miércoles, 2 de noviembre de 2011


SUCEDIÓ EN EL PERU HACE 20 AÑOS: EPIDEMIA DE CÓLERA
Una historia que no debe repertirse. La irresponsabilidad de un gobierno y el profesionalismo de los Médicos del Perú

A principios de enero de 1991. Un carguero procedente de Asia, del que no se dará nombre alguno por razones de seguridad, fondeó frente a las costas del Perú. Durante la noche el barco descargo desechos en el mar y con ellos, una mortal contaminación de bacterias del cólera. Capaces de sobrevivir hasta 60 días en las frías aguas del litoral peruano, estas bacterias se multiplicaron en el microplancton. Del cual se alimentaron muchos peces y mariscos que después fueron vendidos en los terminales y terminaron en las mesas de los hogares locales.

El doctor Carlyle Guerra de Macedo, director de ese momento de la Organización Panamericana de la Salud declaró que “no podemos confirmar que esa haya sido la fuente de del cólera, pero es una posibilidad admisible. En la actualidad los barcos que hacen lastre en otros países, deben de deslastrar sus aguas antes de llegar a un puerto por medidas de seguridad de no contaminar las aguas, todo se hace en altamar o a mas de 25 millas de las costas, es una reglamentación internacional".

El 26 de enero, Hugo Mariños despertó temprano en su desvencijada choza de madera, en Chimbote, 425 km al norte de lima, y se preparaba para salir al mar para iniciar otra jornada de pesca. Pero se sentía mareado, y de pronto se doblo por los tremendos cólicos que tenia, a lo cual le siguió una diarrea intensa. A media mañana estaba deshidratado y al medio día ya no podía tenerse en pie, sus vecinos lo llevaron al hospital la Caleta, de Chimbote.

Los médicos le pusieron inmediatamente una inyección intravenosa para restituirle los líquidos vitales. Esa noche cuando acudió a visitarlo su madre, Marina Castillo, Hugo que había estado al borde de la muerte, ya estaba bastante restablecido y fuera de peligro. Tres días después Marina estaba preparando el desayuno para sus nietos Christian y Andy, cuando de pronto le sobrevino un ataque de vomito, diarrea y cólicos. Sin pérdida de tiempo su hija María la llevó al hospital, ese mismo día Christian, de tres años enfermó con los mismos síntomas, pero no fue sino hasta la tarde que su madre decidió llevar al niño al hospital ya que empeoraba muy rápidamente su condición.

Al día siguiente Andy, de cinco años, también presentó los mismos síntomas, pero esta vez María se apresuró a llevarlo de inmediato al Hospital de la Caleta. Andy se salvó, pero Christian falleció el 29 de enero. Para esa fecha la Caleta estaba repleta de enfermos, procedente de los barros marginales de la ciudad de Chimbote, los cuales están densamente poblados. Al mismo tiempo comenzaron a aparecer más casos en ciudades de la costa peruana.

En Chancay, unos 70 km al norte de lima, se pensó que el brote masivo era producto del agua potable contaminada. Cuando falleció la primera víctima una sexagenaria, el Dr. Jaime Uribe, director del hospital de la localidad, ya había empezado a sospechar que se trataba del cólera, si ese es el caso, tendremos una bomba de tiempo en nuestras manos. Cada cual por separado, los doctores Jaime Uribe y Jorge rabanal calderón, este ultimo director médico de la Caleta, enviaron a lima informes urgentes sobre la aparición de la enfermedad. Varios equipos de médicos y enfermeros del laboratorio del Ministerio de Salud se presentaron en Chancay, Chimbote y otras ciudades costeras, para tomar muestras de heces, alimentos y agua.

Después de analizarlas en los laboratorios del Instituto Nacional de Salud, donde se aisló al agente era el causal de la epidemia. Agrupada en colonias amarillentas, la siniestra bacteria fue identificada rápidamente: era el VIBRIO CHOLERAE, de la cepa El Tor, la que prolifera con mayor rapidez. El 4 de febrero, el doctor Carlos Vidal Layseca, ministro de salud, estaba en Washington, D.C., participando de una conferencia de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) , cuando le informaron por teléfono que tenían una epidemia de cólera y que la variedad era del tipo El Tor. Vidal le informó al director de la OPS.

