



Estas son algunas de las preguntas que nos invita a hacernos esta comedia francesa que, simple en su presentación y en su trama, esconde necesarias reflexiones acerca de las relaciones interpersonales y de la vulnerabilidad emocional del ser humano.

La casualidad hará que el anticuario tome siempre el mismo taxi, conducido por quien aparenta ser un experto en hacerse amigos. Bruno, el taxista, es simpático, jovial, afectuoso y con una excelente llegada a las personas. Todo lo contrario a François, que trata a la gente peor que a las cosas. François le ofrece dinero al chofer para que le enseñe a hacer amigos como los hace él. Bruno, muy inteligente e ilustrado, no tarda en encontrar una fórmula en la cual apoyar sus lecciones de amistad… Para hacer amigos se deben seguir las tres "S": simpático, sonriente y sincero. Características bien ausentes en la personalidad de su alumno.
Con el tiempo, el anticuario comienza a ver en Bruno su posible candidato. Entonces, la trama desarrolla simultáneamente la calculada estrategia de manipulación de François y el surgimiento en Bruno de un verdadero sentimiento de amistad por su alumno. ¿Cómo se resolverá este conflicto de intenciones? El guión tiene una vuelta muy astuta, emotiva y que deja resonando una agradable sensación. Por ejemplo, descubriremos que Bruno también está solo. El se pasa todo el día conversando con gente de manera muy amigable, de inmediato cae bien a los demás, todos parecen quererlo… pero tampoco tiene alguien especial con quien contar. Con toda su simpatía y facilidad de palabras, su situación no es mejor que la François.

"Un amigo es alguien a quien puedes llamar a las 3 de la mañana si tienes un problema", dice Bruno."Yo no tengo ningún problema" responde François."Sí, tienes" retruca Bruno sonriendo, "no tienes a quien llamar a las 3 de la mañana."
A lo largo de la película hay múltiples referencias a la soledad y a la búsqueda de relaciones significativas, así como a nuestra creciente tendencia a colocar las cosas por encima de las personas. Muchos adultos -tal como François- se mueven en el espectro de sus relaciones comerciales y laborales, rodeadas de colegas, socios y clientes, con una agenda llena de contactos, de reunión en reunión. Estas personas pasan la mayor parte del tiempo acompañadas, pero, ¿tienen a quién recurrir cuando se sienten solas? ¿A cuántas de esas "compañías" pueden considerar amigos? Sin ir más lejos, si alguien nos preguntara quién es nuestro mejor amigo, ¿tenemos una respuesta inmediata? A los cinco o a los diez años sí, entre los quince y los veinte también, pero de adultos a la mayoría nos cuesta.
"Mi mejor amigo" nos muestra cuán difícil es hacerse amigos en la adultez… pero cuánto más es no tenerlos.”
Mario Domínguez Olaya
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