

Se llegaba caminando, casi todos vivíamos en San Juan en la A, la B, la D y algunos en la C, nadie vivía mas al sur ( solo el chino López ) . En los cerros solo había lagartijas, alacranes, pedazos de uniformes de soldados, algunas balas y ocasionalmente alguien decía que encontraban un soldado enterrado. Cuando veniamos del centro llegábamos entre chacras de maíz y al entrar ( hoy el puente Atocongo había un establo ah y el grifo, hoy Metro ). Para salir y entrar de San Juan solo se tomaba la 28 la 52 y algún colectivo hoy combi, también estaba los Lima Chorrillos, verdes en que manejaba el papá de Cacotín. Los cercos del Maristas no existían cuando ingresamos, estudiábamos en unos aulas prefabricadas de madera y techos de Eternit, teníamos un patio de cemento y los niños que ibamos a 1ro. de primaria éramos pequeños, audaces, tímidos, gorditos, cholitos, blanquiñosos, deportistas, todos inocentes y no había ningún negro ( cosa rara, no Julián , por eso te dicen zambo ).

Las carpetas eran de madera, antiguas, con tapa de madera antiguaaasss y espacio para el tintero ( por si acaso no usábamos tinta líquida, tan viejos no somos ), eran enormes unipersonales donadas por algún colegio de la congregación, creo que del Champagnat o San Isidro, siempre nos donaban algo, los Maristas eran una congregación de hermanos que se dedicaban ala educación de la clase media alta en Miraflores, San Isidro por eso era raro que en San Juan pusieran un colegio, pero nosotros estábamos alli, seguramente por las buenas intenciones de nuestros padres.


Las monjas del Regina Pacis hicieron bien su trabajo formaron una familia, porque al final eso pretendemos ser. Todos tenemos algún defecto pero nos entendemos nos aceptamos y seguimos juntos.
El arenal, el cemento, las aulas de madera, las monjas, los hermanos Maristas, los alacranes, las lagartijas (véase "el coliseo de peleas", "el cañón del Buda") hicieron lo suyo, crearon lazos que mas adelante se fortalecerían.
Cuando entramos a tercero de primaria nos encontramos en el camino con el profesor Luís Enríquez que también forma parte de nuestra historia pero evidentemente eso merece una columna mas larga del espacio que aun me queda. Cuando colocaron el primer ladrillo en el Maristas en San Juan, se juntaron en la historia, muchos de nosotros y aun se sigue escribiendo aunque no nos demos cuenta.
Walter Valderrama Conde
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