 Estos dos doctores tenían que tomar una decisión rápida y eficaz para poder atacar la epidemia y de todo eso dependía la vida de miles de personas no solo en el Perú, sino en Latinoamérica. El cólera se contrarresta fácilmente en los países que cuentan con abastecimiento de agua clorada e instalaciones sanitarias modernas; pero en Sudamérica millones de persona aun carecían de los vitales servicios de agua, y alcantarillado, por consiguiente el cólera era una bomba de tiempo y un desastre inevitable por donde se viera.

La infección se contrae ingiriendo agua o alimentos contaminados con heces de personas infectadas por el VIBRIO CHOLERAE, este vibrión produce una toxina que ataca al intestino humano provocando que elimine agua y sales de la sangre y los tejidos, en vez de absorberlos, como es su función normal. Esta situación origina diarrea intensa y vomito. El paciente llega a perder hasta un litro de líquido por hora, y el 25 % de su peso corporal en 24 horas. La piel se arruga, los ojos se hunden y aparecen calambres en las piernas. Como la sangre se espesa, baja la presión arterial, se presenta estado de choque y existe la posibilidad que ocurra una insuficiencia renal. Sin atención médica podría perecer por lo menos el 50% de las personas infectadas. Por suerte el tratamiento es sencillo: grandes cantidades de agua con sales rehidratantes sal común azúcar y potasio, para restituir el liquido y las sustancias perdidas a causa de la diarrea, en consecuencia es posible salvar al 99% de los pacientes con un oportuno tratamiento.

 Con todo la mejor medida contar el cólera es la preventiva. Para detener esta epidemia se necesitaba de hacer un trabajo conjunto de las autoridades sanitarias y de medios de comunicación para concientizar a la población muchas veces analfabeta , se tenía que pedir que presidieran de sus alimentos favoritos, como el ceviche elaborado con pescado fresco y mariscos crudos, que se maceran en jugo de limón ( los mariscos cocidos , matan la bacteria del cólera), se solicitó que hirvieran el agua potable y se solicitó que se lavaran las manos después de comer y de defecar. Después de poner al tanto al director de la OPS, Vidal retornó al Perú.

Un equipo de jóvenes médicos se puso a trabajar enseguida, pasando a supervisar asentamientos humanos, hospitales, postas medicas y colegios donde podrían dar instrucciones de la manera de prevenir e iniciar un tratamiento sobre algún síntoma que pudiera representar el cólera; una fábrica de Lima estaba produciendo grandes cantidades de suero por un aproximado de 7 toneladas que fueron dadas a la Fuerza Aérea Peruana, las cuales fueron transportadas a Chimbote donde ya habían fallecido nueve personas y se hallaban hospitalizadas 900 personas mas. Mientras tanto la amenaza aumentaba a pasos agigantados, como las ciudades costeras descargan sus aguas residuales o negras al mar, en esos momentos ya se encontraban colonias muy numerosas de vibrio cholerae cerca de los vertederos de aguas negras, los mariscos los peces, el plancton sacado del mar eran portadores de vibriones, así mismo también estaban contaminadas las aguas con las que los pescadores lavaban el pescado en los terminales.

En vista que se presentaban miles de nuevos casos de cólera, Vidal aconsejo por televisión a sus compatriotas que se abstuvieran de comer frutas, mariscos y pescado, crudos o sin lavar. Los peruanos atendieron la exhortación. En los días siguientes se desecharon cerca de 200,000 kg de pescado que no se habían vendido, y los precios se vinieron abajo, El ciclo se había interrumpido, pero a un costo muy alto. A lo que ocurrió después se le llamó “la guerra del ceviche”. El 24 de febrero, el presidente Alberto Fujimori acudió acompañado de varios reporteros de televisión a la zona de San Andrés situada a 240 km de lima en el departamento de Ica y comió en público un plato de ceviche para demostrar que era inofensivo. Lo que el presidente peruano olvidó decir fue que el ceviche, preparado con pescado de aguas profundas y capturadas lejos de las tuberías de desagües, probablemente estuviera libre de las bacterias del cólera. Esta actitud fue en contra de lo recomendado por los galenos del país.

Escandalizado, el doctor Vidal, lanzó un nuevo comunicado, advirtiendo que no debería de consumirse pescado ni mariscos crudos. Pero luego el ministro de pesquería Félix Canal, comió ceviche ante las cámaras de televisión en un mercado de Lima días después debió ser hospitalizado, aunque su historia clínica fue borrada del mapa y mantenido su estado de salud en secreto, como casi todo lo hacia el gobierno de turno.

