
" Y AHORA...QUÉ TE PROVOCA?"
El "Baile del caramelo"
Hay muchas historias que se pueden contar, algunas muy alegres y divertidas, otras no tanto. Todas ellas nos hacen que rebobinemos la cinta y las acerquemos a la realidad actual. Nuestra reacción será diferente en cada tiempo en que evoquemos el pasado. Muchas de las situaciones vividas han cambiado nuestras vidas o en algunas oportunidades la han marcado. Tal es el caso de "El Loco Rubén", ya que siempre tendremos algo que contar de él. Tuve la oportunidad de desarrollar una linda amistad desde que se incorporó a la promoción y hasta ahora. Son más 35 años y cuando lo recuerdo siempre esbozaré una sonrisa al viento porque aunque disparatado, el "loco" siempre fue una noble y estupenda persona; más aún creo que lo sigue siendo ahora que está lejos de aquí.

Al cabo de unas semanas, ya estaba terminado, con enfoques muy heterogéneos. Desde el lado chileno, boliviano y por supuesto el peruano. Nos rajamos, el gordo era recontra fogoso para estas lides y contagiaba su optimismo. Los mapas y dibujos lo hicimos en papel canson y en tinta de estilógrafo.

No había nada que hacer, Solórzano había dado su estocada final, y sedujo por completo a Pepe. Y así fue, faltando sólo un día se puso a escribir. Nos habíamos instalado en casa de mi papá. Pepe le dictaba, yo me dedicaba a la diagramación y a la encuadernación. Pasaron horas de chamba, estuvimos toda la noche anterior y parte de la mañana del día de la presentación. La hora de historia era al final y nos tiramos las horas anteriores por terminar aquel " disparate cosmético" al trabajo. Luego de tan maratónica labor, José Candiotti quedó rendido a eso de las 10.30 de la mañana, no despertaba con nada, ni con gritos, palmadas en el rostro, nada de nada. Al loquito se le ocurrió hacer una travesura como de costumbre. Teníamos caramelos que comíamos entre otras cosas durante la jornada, esos mismos sirvieron para la fechoría. Cogió uno -me parece uno de limón- y se lo pasó por todos los pliegues de su cuerpo, en los sitios más recónditos, aquel caramelito de limón viajó haciendo escalas, creo que con tantas vueltas por su tuberculosa anatomía hasta había cambiado algo de color. Realizado aquel itinerario lo agarró y se lo metió en la boca al mofletudo amigo rendido por el sueño. Inclusive sosteniéndole los maxilares lo ayudaba a masticar. Pero nada, no despertaba el gordito. No pude contener la risa - discúlpame gordo donde estés- ya que Rubén al hacer esto le dijo gritando: " Gordito... y ahora ...que te provoca?" emulando a un comercial creo de helados D'onofrio.
Terminado el incidente, mi mamá nos sirvió desayuno y nos fuimos al colegio. No sé como entramos a esa hora. Creo que falcificamos un permiso o algo así. Llegamos justo a la hora de Borea y éste se llevó nuestra titánica y a la vez exhausta labor. De seguro tendríamos un "20" dijo Candiotti. A mi me daba igual.

Pepe se puso más colorado que camarón hervido y dijo que ni más cometería ese mismo error. La verdad que ha pesar de la experiencia, meses después repetimos la misma historia con otra asignación. No se aprendió la lección para nada.
Esta historia refleja claramente lo que suele pasar con los estudiantes. Lamentablemente nos hemos acostumbrado a estigmatizar, a etiquetar, a dar roles a las personas, a veces antojadizos que no siempre se ciñen a la verdad y lo peor de todo trascienden muchas veces hasta la actualidad. Tenemos que tener presente que todos vamos cambiando y desarrollando. Es un grave error tener una apreciación sobre alguien del pasado y trasladarla al presente. Lo que quiero decir es que la "etiqueta" solo viene bien en la ropa y en envases para poder adquirirlos. A las personas para saber quienes son, las tenemos que tratar más de una vez en el tiempo y en el espacio, no seamos tan ligeros ni prejuiciosos.
Paco Cárdenas Linares
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