

Un día, próximo a la boda, la amiga de Nelly me llamó por teléfono y me pidió que fuera con urgencia a su casa para que le ayude a definir la lista de los invitados a la recepción.

Pasó un momento y cuando alcé la vista ella estaba parada en el umbral de su sala, vestida con un babydoll blanco transparente como único atuendo, sin nada debajo; se acercó y me dio un beso de bienvenida muy cerca de la comisura de mis labios, mientras tanto yo seguía en shock y anonadado, y con un susurro de voz me dijo al oído que estábamos solos y ya que me iba a casar con su mejor amiga, y tomando en cuenta que ella me tenia ganitas desde hace algún tiempo y que se había dado cuenta que ella no me era indiferente lo mejor sería no aguantarse más y que antes de casarme y comprometiera mi vida con su mejor amiga, sería bueno hacer el amor conmigo solo esta vez; digamos como una despedida.

La última imagen que quedó grabada en mi retina fue cuando abrió la puerta de su dormitorio y antes de entrar hizo resbalar por sus sedosos hombros las tiritas del babydoll y éste terminó en el suelo, por unos segundo tuve ante mi, en todo su esplendor, ese maravilloso derriere y esos voluptuoso senos para desaparecer, prontamente, detrás de la puerta. Fue un momento crítico, eros ya le había dado una patada en el trasero a la razón, y mecánicamente me dirigí hacia aquella puerta; faltaba solo un paso para llegar y abrir la puerta y enfrentarme a la gloria cuando un fogonazo de ecuanimidad sacudió mi mente, rápidamente giré sobre mis talones y regresé sobre mis pasos hasta la puerta de entrada, toda mi concentración estaba puesta en salir y llegar lo antes posible a mi auto.

Abrí la puerta de la calle y casi me da un síncope cardiaco cuando me encontré con Nelly ahí fuera; ella no me dejó hablar, se colgó de mi cuello y me besó con el rostro bañado en lágrimas mientras me decía: - Estoy muy feliz y orgullosa de ti, has pasado esta pequeña prueba que me ha demostrado que no podía encontrar un mejor hombre como esposo.
Ni ella, ni su amiga, sabrían jamás que mi prisa por llegar al auto era para sacar la cajita de condones que tenía en la guantera y no para huir de la tentación; este incidente me hizo replantear el asunto del matrimonio y un tiempo después pude saldar cuentas con la amiguita de mi novia, pero esa es ya otra historia.
Mario Domínguez Olaya
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si deseas, déjanos tu comentario