvieron que pasarle huevo y cuy juntos esa noche........

Paco Cárdenas Linares

1 comentario:

  1. Desde niño Robert era una falla, no ha cambiado, donde está? ya no se le ve.

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