
OTRA VIDA MAS
Un homenaje a mis padres

Cuando uno es pequeño, solo se preocupa de vivir dentro del juego, para el juego y por el juego y el bacilón. Es parte de la vida de todos los mortales, es la etapa de la niñez. En ese entonces, por allá en 1970, no me preocupaba , ni entendía , ni se me ocurría tratar de entender, porque mi papá lindo salía antes de las 5 de mañana a trabajar y llegaba alrededor de las 11.30 de la noche a la casa.
Después, entonces llega la adolescencia , la juventud y la madurez , la cual algunos la adquieren con los golpes de la vida a muy temprana edad y otros mas tarde , pero de que llega, llega. Es en este punto donde uno dice como mi padrecito tenía la fortaleza física y la paciencia para en tiempo de cometas llegar a esa hora de trabajar y comenzar a hacer las cometas a mi y a mi hermano. Previamente en la tarde, nuestra madrecita nos compraba los materiales que se necesitaban para la fabricación de dichos aparatos. Le daban casi las dos de la mañana el terminarlas , a mi una pavaestrella y a mi hermano un tradicional barril.

En las Navidades recuerdo que mis viejos preparaban la mesa de Nochebuena con un buen pavo al horno, tamales, el infaltable chocolate y colocaban de diez a doce recipientes de loza medianos y eran llenados de chocolates y golosinas (chocolates de todo tipo pero siempre de marca D´onofrio), algunos de esos recipientes eran llenados con zartas de cohetecillos y el infaltable rascapié, por supuesto, no para comerlos ( era el estilo de mis viejos). Daban las doce de la noche, llegaban los abrazos, la llorona, y después, A COMERRR SE DIJO. Claro está , que solo teníamos 15 o 20 minutos de tiempo para comer, porque teníamos que levantar los platos usados para volver a colocar otros más de los que ya habían estado en la mesa y volver a llenar los recipientes con golosinas y cohetecillos. Entonces abriamos la puerta de la calle, veíamos a nuestros amigos del barrio (que eran de 10 a 15) esperando afuera, como ya era costumbre los fines de año para saludarnos y mis padres los invitaban a entrar para que degustaran y se sirvieran lo que nosotros ya habiamos hecho minutos antes.

El Tío Ronald
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