sábado, 28 de junio de 2008

LA HONDA DE DAVID

Aunque Augusto Monterroso nació en Tegucigalpa, capital de Honduras el 21 de diciembre de 1921 siempre se sintió guatemalteco ya que ese país no solo acogió su adolescencia y juventud desde los 15 años sino que también fue la fragua de un indomable espíritu latinoamericano y antiimperialista que lo llevó a embarcarse en mas de una aventura política contra las dictaduras que solían instaurarse en Centroamérica y fue precisamente un golpe de estado militar que lo obligó a exiliarse en México desde 1944. Maestro del relato breve y la fábula, siempre con un mensaje preciso, sustancioso e irónico inaugura un espacio literario en las letras latinoamericanas que difícilmente ha podido ser alcanzado; sus ojos se cerraron hace poco, el 7 de febrero del 2003 en la Ciudad de México. He aquí una pequeña muestra de su talento que siempre estará vivo.

“Había una vez un niño llamado David N., cuya puntería y habilidad en el manejo de la resortera despertaba tanta envidia y admiración en sus amigos de la vecindad y de la escuela, que veían en él -y así lo comentaban entre ellos cuando sus padres no podían escucharlos- un nuevo David.

Pasó el tiempo

Cansado del tedioso tiro al blanco que practicaba disparando sus guijarros contra latas vacías o pedazos de botella, David descubrió que era mucho más divertido ejercer contra los pájaros la habilidad con que Dios lo había dotado, de modo que de ahí en adelante la emprendió con todos los que se ponían a su alcance, en especial contra Pardillos, Alondras, Ruiseñores y Jilgueros, cuyos cuerpecitos sangrantes caían suavemente sobre la hierba, con el corazón agitado aún por el susto y la violencia de la pedrada.

David corría jubiloso hacia ellos y los enterraba cristianamente. Cuando los padres de David se enteraron de esta costumbre de su buen hijo se alarmaron mucho, le dijeron que qué era aquello, y afearon su conducta en términos tan ásperos y convincentes que, con lágrimas en los ojos, él reconoció su culpa, se arrepintió sincero y durante mucho tiempo se aplicó a disparar exclusivamente sobre los otros niños.

Dedicado años después a la milicia, en la Segunda Guerra Mundial David fue ascendido a general y condecorado con las cruces más altas por matar él solo a treinta y seis hombres, y más tarde degradado y fusilado por dejar escapar con vida una Paloma mensajera del enemigo”.
Mario Domínguez Olaya

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