A principios de marzo Fujimori reapareció a bordo de un pesquero y preparo sashimi, estaba en las costas de Chimbote y volvió a comer pescado. Esta actitud irresponsable del mandatario llevó al doctor Vidal a replantear su estrategia y planteamiento para combatir el cólera, pero en vano fue todo intento de poder hacer las cosas correctamente y en un último intento decidió presentar su carta de renuncia irrevocable. Entre tanto, la epidemia cundió. En el término de dos semanas, del 17 de febrero al 4 de marzo, el número de casos se elevo de 20,580 a casi 55,000. Desgraciadamente el Vibrio cholerae había llegado al rio Rímac, fuente de abastecimiento de agua potable para la ciudad de lima capital de la republica del Perú.

En el hospital Loayza, en lima los doctores Juan Villareal, Carlós Moreno, Boris Medina y Rosario Uribe, los primeros de cuatro que se ofrecieron a formar una unidad especial para combatir el cólera, trabajaron los siete días de la semana en turnos de 12 horas diarias, incluidas sus guardias nocturnas, a finales de abril la unidad estaba atendiendo a mas de 100 personas al día. Los médicos y para médicos lucharon con verdadero heroísmo a lo largo de toda la costa peruana. En Chancay el diminuto hospital de 27 camas atendía a más de 60 personas, llegando a reducir el tratamiento a cuatro horas a fin de dejar espacio para más enfermos.
Los pacientes llegaban con ataques tan explosivos que muchas veces llegaban a vomitar sobre las enfermeras o médicos tratantes. “Como trabajadores de salud publica tenían que demostrar a los pacientes que no estaban asustados” comentó el doctor Jaime Uribe director del hospital, “pero en realidad si lo estaban” Al mismo tiempo estaba llegando a la población el mensaje de prevención que había organizado el doctor Vidal, y comenzó a bajar el número de enfermos en todo el litoral costeño del Perú.

En la sierra la epidemia había brotado a mediados de febrero especialmente en la ciudad de Cajamarca, a donde acudió mucha gente a celebrar el carnaval, muchos defecaban al aire libre por no haber muchas instalaciones sanitarias. Como es costumbre en la zona la ropa de los muertos se lavan en los ríos con lo cual se difundía el contagio aguas abajo ya que las personas cocinan muchas veces con el agua de los ríos. las fuerzas de defensa se organizaron: los bomberos locales repartieron medicinas, radiaban con megáfonos avisos preventivos, llevaban a los enfermos a los hospitales, trabajaban como paramédicos dando los primeros auxilios, desinfectaban los sanitarios de los hoteles , restaurantes y hospitales. Las “rondas campesinas”, organización no oficial de campesinos creada para combatir el abigeato, construyeron letrinas.

Bien entrado abril, se fue controlando poco a poco la epidemia, cuyo costo ya se estimaba en 1000 millones de dólares. Con el ramalazo del cólera, Perú había enseñado a los demás países latinoamericanos a organizar la defensa; pero, ¿podrían estar preparados a tiempo? Desde Washington, guerra de Macedo organizaba a epidemiólogos, científicos y trabajadores sociales de Latinoamérica y del Caribe, y les asignaba tareas específicas.

Los ingenieros sanitarios diseñaron letrinas sencillas para las casas y sistemas baratos para tratar el agua con cloro el agua potable urbana. Los expertos en educación pública prepararon e imprimieron mensajes multilingües y video cintas de vhs, para enseñar a la gente a purificar el agua. Tal era la magnitud de la epidemia en la región que el director de la OPS asistió en sucre, Bolivia a una conferencia con los ministros de salud de chile, Brasil, y el grupo andino, para elaborar un plan común de lucha contra el cólera. Guerra de Macedo comenzaron urgente mente a solicitar urgentemente suministros médicos y apoyo financiero a todo el mundo. La respuesta no se hizo esperar; La comunidad económica europea dono un millón de dólare,s 21 gobiernos  donaron en total 3,5 millones de dólares. El Banco Interamericano de Desarrollo dono al Perú un millón de dólares y otros 4 millones a la región afectada.

