

Eros (vida), Tánatos (muerte) pulsiones primigenias y motoras que el psicoanálisis incorpora en sus interpretaciones y que son tomados de la mitología griega para interpretar los instintos de vida y muerte en el ser humano; en el caso del tánatos (la muerte suave para los antiguos griegos) explicaría aquello que Freud denominaba "aquello que va más allá del placer" el instinto de muerte, la inclinación hacia el estado de tranquilidad total, hacia el cese de la estimulación y de la actividad, una añoranza por regresar aquel estado inorgánico inicial y primitivo.

DIÁLOGANDO CON TÁNATOS
La encontré ahí, tranquila, esperando, estaba sentada en aquella banca de aquel parque solitario pero con jardines bien cuidados. En realidad no imaginé encontrarla, me miró a los ojos con atención como tratando de escudriñarme por dentro y me dijo:
- Hola, puntual como siempre, hace tiempo que no nos vemos; aunque por tu expresión percibo algo de sorpresa, no recuerdas acaso que tú mismo me citaste para este día, a esta hora y en este lugar.

- Charlemos entonces, recuerdas la última vez que nos vimos, la situación era muy tensa, vi que venías directo hacia mí y cuando estabas a la distancia de un suspiro me tomaste del brazo y susurraste en mi oído: - Ahora no, y pasando de largo te llevaste a Ramón, que estaba a mi costado.

- Fue porque simplemente no era el momento, aunque tú opinaras lo contrario; me fui con Ramón y luego regresé por un momento, conversamos unos minutos y sólo tomaste conciencia de la situación cuando te detuvieron y decomisaron la Taurus que ya tenías rastrillada y sin el seguro puesto. Aunque no lo creas yo comprendía lo que en ese momento pasabas y me daba cuenta del gran tamaño de tu frustración.


- Yo también lo recuerdo, y me acuerdo que todo junto se te vino encima; primero fue la terrible noticia del asesinato de Ana Mariana, seguidamente el dolido discurso de Marcelino en sus funerales, llamando a redoblar la lucha con nuevos y mejores compromisos y finalmente, la estocada final, la revelación de que había sido el propio Marcelino quien mandó asesinar a Ana Mariana y su posterior suicidio al descubrirse su triste complot; tú que siempre fuiste reacio a los arquetipos y que precisamente Marcelino era uno de los pocos, poquísimos referentes vivos que conocías, cómo no mandar todo al carajo incluyendo tu propia vida, era comprensible –aunque no justificable- y en eso recordaste algo muy importante, habías dejado engendrado un hijo que estaba por nacer; realmente no es que recién lo recordaras –él siempre estuvo presente y siempre fue importante para ti-, sino que al cambiar la situación todas tus prioridades tenían que reordenarse y recordaste entonces aquello que el Roby siempre decía: “No porque los que luchamos contra la injusticia seamos vencidos significa que la injusticia tiene la razón”.

Tranquilo, aún no llegado la hora, sólo quería charlar contigo, verte de nuevo y pedirte que no me sigas llamando por que cuando llegue el momento vendré sin que lo hagas, un poco triste porque me caes bien, pero vendré, ya tú sabes, nadie es eterno y lo que tiene que ser será.
Cerré los ojos un instante y sentí una leve brisa en mis mejillas, casi como un beso, abrí los ojos nuevamente y tú ya no estabas, te habías marchado silenciosa como llegaste, menos mal que ahora sin llevarte a nadie.
Mario Domínguez Olaya
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