
CÓMO “ENGAÑAR” A LA MUERTE
Desde niño, Felipe fue incubando una idea que a lo largo de los años se convertiría en obsesión: cómo burlar a la muerte cuando ésta venga por él.
Toda su juventud se la pasó rumiando sobre la manera más astuta de llevar a cabo su cometido y llegó a la conclusión que lo mejor era instruirse y formarse como científico y se enfrascó en el estudio apasionado de la biología; ingresó a la universidad y fue de los primeros en su clase especializándose en genética, culminó sus estudios universitarios y siguió estudiando varias maestrías y se doctoró como biólogo genetista y comenzó primero a experimentar con la criogenia y concluyó que era posible congelar por mucho tiempo gametos y tejidos para luego, en un futuro, revivirlos sin embargo, se dio cuenta que, al fin y al cabo, en la distancia de tiempo que sea, la muerte llegaría y haría su trabajo; además congelándose él mismo no estaba totalmente seguro que alguien tan calificado como él lo reviviera en el futuro.
Toda su juventud se la pasó rumiando sobre la manera más astuta de llevar a cabo su cometido y llegó a la conclusión que lo mejor era instruirse y formarse como científico y se enfrascó en el estudio apasionado de la biología; ingresó a la universidad y fue de los primeros en su clase especializándose en genética, culminó sus estudios universitarios y siguió estudiando varias maestrías y se doctoró como biólogo genetista y comenzó primero a experimentar con la criogenia y concluyó que era posible congelar por mucho tiempo gametos y tejidos para luego, en un futuro, revivirlos sin embargo, se dio cuenta que, al fin y al cabo, en la distancia de tiempo que sea, la muerte llegaría y haría su trabajo; además congelándose él mismo no estaba totalmente seguro que alguien tan calificado como él lo reviviera en el futuro.

No pasó mucho tiempo y Felipe presintió que ya no faltaba mucho para que la muerte lo visite y el momento llegó, y como la clonación simultánea había incluido también los achaques del original los cinco se sentaron en su sala a esperar a la muerte y ésta llegó.

Avanzó unos pasos hacia la puerta y sintió la sonrisa satisfecha de Felipe que ya se sentía triunfador sobre la muerte y entonces decidió jugarse la última carta para determinar cuál de ellos era el original.
- Lo felicito Dr. Felipe, ha hecho Ud. un trabajo casi –y remarcó fuertemente el “casi”- perfecto a no ser por un error que no ha llegado a percibir, pero yo sí.
Entonces pasó lo inevitable, el silencio lacrado que los cinco Felipes habían guardado fue roto por uno de ellos –el original-.
- Es imposible, no puede haber error, todos los detalles han sido meticulosamente cubiertos…
Entonces pasó lo inevitable, el silencio lacrado que los cinco Felipes habían guardado fue roto por uno de ellos –el original-.
- Es imposible, no puede haber error, todos los detalles han sido meticulosamente cubiertos…
Menos uno, dijo la muerte, el ego del original que no pudo soportar la crítica de su trabajo “perfecto” y dejó de callar. Felipe comprendió que había sido derrotado por él mismo, bajó la cabeza y la muerte lo tomó del brazo y ambos cruzaron la puerta que tenían que cruzar, mientras tanto los cuatro Felipes clonados permanecieron sentados, en silencio sin saber ya qué hacer.
Mario Domínguez Olaya
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