
EL CINE SUSY: MI RECORDADO CINE DE BARRIO

Mi padre acostumbraba durante mi infancia, llevarnos a ver películas de estreno. Recuerdo matinés en el Cine Western, Petit Thouars, Alcazar, Azul, Metro, Orrantia, Country, Alhambra, El Pacífico, San Martín, Le Paris (en su mejor época), etc. Siempre en familia veíamos obras de Disney, alguna comedia y películas de acción. Sin embargo unos años después adquiero algo de independencia y junto con mis primos mayores llego a conocer mis primeros cines de barrio: El Lux, El Ollanta, El Odeón, Super Hall (que también semanas después proyectaban los estrenos) Aquí soñaba con las gestas de Carlomagno, me deslumbraban las hazañas de Ursus, la fuerza de Goliat, Hercules y Maciste. Era la época donde las películas épicas y de aventura estaban de moda. Comiendo canchita, manzana acaramelada y Bimbo sabor naranja transcurría la tarde del domingo para después regresar a casa. En esos tiempos pasaba mis vacaciones de verano entre Lince y La Victoria.
Algunas veces también visité el Metropolitan para hacerme un "lavado de ojos", esos que se hacen de adentro hacia fuera. En aquel cine y el City Hall se proyectaban películas hindúes (o indias, o como se llamen, lo que se conoce ahora como Bollywood). Donde todo era válido para arrancarte una lágrima.
Ya en plena adolescencia -a finales de los años setenta- mi sala de barrio se llamó Cine Susy. Sala que toma su denominación -según decían- del nombre de la propietaria. Estaba ubicado entre las avenidas San Juan y Pachacutec, ahora convertido en un 90 % en casino y sala de juegos con tragamonedas. El cine sigue con sus funciones diarias, pero solo se circunscribe al segundo piso, lo que antes era la “platea alta”.

Me acuerdo del sonido prolongado de un timbre en el hall, anunciaba el comienzo de cada película. Estas funciones lograban un lleno casi total y eran las funciones más sonoras, por los pataleos, gritos y los chiflidos originados ante cualquier inconveniente técnico, muy frecuente por la mala calidad de las copias proyectadas. Las pulgas, los chicles pegados en los asientos, los insultos de uno y otro lado eran otros agregados más que teníamos que lidiar.

El Susy llegó a funcionar con la modalidad de Cine Continuado, aquí el espectador entraba a la hora deseada y salía cuando se le ocurría. Esto se dio durante los últimos dos años de los setentas y comienzos de los ochentas, sobre todo con las películas para adultos, sin embargo este sistema no prosperó. Las funciones porno eran su fuerte en esos años. Todo San Juan estaba reunido allí, era casi imposible no reconocer caras amigas. Ibamos con gente del colegio o con amigos del barrio y todos nos encontrábamos en el cine y hacíamos una gran “manchaza”. Sin embargo, fue en los años ochenta, cuando se liberaliza el porno, que comienzo a ir a las funciones de medianoche en los cines de barrio, y el Susy no podía ser la excepción. En esos tiempos no existía masivamente el VHS ni el DVD, ni televisión por cable y era de obligación una cita con el erotismo. Me acuerdo ahora, ver muchachos haciendo cola comiendo su pan con huevo y emoliente, vendedores de jebe (profilácticos) y de cigarrillos. Hasta las chicas de la noche que pululaban alrededor del cine para cargar después con algún parroquiano excitado con la proyección. Ya dentro del antro -lugar en que se convirtió el Susy-, prostitutas en complicidad con el boletero entraban a la sala y se acomodaban al lado de algunos espectadores y los llevaban al baño. En cuestión de minutos regresaban luego de haber “exprimido” literalmente a su víctima. En el colmo del desenfreno y el exhibicionismo me acuerdo haber visto a putas realizando felatio en las mismas butacas, era una doble función prácticamente.
En los tiempos actuales, nuestro cine de barrio se ha convertido en un antro del vicio y centro de drogadictos, malechores, homosexuales y travestis.

La tecnología ha resucitado a las salas de cine. Efectos sonoros, aire acondicionado, 3D, soundround y demás, hacen que el espectador disfrute del espectáculo al máximo, aún no siendo amante del cine. Sin embargo todo ese avance trajo abajo a las humildes salas de barrio, aquellas que fueron fieles testigos de nuestro crecimiento, anécdotas, madurez y que cumplieron su rol dentro de nuestras vidas.
Paco Cárdenas Linares
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