sábado, 3 de enero de 2009

INSOMNIO

Desde hace ya algunos años, me visita de cuando en cuando mi amigo el insomnio, al principio me causaba algo de temor y ansiedad pero poco a poco lo fui conociendo y nuestros coloquios cada vez se hicieron más interesantes, finalmente me di cuenta que algún provecho podía sacar de esta compañía y que no era del todo malo ver pasar el velo de la madrugada sobre todo cuando alguna musa desprevenida se detenía para acariciar mis sienes; es así que en esos momentos echo mano de algún teclado y abro la compuerta de mis sentidos tratando de plasmar en algunas líneas que por lo general se quedan en el anónimo secreto conspirativo entre mi amigo y yo. Ahora, que generosamente se me brinda esta ventana, iré deslizando algunas de estas conversaciones que -parafraseando a José Martí- no aspiran a ser un sol sino una simple luz que brille ahí donde esté.

Rebuscando en mis archivos, encontré esto que escribí en alguna madrugada de setiembre del 2003, recuerdo que en aquella ocasión se vino a mi mente la primera versión de la película “El planeta de los Simios” con Charlton Heston y se me ocurrió escribir lo siguiente:

EL PAPEL DE LA “MODERNIDAD” EN LA TRANSFORMACIÓN DEL HOMBRE EN MONO

Se acordó que alguna vez había leído en un arcaico documento que la capacidad de transformar la naturaleza a través del trabajo determinó el salto cualitativo para que el simio dejara de ser tal para transformarse en hombre, consigo vino la división social del trabajo y se daría origen a la propiedad privada, la aparición de clases sociales, la consiguiente y encarnizada lucha entre clases sociales antagónicas para, finalmente, desembocar en el desarrollo desenfrenado de las fuerzas productivas y medios de producción que no se detendrían sino hasta que algún loco o loca presionara el maldito botón dando a la humanidad entera un nada agradable baño de radiación nuclear.

Hasta aquí era historia conocida. Sin embargo, ¿por qué aquel salto cualitativo del que se hablaba tenía que considerarse como el fin del desarrollo evolutivo?, ¿qué vigencia tienen estas tesis sobre todo en los años posteriores a la gran explosión?; aquellas elucubraciones cruzaban penetrantes el cerebro de Esteban, doctor en sociología y con maestrías en etología y culturas muertas mientras se balanceaba con su cola para asirse del siguiente árbol.

Vinieron a su mente pasajes de su tesis doctoral “Acerca de los prejuicios racistas entre gibones, gorilas y chimpancés en la era de la calidad total y la excelencia” apoyado con mucho entusiasmo por el Dr. Montes, biólogo y paleontosimiólogo que hizo fama con sus tratados sobre el genoma simiesco logrando aislar el gen recesivo de los impulsos racistas entre simios.

Esteban había tenido acceso a unos archivos humanoides encontrados en las ruinas de una edificación pentagonal de un lugar que la memoria oral recuerda se llamó Washington, la rapidez de la gran oleada de radiación no dio tiempo para destruir estos documentos guardados en cajas de plomo y que al parecer eran considerados ultra secretos muchos de ellos codificados y que dieron alguna escaramuza a los actuales sistemas informáticos. No obstante, algo se pudo dilucidar de ellos, sobre todo el nuevo tránsito entre el hombre y el simio, de aquellos duros días que los prosimios no tenían pelos en el cuerpo y su cola era de una pulgada; con gran asombro, se descubrió en esos documentos, que había existido la idea de una globalización no decantada, es decir que vaya usted a saber por qué mecanismos los medios informáticos al mezclarse con los de comunicación recibían y daban de todo simultáneamente, o sea, algo así como si mezcláramos las funciones alimenticias con las excretoras en un solo sistema.

Pero lo más sorprendente era que aquello no quedó solo en ideas sino que trataron de ponerlo en práctica en aquellos días de modernidad y post-modernidad llegando a institucionalizarse y no pararon hasta convertir el planeta entero en una gran cloaca, una enorme letrina de donde emanaban y concurrían lo pernicioso, y lo saludable hasta que el detritus y la lacra terminaron por imponerse en aquello que orgullosamente los humanos llamaron “aldea global”; estaban tan ensimismados con la ilusión del poder ilimitado que no pudieron o no quisieron darse cuenta que al final fue la gran estupidez globalizada la que salpicó a todo el género humano llevándolo a su autodestrucción.

Vista aquella destrucción estéril a la distancia, lo vemos todo con cierta claridad, y aún soportamos la rémora de tendencias perniciosas heredadas de aquel pasado llamado “modernidad” y no es gratuito que actualmente afloren los conflictos con el militarismo de los gorilas, la actitud de yuppies arribistas de los gibones y el snobismo intelectualoide de los chimpancés, lamentablemente, son las raíces ancestrales de nuestra herencia humanoide.”

Mario Domínguez Olaya

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