La institución médicos sin fronteras, envió, 6 toneladas métricas de material medico. La agencia para el desarrollo internacional, de Los Estados Unidos de Norte América donó 1,5 millones de dólares para Perú y 10 millones para la región afectada. Holanda donó 2 millones de dólares, para ser utilizados en un programa de educación de prevención del cólera en la región.

En la primera semana de marzo le llegó su turno a Ecuador. Un grupo de familias que recolectaban larvas de camarones para las granjas locales que los cultivan, se mudó a Tumbes, Perú a bajo alto, donde acamparon varios pescadores de diferentes poblaciones. De alguna manera llegaron a la fosa séptica las bacterias del cólera y con la marea alta se contaminó la dotación de agua de la comuna, cuando retornaron los pescadores a su pueblo la epidemia se propagó rápidamente.

Aleccionado por la experiencia del Perú, el gobierno de Ecuador tenía preparado un plan de urgencia. Durante las primeras seis semanas de la epidemia solamente se confirmaron 682 casos y de los cuales 59 fueron fatales. Desde el Ecuador el vibrio cholerae se propagó hacia la frontera con Colombia, en cuanto se supo que en puerto Tumaco (Colombia)  habían 80 casos de cólera, las autoridades declararon el estado de emergencia sanitario, en toda la costa del pacifico. Chile se había preparado para lo peor, instalando incluso puestos de control, deteniendo a todos los buses que provenían de Perú, solicitaban a los choferes que les den dato de posibles enfermos de diarreas, para darles la atención médica necesaria .aunque aparecieron solo algunos casos, las autoridades lograron detener la epidemia con bastante éxito, los medios de comunicación como los trabajadores sociales hicieron un gran trabajo y concientizaron a la población en medidas preventivas.

Todo hacía presagiar que México se había librado, pero no obstante, en junio se registraron 17 casos en San Miguel de Totolmaloya, en el estado de México. Las autoridades se movilizaron con rapidez para contener la epidemia, pronto realizaron análisis de las aguas negras de las riveras de las ciudades de la costa del pacifico e identificaron la bacteria, era el vibrio cholerae. Establecieron un cordón sanitario epidemiológico en las zonas afectadas y vigilancia férrea en los puertos aeropuertos, aduanas y terminales terrestres, también se dieron instrucciones de no comer pescado fresco, frutas, lavarse las manos después de comer y después de ir al baño.

En Brasil fueron atendidos 15 casos todos en puestos fronterizos con Perú. El doctor Arnaldo Ruso, secretario de salud el estado de la amazonia, declaró “descartamos la posibilidad de una epidemia por que nos adelantamos a tomar medidas cuando el cólera estaba en Perú”. A mediados de año, gracias al trabajo diligente, eficaz y coordinado en materia de salud pública, el número había disminuido en la mayoría de estos países, hacia diciembre de 1991. La estadística era la siguiente: Ecuador, 43,173 casos, 636 muertos Colombia, 11,041 casos, 202 muertos Chile, 41 casos, 2 muertos Brasil, 549 casos, 12 muertos México, 2437 casos, 25 muertos.

Pero fue en el Perú donde los profesionales de la salud pudieron sentirse más orgullosos de su labor. Pese a que se infectaron más de 297,000 peruanos, fallecieron apenas un poco más de 2800: menos del uno por ciento. En el hospital Loayza, de Lima la tasa de mortalidad se había mantenido en 0.35 por ciento, en el hospital del doctor Jaime Uribe, en Chancay se atendieron 1856 pacientes y  únicamente 5 de ellos perdieron la vida.

Llegó el momento en que los latinoamericanos debían de reflexionar de nuevo las palabras que pronuncio el novelista Gabriel García Márquez cuando aceptó el Premio Nobel de literatura en 1982 “ni los diluvios, ni las pestes, ni las hambrunas, ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas través de los siglos han podido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.

El cólera llegó a Panamá, El Salvador, Honduras, Bolivia, Venezuela, Guatemala. Debemos de reflexionar que este mal está latente en nuestros países porque existen lugares donde la gente vive y carece de los principales medios de salubridad, cada día somos más personas sobre el planeta y seguirá así debemos estar preparados para cualquier otra contingencia que debe de aparecer en cualquier momento.

Espero que este tema sea de su agrado y espero estar con otros  próximamente.

Gracias por tenerme presente...
Manuel Humberto Barreto García

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