LA NECESIDAD DEL RIESGO EN EL PROCESO FORMATIVO

Hoy las familias tienen una tendencia a la sobreprotección de los hijos; hay muchas causas posibles, como el hecho que se tiene en promedio sólo uno o dos hijos; la inseguridad ciudadana con delitos, secuestros y tránsito vehicular; situaciones personales que se proyectan en el hijo, etc. La consecuencia es que rodeamos al niño o niña de tal cantidad de precauciones que lo vamos convirtiendo en una persona temerosa, incapaz de enfrentar los inevitables conflictos, y con muchas probabilidades que genere una personalidad egoísta.

Educar en este sentido no es igual a temeridad; padres y maestros intentamos prever los peligros y dificultades, y vamos preparando progresivamente al niño y adolescente a calcular ellos mismos los riesgos que les presenta cada situación, a tener habilidades físicas, síquicas y afectivas para salir airosos. Los acompañamos pero al mismo tiempo los dejamos experimentar, orientándolos en caso de fracasos o fallas que de todas maneras tendrán, para convertirlos luego en factores de éxito. Y vamos espaciando nuestro acompañamiento en la medida que los chicos logran sus propias autonomías.
Un niño que no ha sido entrenado para todo esto será un adulto dependiente, inseguro e infeliz. Que nuestro natural temor a lo desconocido no sea un freno en el desarrollo de nuestros hijos e hijas.
Juan Borea Odría
(*) Institución educativa de Juan Borea
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